Los movimientos políticos que sacuden Egipto, tanto por su posición geoestratégica al ser la puerta del canal de Suez como por el posible efecto contagio hacia otros países del mundo árabe, han provocado que los mercados internacionales hayan alcanzado una subida del precio del petróleo de los 102 dólares el barril, algo que se preveía que ocurriría en todo caso a lo largo de este año.
La evolución del coste del crudo ha sido constante al alza a lo largo del pasado ejercicio una vez que se consolidó la recuperación de la actividad económica en los países emergentes y en buena parte de los países avanzados. La mayor demanda mundial empujó hacia arriba los precios hasta situarlos en el entorno de los 95 dólares de manera permanente en los meses de diciembre y enero.
Los países extractores por su parte rechazaron un aumento de las cuotas que corrigiera esa subida por entender que los precios alcanzados reflejaban mejor la situación de los mercados. La última vez que lo consideraron fue en diciembre y la posición de mantener la producción fue prácticamente unánime.
Además, algunos fondos han ido abandonando posiciones en los mercados bursátiles para centrar sus inversiones en materias primas, especialmente petróleo aunque también metales y productos alimenticios, apostando claramente porque la recuperación de la demanda internacional se reflejará en un aumento de este tipo de materias primas. Y la apuesta, por ahora, les está saliendo bien.
La inestabilidad política iniciada en el norte de África no ha hecho sino venir a favorecer estos movimientos al alza. Túnez no es un productor de hidrocarburos e incluso Egipto, aunque tiene petróleo y gas, tampoco puede considerarse un gran jugador en este mercado. Pero con lo que tiene, más el hecho de ser la puerta del canal de Suez, le convierte en una referencia muy importante. Además se tiene en cuenta el posible efecto contagio hacia otros países árabes que, estos si, son claves para el abastecimiento de petróleo.
Pero el alza de las materias primas está introduciendo tensiones inflacionistas de importancia tanto en los países avanzados como en los principales emergentes. En Europa la inflación ha superado el 2% (en España se ha colocado en el 3,3% con los datos provisionales de enero, aunque la subyacente se mantienen controlada en el 1,5%) y en los principales países emergentes pasan del 4,5%.
Ello está haciendo que, por primera vez en años, los países emergentes estén adoptando políticas monetarias restrictivas que buscan tener un efecto suavizador del fuerte crecimiento económico alcanzado para así aligerar las tensiones de precios. Incluso algunos analistas, que daban por descontado que el Banco Central Europeo y los demás bancos centrales del continente no moverían los tipos de interés para afianzar la recuperación, ahora empiezan a pensar que es posible que se adelante la subida de tipos algunos meses para tratar de rebajar las tensiones de precios.
Quienes piensan que no es necesario hacerlo todavía consideran que la escalada de la inflación es un fenómeno coyuntural que puede prolongarse durante el primer semestre del año pero que en el segundo puede correr en sentido contrario rebajándose el nivel de precios hacia los perseguidos como objetivo por el Banco Central Europeo.
Las decisiones de endurecimiento monetario tomadas por los países emergentes, que son los que marginalmente más petróleo y materias primas consumen en la actualidad, podrían ayudar a que se haya alcanzado el techo en los niveles de precios de las materias primas e incluso que se produjera una corrección de los mismos, lo que ayudaría a deshacer el componente especulativo que pueda haber en los precios de ahora.
Pero de lo que están seguros los analistas es que, si se produjera algún hecho inesperado que colocara el precio del barril en el entorno de los 120 dólares, la situación económica se complicaría enormemente y se adoptarían medidas de fuerte contracción.
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