Es curioso que de los llamados expertos que han presentado sus propuestas para reformar el sistema de pensiones, pocos o ninguno, aparentemente, necesiten de una pensión pública para sus años de retiro. Suele pasar. En ese comité no he encontrado ni un solo pensionista de a pie. Es decir, que los que sí que se verán afectados por la reforma no tienen voz.
Tal vez por eso, la gente se echa a la calle –sanidad, educación, pensiones- para hacer oír una voz que no encuentra espacio en los foros oficiales.
Una de las variables que se proponen a tomar en cuenta es la esperanza de vida. Uno en su ingenuidad, creía que la prolongación de la vida era un logro de la humanidad. Ahora parece que es un pecado. Vivir demasiado, que los pensionistas vivamos demasiado, o tengamos esperanzas de hacerlo, es un vicio que pone en peligro la supervivencia del sistema.
Curiosa afirmación del grupo de expertos, puesto que el sistema, si existe es, precisamente, para garantizar que los acogidos a él tengan una larga vida y una calidad de la misma, lo más digna posible. Pues, según ese grupo de cráneos privilegiados, no. Lo que un jubilado responsable debe de hacer es morirse cuanto antes, y para ello ya se han buscado los medios oportunos: rebajar la cuantía de la pensión, deteriorar la sanidad. De tal manera que el que no muera de hambre, morirá por enfermedad.
El problema de las pensiones es, indudablemente la falta de ingresos. Y la falta de ingresos se produce por una bajada de cotizantes. Durante muchos años hemos estado engordando las arcas del sistema con el dinero de los tan denostados emigrantes. Ahora no hay trabajo y, consecuentemente, no hay cotizantes, ni nacionales ni extranjeros. La solución, obviamente, es que haya más trabajadores. Me pregunto si, en el caso de que mejore la economía y mejore el empleo en el futuro, se volverá a recuperar la cuantía de las pensiones.
Y, además, lo lógico sería, antes de rebajar unas pensiones magras ya de por sí,–y eso parecen apuntarlo muy suavemente los expertos- que la aportación al sistema tenga otros componentes, como, por ejemplo los presupuestos del Estado. No sería el único país que destina parte de los impuestos en garantizar el cobro de las percepciones de los jubilados.
En fin, que mientras tanto, da la sensación de que los expertos lo que buscan es que cada uno se busque su propio plan de pensiones o viva menos. Yo, de momento, voy a hacer todo lo posible por vivir muchos años, aunque eso ponga en peligro la supervivencia del sistema. Qué quieren que les diga.