Cuando España se asoció al consorcio que elabora el observatorio GEM sobre actividad emprendedora en el año 2000, apenas se hablaba de emprendimiento y nuestra sociedad tenía muy escasos conocimientos acerca de este concepto y su significado. Desarrollar este estudio en nuestro país ha supuesto un conjunto de retos: aprender qué se entiende por emprendimiento, medirlo, caracterizarlo y, sobre todo, transmitirlo. Ahora, tras 13 años de intensa labor y desarrollo de este observatorio, cabe preguntarse si hemos cumplido bien con nuestra misión.
No hay duda de que se habla de emprendimiento y emprendedores a todas horas y en todo tipo de foros y noticias. El mensaje de que es necesario emprender se difunde hasta la saturación y la idea de que esta actividad es la solución más adecuada para superar la elevada tasa de desempleo parece calar hondo.
Sin embargo, en algún punto de este proceso de revalorización de la figura del emprendedor, se ha revolucionado el motor en exceso y se han acelerado las expectativas respecto de su actividad e impacto en términos de empleo y resultados económicos. El emprendimiento es un elemento muy valioso para cualquier sociedad y economía, pero no se puede esperar que sea la solución a una situación de crisis aguda, sino parte de ella.
La tasa de actividad emprendedora de un país es una componente que debe estar en consonancia y equilibrio con el resto de las que configuran la economía y, especialmente, el mercado de trabajo. Así, un país que tenga un amplio sector público y un amplio tejido empresarial consolidado, que aglutinen la mayor parte del empleo por cuenta ajena, no necesitará una tasa elevada de emprendimiento. Esta es la situación que España y otros países desarrollados han tenido hasta el desencadenamiento de la crisis.
Ahora, con una tasa de desempleo superior al 27%, en España se advierte que es necesario dinamizar la actividad emprendedora para crear empresas, empleo y autoempleo. Es lógico pensar que si emprenden muchas personas se podrá paliar el desempleo y generar nueva riqueza, pero en esta ecuación faltan otras incógnitas a considerar, que son las que condicionan que esto sea rápido y efectivo.
Así, una situación de pleno empleo o una discreta tasa de desempleo, aletarga un elemento crítico: la cultura emprendedora. Es por ello que, mientras hay bonanza económica, no se valora suficientemente la figura del emprendedor ni su papel social, y tampoco se transmite de forma generalizada a las nuevas generaciones un espíritu y formación emprendedores, que les habilite para considerar esta opción como una alternativa profesional válida. En consecuencia, dinamizar la actividad emprendedora en una sociedad que ha perdido buena parte de esta cultura en un elevado porcentaje, es un ejercicio que va a costar y en cuya superación hay que invertir esfuerzo y recursos.
Por otro lado, hay que considerar que, aunque no falten ideas y voluntad de emprender, si no hay unas expectativas positivas de entrada y permanencia en el mercado, también es lógico que una gran parte del emprendimiento potencial esté retraído. Para animar a este colectivo es necesario que haya demanda y posibilidad de vender bienes y servicios. Poner en marcha un negocio, e incluso un autoempleo, tiene unos costes iniciales elevados y estamos en un momento en que los canales de financiación del emprendimiento son muy escasos, y la percepción del riesgo emprendedor es intensa.
Emprendedores supervivientes
Un tercer elemento que hay que tener en cuenta es que, antes de la crisis, los emprendedores, en su mayoría micro empresarios, han lidiado con un entorno hostil y difícil en muchos sectores: elevada competencia, intermediarios, trabas burocráticas, costes laborales y de otros tipos y un largo etcétera. Los que han sobrevivido a esta situación saben que habría sido necesaria la toma de muchas medidas para favorecer su actividad. Ahora se está avanzando en este ámbito y se están agilizando los mecanismos para favorecer el emprendimiento y al emprendedor. No es tarde, y siempre será bienvenida toda ayuda, pero reactivar la actividad emprendedora llevará su tiempo y no va a depender en exclusiva de ninguno de los factores mencionados, sino de todos ellos, y muy en especial de la reactivación económica. Como un pez que se muerde la cola, sin dinámica de mercado no habrá dinámica emprendedora en una proporción suficiente como para contrarrestar los efectos de la crisis sobre el empleo.
Hablar de emprendimiento es buena noticia, pero en su justa medida, con rigor y con un análisis detallado de las posibilidades de canalización del potencial emprendedor. España necesita recuperar su actividad pero de forma que el emprendimiento sea de calidad, evitando en lo posible el aumento de iniciativas motivadas por la supervivencia. El emprendimiento ambicioso y respaldado por un mercado activo es la mejor garantía para crear puestos de trabajo. Proteger los productos españoles y reactivar los sectores primario e industrial forman parte del éxito y, aunque nos hallamos en un contexto globalizado, hay que encontrar fórmulas para que ello no sea un obstáculo a fin de impulsar de nuevo estos sectores.
Alicia Coduras es directora Técnica del Proyecto GEM España y directora de la Cátedra de Fomento del Espíritu Emprendedor en la Universidad Antonio de Nebrija.
Más información
.- Leer el artículo publicado en diarioabierto.es, sobre el informe GEM España 2012 titulado La Actividad Emprendedora Total registra en España una disminución del 2% entre 2011 y 2012
.- Descargar el informe GEM España aquí.
.- Descargar la Guía dinámica de ayudas e incentivos para la creación de empresas.
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