A estas alturas de la película ya queda bastante claro que en situaciones de crisis sale lo peor de cada uno. Particularmente en esta, que es especial solo por ser la última, porque por lo demás la están soportando los de siempre, es decir, la mayoría, o sea, la bandada. Contra ella están tirando con fruición los más avezados cazadores y, entre ellos, los políticos, que no asumen sus propias responsabilidades en la falta de soluciones. También la Iglesia católica, que mira la situación de lejos para que no le alcance, dejando a la mayor parte de sus fieles a la intemperie. Aunque, con todo, no hemos de olvidarnos de la banca, con su tiroteo de cláusulas abusivas, de hipotecas frustradas, de tropelías varias y de caciques que están lejos de declararse responsables de nada.
Por cierto, no está de más recordar que una de las otrora prestigiosas cajas, Bankia, ha estado a punto de mandar a todo un país a la ruina y ha sido necesario inyectarle un montón de miles de millones de euros que ahora habremos de pagar entre todos. Sin embargo, por alguna incomprensible razón, nadie le ha pedido cuentas al Banco de España, vigilante y supervisor de un sistema financiero que ni ha vigilado ni ha supervisado, una autoridad que no ha visto, o no ha querido ver, los contratos avariciosos que se les han hecho firmar a los hipotecados, ni el fraude masivo de las preferentes, ni los millones que unos banqueros arribistas y voraces se embolsaron a la vista de todo el mundo de manera supuestamente legal, de acuerdo con el sistema.
Lo curioso del caso es que a pesar de estos antecedentes, que deberían convertir con toda lógica al Banco de España en una institución menos valorada aún que la Monarquía, sus dos últimos gobernadores no dejan de alumbrarnos con sus ocurrencias, que airean sin ningún tipo de vergüenza. La última, el señor Linde y su megaidea de la supresión del salario mínimo. Ignoro completamente cuál puede ser el cociente intelectual del insigne gobernador del Banco de España, pero tengo serias dudas de que su cociente social resulte más competitivo que el de Forrest Gump. Y estoy convencido de que muchos se preguntarán por qué no usa la vergüenza un señor que percibe anualmente más de 165.000 euros antes de lanzar un exabrupto de tal calibre. Dicho en román paladino, este señor gana en un mes más que cualquier perceptor del salario mínimo en un año.
Desconozco igualmente si después de firmar el informe en el que quedaba registrada la propuesta de marras, que por cierto nadie le había pedido, se fue a comer a cualquiera de esos restaurantes caros del entorno del Banco de España o, por el contrario, prefirió un discreto sándwich en su despacho pero lo que sí tengo por seguro es que nuestro gobernador empieza con buen pie repartiendo estopa a los que menos culpa tienen de todo este desaguisado. Incluso puede que llegue a superar al inefable Miguel Ángel Fernández Ordóñez, MAFO, que en esto de disparar a la bandada era muy versado. De hecho, demostró una insultante incompetencia en el desarrollo de sus funciones que sin embargo no lo ha llevado ante la justicia, acaso porque esta, como es bien sabido, está muy lejos de ser igual para todos.
Lo curioso es que este tipo de ideas geniales como la del señor Linde siempre se acompañan de algún corista avezado, que considera su opinión imprescindible para la buena marcha del país. Por citar solo dos, nombraré al ínclito conseller d’Economia i Coneixement de la Generalitat de Cataluña, señor Mas-Colell y a la ilustre Esperanza Aguirre. Sí, ya veo el chiste fácil, en cuestión de la pela lo mismo da Cataluña que Madrid ya que el que tiene la escopeta dispara y el que no, es porque pertenece a la bandada y la única expectativa que le queda es esperar que no le alcance la perdigonada. Está claro que, en lo que a la caza se refiere, la burguesía catalana y la mesetaria están más cerca de lo que podría pensarse a la vista del espectáculo de supuesto enfrentamiento que nos ofrecen ambas todos los días en los medios de comunicación.
Claro que, con toda probabilidad, todas estas disquisiciones quedarán un poco lejos a Rosa, 54 años, viuda, residente en Vallecas, Madrid, con una incapacidad permanente absoluta y una hipoteca en La Caixa, con su hijo Ismael de avalista y ahora atrapado de por vida en la hipoteca de su madre, que durante los últimos cuatro años ha venido abonando escrupulosamente cada una de sus mensualidades y ahora se encuentra en un proceso de ejecución hipotecaria sin negociación porque un mes no pudo pagar los correspondientes 603 euros. Solo está esperando el lanzamiento. La Caixa le ha recordado, por si era necesario, que el impago de una sola mensualidad implica la resolución del contrato y la reclamación de todo el préstamo, con costas e intereses de mora de un 19%, como en los mejores tiempos de la usura. Todo esto pasa por legal en un país considerado del primer mundo y con una democracia consolidada, aunque bien es verdad que más consolidada para unos ciudadanos que para otro
Sí, ya sé que el señor Linde, el nunca bien ponderado MAFO, la señora Aguirre, el señor Mas-Colell y unos cuantos más están lejos de la situación de Rosa, pero no solo porque ven la crisis desde la otra parte del río, sino porque ellos tienen escopeta y ella, desafortunadamente, forma parte de la bandada.
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