Promesas electorales

10/05/2011

Maite Vázquez del Río.

Cada cuatro años nuestros políticos estrujan sus mentes para ofrecer a los votantes lo que la necesidad de la sociedad se ha hecho más que patente. Van al rebufo. Al menos es lo que parece que ha ocurrido entre los candidatos madrileños. No hay novedades ni ingenio, solo promesas sin encomendarse a nadie. Cuando lleguen a su escaño todo quedará en stand by, porque la crisis, el Gobierno central, las leyes, el funcionamiento del sistema o cualquier otro obstáculo en el que no pensaron cuando hicieron su promesa, ahora las hace inviable.

Y así nos encontramos con Esparanza Aguirre (PP) y Tomás Gómez (PSOE), los dos candidatos a presidir la Comunidad de Madrid prometiendo novedades sobre hipotecas. La una, siguiendo una sentencia judicial que no ha sentado jurisprudencia, que en caso de no poder afrontar el pago, la entidad financiera se quede con la casa y punto. Sin “tocar” otros bienes ni afectar el futuro económico del afectado ni al de su familia. Y el otro, prometiendo que el que tenga una hipoteca y se vaya al paro se le permitirá no pagar el primer año que esté en el desempleo… Promesas electorales sin poner negro sobre blanco, sin hablar con los principales afectados, los bancos y las cajas, ni con quien hace las leyes y con los que la aplican.

Palabras y palabras a base de mítines electorales donde, junto a despellejar al enemigo, nos dibujan el paraíso, nos pintan todo tan bonito que parece que en nuestra ciudad no hay pobreza ni cañadas reales, y que existe el dinero necesario para ser una de las comunidades o ayuntamientos más endeudados, nos lo podemos permitir; y que ese dinero también llega para la ayuda a la dependencia, pese a que se haya tenido que despedir a muchos trabajadores sociales porque no salían las cuentas para pagar sus nóminas, o que hay enfermos que tienen que esperar más de tres meses para ser operados…

Pero los madrileños pueden dormir tranquilos, porque pese a uno de los precios más caros del metro cuadrado de nueva vivienda, si encuentran quién les preste el dinero necesario para firmar una hipoteca. Si no la pueden pagar, tranquilos, que no cunda el pánico, como mucho, perderán su vivienda, y hasta si son despedidos se les da la oportunidad de no pagar durante un año y evitar el desahucio.

Estamos de elecciones y nuestra existencia parece importarles sólo por un día, el día de las elecciones. Luego todo volverá por sus fueros. Frente al creciente fracaso escolar nos ofrecen colegios para que los mejor preparados no pierdan oportunidades; nos asustan con privatización de la sanidad si votamos a unos en lugar de a otros; con pérdidas de derechos; con demonios rojos de cuernos y rabos… Pero eso sí, “centrados” en nosotros, porque ellos son también ciudadanos “comunes”.

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