Lo de Chipre y la exigencia -cuyo autor se desconoce- de fijar una tasa a los ahorros de los chipriotas parece convertirse en la gota que ha colmado el vaso de los ciudadanos europeos.
Pese a las protestas en las calles orquestadas por los sindicatos europeos y por los movimientos ciudadanos de forma espontánea, los políticos europeos infringen a golpe de condiciones y exigencias un daño permantente a la ciudadanía. Los españoles, como griegos, portugueses, italianos y, ahora, también chipriotas, estamos más que hartos que nos vayan recortando y metiendo tijera en todo aquello por lo que hasta ahora habíamos pagado puntualmente: sanidad, educación, pensiones… Lo público se está desmantelando en favor de un codicioso sector privado, como si fuera la paneacea para acabar con todos nuestros males.
Y demostrado está que a golpe de decretos ley (Estatal o autonómico) la sanidad española -envidiada por la mayoría de los países- se está dejando en el esqueleto para que desde el sector privado se juegue con la salud, poniéndola el marchamo de gestión. Todos hemos contribuido a lo que hay, para bien y para mal. Los políticos porque han permitido desmadres a cambio de votos, y los ciudadanos porque hemos abusado en pedir «recetas». Parece ser que el agujero que hemos abierto solo lo solucionan emporios privados, donde hasta hace poco se acaba de embarcar La Caixa. Más hubiera valido acabar con operaciones a personas no españolas y frenado el desmadre con soluciones como las que parecen haberse descubierto ahora para un mayor control de los medicamentos.
En enseñanza, idem de lienzo. Parece ser que ahora el dinero público -tan escaso por el déficit- solo llega a los colegios concertados, que impartan religión ideología del Gobierno al uso. Con tanto cambio y tanto despido, también el sistema educativo público se ha quedado en el esqueleto y solo aquellos que tengan trabajo y una nómina abundante podrán acudir al sistema privado, dejando a los más pobres con cara de tonto, pero sin serlo.
Y en el caso de las pensiones… Algo falla entre nuestros próceres políticos que gracias a su escaño tienen una pensión asegurada después de repetir legislatura. Con ellos, los que legislan, no va la cosa. Y así nos va, porque no saben lo que se cuece en la calle y en los hogares, ya que el suyo está asegurado. Y no entremos en corruptelas y traiciones a los ciudadanos que confiaron en ellos.
Y ahora llega Bruselas y como si no hubiera sido suficiente quiere abrir la espita de los ahorros. La ceguera es tan mayúscula que esta idea -seguramente parida en los despachos de los ultraconservadores forrados de euros- se puede convertir en la gota que ha colmado el vaso. Ningún partido político nos asegura ya el Estado de Bienestar y encima quieren «meter mano» a nuestros ahorros. Mientras, a los bancos, constructoras y grandes empresas se les sigue ayudando.
El capitalismo más salvaje está campando a sus anchas. Si un banco se equivoca tiene una red tan segura como toda una comisión europea que vela por sus intereses. De los demás solo se acuerdan quince días, por eso de que necesitan nuestros votos. Después, apoltranados en el sillón de lo prometido, solo queda humo. Y nuestro vaso hace tiempo que quedó colmado.
El Parlamento chipriota por fin parece que ha dado un puñetazo en la mesa comunitaria, y ha dicho no a la tasa a los depósitos que exigía la «troika». Para este viaje… no hacían falta tantas alforjas. Hasta casi es mejor quedarse fuera del euro y de lo que llaman «Unión» europea, comandada por una política que debe pasar por las urnas en octubre. Merkel dicta y los demás cumplen.
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