Mariano Rajoy intenta que se abandone la idea de la «España negra», refiriéndose a la corrupción y como si con él no fuera el problema, dando a entender que es de otros -como si no conociera a muchos de sus compañeros de partido señalados por los Tribunales- ha hablado con desafección dando medidas como cuando decidió reformar el mercado laboral, la sanidad, la justicia o subir impuestos.
Y no es la España negra a la que debería referirse, esa está plagada de macabros y violentos crímenes. La corrupción es otra cosa mucho más profunda y generalizada por la que los españoles nos sentimos totalmente decepcionados e indefensos ante quienes nos gobiernan. El sentir general es que nos mienten y sobre cada una de sus palabras surgen todo tipo de dudas. Incluso que Mariano Rajoy diga que si estuviera en el sector privado ganaría más… a bote pronto se nos ocurre pensar, pues es de tontos…
Tanto que utilizan la palabra democracia para todo, que ya ni se la creen. Nuestro voto lo toman como un papel en blanco donde por su posición de poder -ahí sí que no son tontos- pueden hacer y deshacer a su antojo. No hay programa electoral que se respete ni humanidad en sus números. No hay autocrítica sino más bien complacencia y su único empeño es demostrar que ellos son los que nos gobiernan, cuando de sobra sabemos que Angela Merkel y el FMI nos tienen en sus manos.
Lamentablemente la corrupción tiene unas raíces más profundaz y va más allá que nuestra democracia reciente. Se esconde en los latifundios, en los pequeños y grandes caciques, aquellos que desde la postguerra fueron creciendo en fortuna y tenían todo el poder, escondidos en el movimiento nacional, el ejército, la iglesia, las cátedras, quirófanos…
Con la democracia cambiaron algunos de los protagonistas, pero las prácticas han seguido igual, porque poder es sinónimo de corrupción. Y no importa la ideología ni la clase a la que se pertenezca. Es casi intrínseco entre quienes nos gobiernan y los gobernados. Una veneración que se traduce en agradecimiento y un agradecimiento que se traduce en dinero en sus múltiples formas; favores que se piden y que se pagan; contrataciones a dedo de personas y servicios por algo a cambio, y que para acallar conciencias se justifican diciendo que es por el bien social. ¿Qué bien social hay en que se regalen fiestas, viajes, trajes, bolsos, sobres de dinero…?
Y ese agradecimiento pasa porque a cualquier intermediación para conseguir un fin (el rey, el presidente del Gobierno y ministros que salen al exterior acompañados de la flor y nata de nuestros empresarios), una vez logrado se agradece. Se da por hecho. ¿Cómo se puede pensar que eso va implícito en el cargo? ¿Cómo es posible que cualquier gobernante una vez abandonado el cargo es más rico que cuando llegó… si en el sector privado hubiera cobrado más?
A día de hoy y descubierto parte del pastel (en la mente de todos está que lo que se está empezando a saber no es más que la punta del iceberg) nos sentimos indefensos ante nuestros políticos. No hay nadie que nos defienda de ellos. Ellos son los que hacen nuestras leyes y los que se esconden en la letra pequeña o en ese poder judicial que en algunos de los estamentos los partidos políticos controlan, porque también les nombran a dedo, pese a que la Justicia no debería tener ideología.
Es urgente una limpieza, alejar de la política a todos los corruptos que no se hicieron merecedores de nuestro voto. Es urgente que la «clase» política se aleje de la Justicia, que sea la propia justicia quien se administre y elija a los mejores para gestionarse; es urgente que la «clase» política se aleje del «poder» económico, de bancos, grandes y pequeñas empresas y todo lo que pueda corromper por pedir favores; es urgente que se castigue a los que se dejaron corromper; a los que incumplen la ley y creerse mejores que quienes año a año cumplen con sus deberes con Hacienda; castigar a esos empresarios que por un empleo ponen las condiciones y utilizando el miedo nos obligan a cobrar en negro, si es que queremos cobrar.
Lo negro es el dinero con que se corrompe, que por ser sucio se esconde y no se declara. Necesitamos defendernos de nuestros políticos. Ese es el capítulo negro que hay en España.
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