Dicen que está todo muy mal, estamos hartos de escucharlo, ¿verdad? Así que imagínese el coraje que supone montar una empresa en estos tiempos que corren y con las inexistentes ayudas para emprendedores de este país. Pero imagínese además que esa empresa se va a dedicar a…. publicar libros en papel. Si, en papel, ese soporte que todos vaticinan está muerto. Y no sólo eso sino que, de momento, ellos mismos se niegan a publicar en soporte electrónico… sólo papel. Pero sigamos dando vueltas de tuerca: no publican cualquier libro que se le pueda ocurrir, sino algunos muy concretos y además, con un diseño nada convencional. Por ejemplo, recuperaron La tournée de Dios, de Jardiel Poncela, o publican cuadernos de actividades para adultos (de lo más entretenidos) o la Agenda del Fin del Mundo, entre otras rarezas. Pues a esto se dedica Blackie Books, una editorial de Barcelona que se fundó en 2008. “Lo teníamos muy claro, con la selección de libros, las ideas que teníamos para compartirlos y la ilusión, tenía que funcionar. Lo que no esperábamos es que funcionase así de bien y tan pronto”, comenta su fundador, Jan Martí.
En Blackie Books son tres personas y han publicado 40 referencias en tres años. “Los principales problemas al crear la empresa no estuvieron relacionados con fundarla, más allá de las pocas facilidades financieras. Los problemas fueron de confianza: nos costó al principio explicar al sector editorial y distribuidores un proyecto tan particular como éste”, explica.
Sus libros pueden encontrarse en librerías de toda España y a través de su página web. La empresa se fundó con un crédito de 50.000 euros que ya han devuelto: “Estamos en lo que los americanos llaman non profit, todo el beneficio se reinvierte en nuevos libros y proyectos”, dice.
Un ejemplo es el nuevo bebé de la editorial, el sello infantil Blackie Little Books: acaban de publicar Ana y Froga, de la francesa Anouk Ricard. “También estamos empezando con buen pie la exportación a Latinoamérica. Ya estamos instalados en Colombia y Argentina”.
Y… ¿lo del nombre? Blackie era la perrita de Alice, una de las tres patas del proyecto, cuya particularidad era la de que no se quería morir. “Al final lo hizo, ya muy viejita, con 18 años. Su pretensión de inmortalidad es lo que queremos para los libros que publicamos, de ahí el nombre”, finaliza.
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