11-M: Doce años en nuestra memoria

11/03/2016

Francisco Naranjo Llanos.

Aquel 11 de Marzo de 2004, -me acuerdo tal como si fuese hoy- a primera hora de la mañana iba escuchando la radio, camino de Alcalá, a un congreso sindical de CCOO a la comarca del Henares.

Eran poco más de las ocho de la mañana cuando Iñaki Gabilondo en la SER, anunciaba que: “hace unos momentos se ha registrado dos explosiones consecutivas en la madrileña estación de Atocha y muy cerca de ella, por el momento las noticias son confusas”

A partir de ahí todo se precipita, llego tarde a Alcalá por los atascos y controles que había en varios puntos de la carretera. No se celebra el acto previsto, pero sí una manifestación a las doce de la mañana para condenar el atentado, desde la sede de CCOO hasta el Ayuntamiento. Por la tarde de vuelta a Madrid se comienzan los preparativos de la gran manifestación unitaria del día siguiente. También se empiezan a difundir los comunicados conjuntos condenando los atentados, así como los de la convocatoria de la manifestación. (por aquel entonces yo era el responsable de comunicación CCOO de Madrid)

Fatigado del todo el día, sobre las nueve da la noche, lo primero que pienso es irme a casa. Un compañero dice de ir al IFEMA, lugar donde llevan los cadáveres de los atentados. Las familias de los fallecidos o desaparecidos están en el recinto ferial Juan Carlos I, donde son teóricamente atendidos por psicólogos y psiquiatras, que les acompañan durante el tiempo que tarden con el proceso de identificación.

Aunque insisto en no querer ir al IFEMA, mi compañero me convence y al final voy pero con la idea de estar solo un rato. El panorama que nos encontramos allí es muy difícil de describir. Hay que vivirlo.

Después de ver muchas escenas de dolor y de muchas vueltas por el edificio, encontramos y tratamos de animar a la familia Benito Samaniego, con un hijo desaparecido, de 27 años, Rodolfo, sobrino de un amigo, conocido dirigente sindical: Rodolfo Benito, que para el dolor de su familia apareció esa misma noche. Era uno de los asesinados por el atentado.

Con su nombre, familiares y amigos ha creado una Fundación, con sede en Alcala de Henares, con el fin de mantener vivo su recuerdo y el de las personas que sufrieron el brutal atentado en las estaciones de RENFE de Madrid. Todos los años, además de otras actividades, se realiza un acto en recuerdo y homenaje de las victimas en donde se entregan los premios de la Fundación a la Innovación Tecnológica.

Vuelvo de nuevo a la noche de aquel día.

Serian ya más de las doce de la noche. Recuerdo que en otro lugar del edificio del IFEMA alguien nos comento que se encontraba Pilar Manjón, a la que fuimos a ver y que también estaba a la espera de saber algo de su hijo Daniel. Pilar, sindicalista, miembro de la Ejecutiva de CCOO de Madrid en aquellas fechas, estaba destrozada ya en esos momentos. Como comentaba antes ya estábamos en la madrugada de la noche del 11-M y nuestros abrazos y palabras de ánimo no le servían de nada. Su hijo estaba desaparecido y se temía lo peor. Y lo peor tardo, su hijo fue de los últimos en identificar, no apareció hasta algunas semanas después.

El dolor de esa madre, además al ser compañera y amiga, ha sido desde entonces algo que no he podido olvidar ni creo que nunca en mi vida olvidare.

Meses después Pilar Manjón, dio muestras a todos de su entereza y valentía. Eso ya lo sabe la sociedad española y creo que todo el mundo. Entonces solo lo sabíamos algunos de nosotros. Cada vez que la veo y la abrazo, siento como un pinchazo en el corazón, continuo emocionándome y me acuerdo de aquel fatídico día, 11-M del 2004, día que fueron asesinadas más de 190 personas y su hijo: Daniel Paz Manjón, de 20 años.

Recuerdo que llegue a casa más allá de las dos de la madrugada, de aquel 11-M, ya 12 de Marzo, pero aunque pude hacer poco y llore mucho, me siento orgulloso y nunca me he arrepentido de haber ido y estado en el IFEMA aquel día y parte de la noche.

No quiero finalizar sin dejar escritas algunas de las palabras de Pilar en la Comisión de Investigación del Congreso de los Diputados, en diciembre de 2004, con la desagradable imagen de los representantes del Partido Popular: Eduardo Zaplana y Martínez Pujalte, «pasando» de Pilar y leyendo distraída y al parecer divertidamente un periódico, mientras ella hablaba y lloraba en nombre de las víctimas. Algo, que aunque fue por TV, también se me ha quedado muy gravado en la memoria. Ese desprecio por las víctimas de esos dos «teóricos» representantes del pueblo es difícil de olvidar…

Estos son algunos párrafos de sus palabras:

“Sr. Presidente, señoras y señores Comisionados:

…Por favor, señorías, dejen de crispar a los ciudadanos desde sus escaños, dividiendo al pueblo. No hagan política de patio de colegio. Va siendo hora de dejar de trasladarnos sus miserias y crispaciones. A veces logran contagiarnos, aunque finalmente, los ciudadanos, estamos atentos a cualquier gesto y obramos en consecuencia».

Aquella intervención de Pilar, fue calificada por muchos como un “aldabonazo a las conciencias”, a mi entender también como una verdadera lección de valentía y coraje, de una madre que ha perdido un hijo, así como de una representante responsable de un amplio colectivo cruelmente golpeado.

Desde que ocurrió el atentado criminal hasta la fecha han pasado doce años y todos los años los sindicatos de clase, CCOO y UGT, conjuntamente con la Unión de Actores, recuerdan ese día en la estación de Atocha-Cercanías, rindiendo a las víctimas y a sus familiares su más sentido homenaje.

Sirvan estas breves y sentidas palabras como recuerdo y homenaje a Daniel, a Rodolfo,.. en definitiva a las 192 personas inocentes  asesinadas y a los más de 2000 heridos en el brutal atentado de aquel 11-M  y que tanto dolor, rabia e indignación, causo a todos, especialmente a sus familiares y amigos.

Francisco Naranjo Llanos es Director de la Fundación Abogados de Atocha

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