La caída de la tasa de ahorro dificulta el crecimiento del PIB

01/04/2011

Salvador Arancibia. La tasa de ahorro de los españoles bajó cinco puntos en 2010, hasta situarse en el 13,1% de la renta disponible como consecuencia sobre todo del aumento del consumo privado. Es difícil que se repita el mismo fenómeno en 2011 y con la misma intensidad.

La caída de la tasa de ahorro de los hogares españoles el año pasado, desde los niveles máximos alcanzados en 2009 por el estallido de la crisis, era razonable por varias causas. La más importante, sin duda, porque los consumidores habían sobre reaccionado anteriormente al aumento del desempleo y se había destinado una mayor proporción de la renta disponible a guardarla por si el futuro era peor que el presente de entonces.

Otros factores ayudaron además a que los gastos obligatorios se contuvieran. El principal de ellos la baja de los tipos de interés que supuso un importante respiro para los millones de hogares con hipotecas que vieron como la factura de su crédito disminuía de forma notable cada mes.

Pero en 2010 se volvió a una situación más acorde con la tendencia histórica del ahorro de los hogares y de una cifra anormalmente elevada se ha pasado a otra más cercana a la media de los años precedentes. La tasa bajó cinco puntos debido a dos factores: la disminución de la renta disponible y el aumento del consumo.

La primera se debe, por una parte al aumento del paro que disminuye los ingresos de las personas físicas, a la bajada del 5% en los sueldos de los empleados públicos, y al aumento de los impuestos directos con la retirada de los 400 euros de descuento en el IRPF para todos los trabajadores.  Todo esto supuso que la renta disponible bruta descendiera un 1,8%. El resto de la caída del ahorro se debe al aumento del consumo privado.

Hace unos meses el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, dijo que el Gobierno esperaba que los ciudadanos destinaran en 2011 una parte menor de su renta disponible al ahorro de forma que creciera más el consumo y se pudiera así alcanzar el objetivo de crecimiento del 1,3% que se ha fijado el ejecutivo para este año.

Con los datos de cierre del año pasado del ahorro de los hogares parece difícil que vuelva a caer este año en la proporción necesaria como para que el consumo crezca lo suficiente. Porque hay motivos para pensar que la renta disponible bruta va a seguir disminuyendo y porque los gastos obligatorios van a aumentar de forma clara.

La renta disponible va a disminuir porque el desempleo en el conjunto del año va a aumentar, aunque se cree algo de empleo en la segunda mitad, porque los sueldos de los empleados públicos y pensionistas están congelados y porque las revisiones salariales de los convenios están siendo muy bajas. Pero además, en este año se han elevado los impuestos directos, con la desaparición del cheque bebé, y se mantiene el impacto de la subida de los indirectos llevada a cabo en la segunda mitad de 2010. Todo ello significa una transferencia de renta de los consumidores a las administraciones públicas que reduce la renta disponible.

En el lado de los gastos obligatorios también hay efectos al alza de éstos en lugar de a la baja. La subida de la factura eléctrica y de los derivados del petróleo y del gas supone que para el mismo consumo de estos bienes hay que destinar una parte mayor de la renta disponible, dejando menos margen para incrementos de otros gastos. La subida del Euribor, además, vuelve a elevar la factura hipotecaria de todos los que tienen esos créditos.

Con este panorama algunos expertos estiman que la tasa de ahorro de los hogares volverá a descender en 2011 pero que lo hará en menor proporción que en el año pasado. Puede bajar dos puntos, hasta situarse en el entorno del 11%. Pero lo malo es, dicen estos analistas, que apenas unas décimas pueden ir a más consumo. La mayor parte será una transferencia de los hogares a las administraciones públicas, vía impuestos, y una transferencia a los países productores de petróleo, vía mayores precios de los derivados del crudo y el gas.

En estas circunstancias las previsiones del Gobierno de una mayor alegría en el consumo privado que genere más crecimiento económico parecen difíciles de alcanzar. De hecho, en algunos gabinetes de estudios consideran que, si fuera el momento de modificar la previsión de crecimiento, habría que hacerlo a la baja y no al alza.

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