Artur Mas se prodiga estos días en valorar sus primeros cien días como president de la Generalitat. El cambio de Govern se ha notado en la sociedad por sus drásticos recortes en servicios como la sanidad y la educación. Los afectados por la reducción de plantilla empiezan a salir a la calle y temen que los ciudadanos les imiten pronto. La crisis hace que estas medidas sean comprendidas hasta cierto punto por la sociedad, pero Mas se ha encontrado con un aliado inesperado para desviar la atención pública: La negativa del Gobierno central de pagar los 1450 millones del fondo de competitividad y la postura de que “es vuestro problema” el reducir el déficit.
Hasta Mariano Rajoy, en la visita que el miércoles hizo en el Parlament, instó a Zapatero a pagar esta deuda (que en tiempos del gobierno del tripartito no había problemas en cobrar) mientras los socialistas del PSC (que negociaron este acuerdo) también instan a la Generalitat a negociar con Madrid para que el Estado cumpla sus compromisos. Sin embargo negativa de Rodríguez Zapatero de momento es tajante. Incluso el portavoz del Govern, Francesc Homs, fue contundente: “Confío que acabarán reaccionando por que el Estado español no se puede permitir el lujo, ni ante Europa ni ante el pueblo de Catalunya, de dejarnos colgados” e incluso añadió que “si des de Madrid se agarran a la idea de que se ha de cumplir con el déficit en los términos que plantean de recorten más, nosotros no lo haremos. Y si nos intervienen será porque vendrán a cerrar servicios públicos”.
La declaración de guerra del secretario de la presidencia no iba por libre. El miércoles por la noche Artur Mas, en una solemne conferencia en el salón Sant Jordi de la Generalitat, explicó los ejes de su actuación en sus primeros cien días en la presidencia. Bajo la premisa de que el norte de su gabinete es “explicar la verdad, aunque sea dolorosa” y por ello reiteró su oferta-demanda de dialogo
Hablando de la relación con el Gobierno central, Mas señaló que “hemos intentado desde el Govern marcar territorio, no tenemos voluntad de ir a la confrontación, pero tampoco tememos la confrontación abierta si es necesaria, no la buscamos pero no nos de miedo”. Acto seguido señaló que desde Madrid les han invitado a subir más impuestos para paliar el déficit: “No iremos más allá del 10% de reducción presupuestaria, es el máximo esfuerzo que podemos hacer y es incluso mayor que el que hace el propio Estado” y recordó que ya han dicho “no” pagar decisiones tomadas en Madrid sin consultar a Catalunya”. E insistió en que Madrid debe pagar los 1400 millones del fondo de competitividad acordados en el último acuerdo sobre financiación: “Un capital que se cobró en el 2009 y el 2010, y que esta año será el primero que no piensan pagar. No sólo no renunciamos a cobrarlo, si no que lo reclamaremos con inasistencia y energía y con todo el peso de la razón para que paguen a Catalunya lo que le deben por ley”.
La otra parte del discurso se dedicó a justificar los recortes de su Govern asegurando que “estamos dispuestos a vivir de acuerdo con nuestras posibilidades actuales para no hipotecar el futuro de nuestros hijos” y aseguró que “el país es perfectamente capaz de superar las actuales dificultades”. Por ello fijó como ejes de su actuación políticas de austeridad, ahorro y control del déficit (“este esfuerzo supone un ahorro de 2.600 millones); impulsar la reactivación económica con el objetivo de reducir el paro, tratar de preservar el estado de bienestar (“estamos procurando salvar el núcleo duro del estado de bienestar””.
Finlamente pidió el máximo consenso posible para lograr que Catalunya tenga “un pacto fiscal con el estado que le permita actuar en la línea del concierto económico y poder retener una parte sustancial de los recursos que genera la sociedad catalana”
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