Prueba a fondo del SsangYong XLV, un crossover para todo

09/12/2016

Motor Lobby.

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A principios de 2016 SsangYong se marcaba un ambicioso objetivo en nuestro país, querían crecer otra vez por encima del 30% después de haberlo conseguido ya en 2015, llegar a la cota de las 4.500 matriculaciones de coches en nuestro mercado y consolidar su expansión en el mercado Europeo, algo en lo que la ampliación de su red comercial hasta superar los 1.000 concesionarios en el viejo continente tiene también mucho que decir. En ese proceso de expansión europea hay dos piezas clave, el Tívoli, su crossover compacto, y el XLV, al que muchos ven como una evolución de éste pero que otros catalogamos más como un mini Rodius, su familiar de cabecera.

Sea como fuere ambos modelos han supuesto una tremenda popularización de la marca coreana, la más antigua de su país y con una larga tradición en la fabricación de modelos enfocados a circular fuera del asfalto. España es además un mercado predilecto para SsangYong, pues no en vano es donde consiguen la mayor cuota de penetración fuera de Corea y ya han superado la cifra de 70.000 coches vendidos desde que desembarcaron de la mano de Mahindraen 1994. La llegada del motor diésel y la tracción 4×4 al Tívoli y al XLV ha sido otro revulsivo de las ventas este año en los 121 países en los que SsangYong cuenta con alguno de sus 1.750 distribuidores, y sus previsiones de terminar con 250.000 unidades a nivel mundial no parecen desencaminadas.

El XLV es un modelo que apunta a un nicho de mercado cada vez con más adeptos, un coche de tamaño contenido, apenas 4,4m, que sin embargo ofrece espacio real para 5 ocupantes con todo su equipaje, ya que un maletero que llega a los 720 litros de capacidad en esa configuración es un activo ciertamente importante, por mucho que la boca de carga quede un poco alta. Este pequeño crossover familiar renuncia sin embargo a la posibilidad de montar la tracción integral que si lleva el Tívoli, un plus de seguridad para los firmes en mal estado que requieren un extra de motricidad pero que restaba espacio y capacidad de carga en un coche enfocado para clientes que tienen una vida plagada de actividades como puede ser el esquí, el ciclismo u otras aficiones que requieren llevar consigo abundante material.

A nivel mecánico el XLV es un calco de su hermano pequeño el Tívoli, y cuenta con dos motores disponibles que son un desarrollo propio de SsangYong, un gasolina de 1,6 litros atmosférico de 128 CV, disponible sólo con cambio manual y con un consumo medio de 6,8 litros a los 100 km; y un turbodiésel de 115 CV, 30,5 mkg de par, geometría variable y un consumo mixto de 4,5 l/100 km con cambio manual y 5,9 l/100 km con el automático de convertidor de par, ambos de 6 marchas. Este modelo estrena la llegada del sistema Start&Stop de parada y arranque del motor a la marca, un sistema que ayuda a contener los consumos en ciudad.

La habitabilidad interior es otra de las armas del XLV, que por dentro parece más grande de lo que es. Además de multitud de huecos portaobjetos que hace la vida a bordo más cómodala altura al techo y el espacio para las rodillas atrás es muy bueno, con una plaza central realmente cómoda, gracias en parte a lo poco intrusivo que es el túnel central. Los respaldos de las plazas traseras, además, son reclinables en dos niveles. Una pequeña decepción para algunos fue sin embargo el hecho de que finalmente las 7 plazas no sean ni siquiera opcionales, una circunstancia que SsangYong parece haber reservado para su próximo lanzamiento.

Una vez en marcha, tras habernos decantado por un XLV diésel con cambio automático, firmado por el especialista Aisin, el pequeño crossover familiar coreano se muestra bastante alegre a pesar de su modesta cifra de potencia, sacando buen provecho de los más de 30mkg de par de su motor. El cambio prima la suavidad sobre la eficiencia y eso se nota en los consumos, con cifras en el entorno de los 7 litros en conducción real. Las suspensiones son algo más blandas que las del Tívoli, algo que se agradece especialmente sí, como es el caso, montamos las llantas de 18 pulgadas opcionales que llevan unos neumáticos de perfil excesivamente bajo. Las de 16 de serie no quedan ni la mitad de bonitas pero son más lógicas. El coche filtra bien todo lo que ocurre bajo las ruedas pero la dirección, a pesar de tener 3 ajustes de dureza, resulta un poco artificial.

 

El XLV se presenta con un equipamiento de serie bastante completo desde la base de la gama. Así, el acabado Line ya incluye climatizador, luces diurnas de led, faros antiniebla y conexión bluetooth. El Premium suma las barras de techo, tapicería símil cuero, cristales tintados, navegador y llantas de 18 pulgadas. Por último, en los XLV ‘Limited’ se añade el volante y pomo del cambio en cuero, asientos y volante calefactables, airbag de rodilla y sensores de lluvia y luz, quedando en opción pocas cosas como el techo o la pintura. La tarifa arranca en 16.650€ para el modelo de gasolina y en 20.000€ para el diésel, añadiendo 2.000€ si lo queremos automático. Un coche completo y asequible se mire por donde se miré y que además se puede personalizar con atractivas combinaciones de color.

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