La cultura del alquiler

11/04/2011

Maite Vázquez del Río.

Hay que mirar más allá de la crisis, porque antes o después terminará, y con independencia de quien gobierne, España debe sentar los cimientos de hacia dónde quiere ir. De momento, parece haber consenso en que se necesita -es urgente- un cambio de modelo productivo, algo que venían reclamando desde hace casi una década las centrales sindicales, que conocen a pie de empresa lo que se cuece  en cada momento y por dónde van los tiros.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en esta segunda legislatura, ha hecho suya esta bandera del cambio de modelo y ha llevado al Parlamento la conocida como Ley de Economía Sostenible (para los amantes de las siglas, LES), donde se intentan poner los cimientos y encarrilar el cambio, con el soniquete ya conocido y llevado hasta la extenuación de que el futuro es la I+D+i, que el ladrillo no debe ser el motor del crecimiento porque nunca se aprende de los errores y siempre termina habiendo burbujas…

Pero desde el Gobierno, ahora, nos recuerdan que hay que cambiar la cultura en casi todo. Desde que ya no hay contratos vitalicios, que uno no entra en una empresa con pantalón corto y se queda hasta que se jubila o que hay que trabajar más tiempo para poder jubilarse. Este lunes, el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, nos ha hablado de otro cambio de cultura, el de las viviendas en propiedad. No es nueva la idea, pero van profundizando en ella, y lo que toca ahora es convencer a los que son propietarios de una vivienda de que lo peor que pueden hacer es dejarles a sus hijos el piso que con tanto esfuerzo y sacrificio lograron pagar después de cerca de 30 años.

Es tarea de los políticos ir introduciéndonos en los nuevos conceptos a base de recortar «derechos» que en otro tiempo esos mismos políticos alimentaron. La deducción por vivienda es un buen ejemplo de ello. Hasta 2010 la ha habido, pero para cambiar la mentalidad, amparándose en que se debe redistribuir la riqueza hacia otros sectores que no sean el inmobiliario, la deducción ha desaparecido y nadie espera que pueda volver. Ya pasó con otras deducciones, como la de los gastos médicos.

Para alentar la nueva mentalidad, el Gobierno ya ha dado pasos en esa dirección, no solo la mencionada eliminación de la deducción fiscal, sino otras medidas como la hipoteca inversa, esa que que pagas durante 30 años y que luego el banco se encarga de volver a a comprarte instalándote en una residencia para mayores, a todo lujo, en el momento que tú elijas una vez que te hayas jubilado. O las ayudas al alquiler, que no parecen animar a unos jóvenes, que en el 40% de los casos están en paro, y los que tienen un puesto de trabajo ni si quiera llegan a la categoría de mileuristas.

Pero claro, Campa ha reconocido que no sólo basta con hacer leyes y reformas, que lo fundamental  e imprescindible es «convencer a las familias» de que existen «otras cosas con mayor valor intergeneracional» que los pisos en propiedad. A bote pronto podría ser el modelo de Estado de bienestar, aunque quién puede garantizar a las generaciones futuras que podrán recibir una pensión… Así quiere hacer un trasvase del crecimiento económico y quitarle 4,5 puntos del peso que la construcción tiene en el PIB hacia otras actividades y «proyectos nuevos».

No parece que con entelequias (proyectos nuevos) y cambios de mentalidad se pueda realmente ver el camino, aunque los bancos pueden estar empezando a frotarse las manos de todas las viviendas que podrán alquilar en el futuro, incluso a los hijos cuyos padres fueron aconsejados por Campa diciéndoles que lo peor que podían hacer por ellos es dejarles el piso en propiedad.

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