Este trabajo se une a otros tantos que demuestran que la dieta mediterránea mejora la calidad de vida. No solo esto, sino que además este estudio demuestran que este tipo de dieta con alto contenido en grasas vegetales es más saludable que una dieta baja en grasas. Este hallazgo es controvertido ya que, según los autores del trabajo, va en contra de la idea establecida de que es necesario reducir todo tipo de grasas para mejorar la salud cardiovascular.
Estos datos se acaban de publicar en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine y son el resultado del estudio PREDIMED, llevado a cabo entre los años 2003 y 2011 en varios centros españoles. El estudio, coordinado por el investigador Ramon Estruch de la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona y el Hospital Clinic, demuestra que la dieta mediterránea suplementada con frutos secos o con aceite de oliva reduce en un 30% el riesgo de infarto de miocardio y de ictus.
En el estudio participaron más de 7000 voluntarios, hombres y mujeres de entre 55 y 80 años que tenían alto riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, debido a que eran fumadores, diabéticos, hipertensos o tenían el colesterol alto. Se dividieron en 3 grupos cada uno con una dieta distinta: uno con dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra, otro con dieta mediterránea suplementada con frutos secos (nueces, almendras y avellanas) y otra con una dieta baja en grasas (tanto animales como vegetales). Para controlar que los participantes seguían la dieta correctamente, recibían la visita de un nutricionista cada 3 meses, recibieron un curso sobre el tipo de dieta que debían seguir y se les proporcionó un listado con menús y recetas para cada tipo de dieta y para cada estación del año.
Después de un seguimiento de 5 años comprobaron que los participantes que seguían cualquiera de las dos dietas mediterráneas mostraban una reducción en el riesgo de padecer muerte cardiovascular, infarto de miocardio o ictus comparado con los que siguieron la dieta baja en grasas. Es más, en el caso del ictus, la dieta suplementada con nueces reducía el riesgo en un 49%.
Este estudio reafirma que la dieta mediterránea es sinónimo de salud. Pero podríamos estar perdiendo las buenas costumbres. Y sería una consecuencia más de la crisis económica. Un estudio de la Universidad Católica de Campobasso en Italia afirma que las personas con salarios bajos no siguen la dieta mediterránea comparado con las personas con ingresos altos que siguen este tipo de dietas de forma más constante. Es un estudio que analiza información de más de 13.000 personas de la región de Molise en Italia. Las personas más pobres tienden a comprar comidas precocinadas o comida basura, que son a menudo opciones más baratas que comprar los alimentos frescos tradicionales de la cocina mediterránea. Para analizar los datos tuvieron en cuenta que la educación es un factor clave en el estado de salud. Para evitar el sesgo dividieron la población por el nivel educativo. Pero también en este caso, dentro de cada grupo el salario bajo influenciaba la elección de la comida.
Este trabajo pone de manifiesto los efectos que la crisis económica puede tener en nuestra salud al impactar en la accesibilidad a los alimentos. Así que ya no se trata solo de demostrar el efecto beneficioso de la dieta mediterránea. Hay que conseguir que todos podamos beneficiarnos de ella.
Fuente:
Catholic University – Campobasso
Artículos:
Ramón Estruch, Emilio Ros, Jordi Salas-Salvadó, Maria-Isabel Covas, D.Pharm., Dolores Corella, Fernando Arós, Enrique Gómez-Gracia, Valentina Ruiz-Gutiérrez, Miquel Fiol, José Lapetra, Rosa Maria Lamuela-Raventos, Lluís Serra-Majem, Xavier Pintó, Josep Basora, Miguel Angel Muñoz, José V. Sorlí, José Alfredo Martínez, Miguel Angel Martínez-González. Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet.New England Journal of Medicine, 2013; 130225030008006 DOI: 10.1056/NEJMoa1200303
M. Bonaccio, A. E. Bonanni, A. Di Castelnuovo, F. De Lucia, M. B. Donati, G. de Gaetano, L. Iacoviello. Low income is associated with poor adherence to a Mediterranean diet and a higher prevalence of obesity: cross-sectional results from the Moli-sani study. BMJ Open, 2012; 2 (6): e001685 DOI:10.1136/bmjopen-2012-001685