Vivir en ti

03/03/2013

Susana Ramírez.

Camino por tu cabeza, la cima llena de pelo. Bosque eterno para perderme y esconderme, donde vivo de los manantiales de agua y de los cuidados cuando te peinas cabello.

Bajo de la cima, en ocasiones, como explorador en busca de aventuras. Me dejo caer por tu cuello, dejando mis pasos con forma de beso, pisadas que nunca olvidarás porque también dejo susurros en tus oídos con canciones que tarareo lejanas mientras desciendo de la cima.

Caigo sobre tus hombros. Utilizo como tobogán tu brazo, hasta llegar a tu mano. En el dorso de tu mano cuento tus nudillos y a veces me siento sobre una de tus uñas y miro la vida. A veces me asusto de la vida, y de las personas que viven en ella.

Desde tu mano espero pacientemente a que la acerques por tu rostro y así poder saltar sobre tu nariz. Desde la nariz salto hasta tu labio superior. Me lleno los zapatos con tu saliva. Me lavo con ella, es un manantial de vida y de amor. Bebo de ella y me siento con mas fuerza para seguir descendiendo.

Dejo tu boca y una vez estoy en tu barbilla, salto hacia tu escote. Una vez allí parece que me encuentre sobre cien mil terremotos, sobre arenas movedizas. Siento miedo pero también siento placer. Todo está lleno de olores maravillosos. Esa es la zona donde reside el deseo de muchos hombres y mujeres y aunque quisiera quedarme a vivir ahí debo de descender hasta tus caderas.

En tus caderas siento el vaivén,  de izquierda y derecha. Y así hasta la eternidad. Me deslizo por tus muslos hasta llegar a tus rodillas. Y desde las rodillas consigo llegar a tus pies. Desde los pies se ve todo más grande. Sin embargo si miro hacía arriba a ti te veo muy pequeña.

La subida ya no es fácil. Pero vivir sin ti sería más difícil aún. Así que trato de aferrarme a tus piernas con fuerza, trato de escalar, pero no puedo. Tus piernas son suaves y no existe nada a lo que pueda sujetarme para escalar hacía arriba.

Triste, me siento en el borde de tus pies. Echas a andar y en el primer paso vuelo por los aires y me pierdes para siempre. Caigo sobre el asfalto, la caída no duele, lo que duele es la certeza de no volver a verte. Entonces maldigo mi descenso, el no seguir viviendo en la cima de tu cabeza.

Más tarde alguien a quien no veo pero sí escucho, me dice que yo no soy nada, que tan solo era una idea que habitaba en ti, y que las ideas no son para siempre. Que las ideas nacen en la cabeza y se pierden por los pies.

Entonces, pienso, yo era una idea enamorada de ti. Y nunca sabrás que abandonar esa idea fue abandonarme a mí. Y siento celos de todas las ideas nuevas que tendrás.

 

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