Tiempos de crisis

04/01/2017

Josep M. Orta.

Mientras el PP se ha convertido en rey y señor de la política aparcando las críticas internas que tuvo Rajoy durante la larga etapa del gobierno en funciones, haciendo y deshaciendo a su gusto y aparcando –ahora que el viento le sopla a favor- viejas disputas. Su congreso se prevé plácido y solo guerra de guerrillas –como la acumulación de cargos de Dolores de Cospedal- no parece que afecten la estabilidad del proyecto. El poder une y se deja para mejor ocasión las críticas. Pero a veces los congresos de unanimidades son ficticios y los resquemores se agrandan con el tiempo.

Pero la placidez de este partido es la excepción del panorama político donde las luchas cainitas de los demás fuerzas parlamentarias están en el orden del día. Los socialistas, tras el golpe de mano que derrocó a Pedro Sánchez, se encuentran con una gestora de los barones en guerra con sus militantes y, lo que es peor, sin una ideología definida. Para más inri, unas bases que se consideran de izquierdas comprueban como la política de la actual dirección provisional –palabrería aparte- permite a la derecha pura y dura que representa Rajoy hacer y deshacer a su antojo, y esto duele.

No es mejor la situación de las fuerzas emergentes. Podemos da el espectáculo cada día y la pugna entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón es más que cruenta. Cada día que pasa parece que las guerras internas se están convirtiendo en fratricidas con lo que desconcierta a un electorado advenedizo que un día respaldo de una manera significativa la irrupción de una propuesta que propugnaba una nueva forma de hacer política. Además sus confluencias también enseñan las uñas e incluso la alcaldesa de Barcelona –Ada Colau- amenaza con volar por su cuenta.

No es mejor la situación de Ciudadanos. Tras haberse entregado con armas y bagajes al PP (pese a las promesas de su líder durante la campaña de impedir un gobierno presidido por Rajoy) y firmar un pacto que los populares no piensan cumplir, ahora Albert Rivera decide pasarse al liberalismo provocando las iras de los que habían visto sesgos socialdemócratas a su proyecto. Las crisis territoriales también están al orden del día y sus promesas de regeneración de la vida política sólo se cumplen de una manera muy peculiar…

También navega en aguas turbulentas los herederos de la vieja CDC. Muchos de sus militantes no se han afiliado al nuevo PDeC y sus pugnas internas sobre el proyecto independentista los deja en caída libre, mientras deja vacío el espacio político del centro derecha nacionalista.

Son tiempos de crisis y la evidencia que Mariano Rajoy, pese a su exigua mayoría minoritaria, ganó claramente las elecciones y puede tener tiene fundadas esperanzas que la legislatura dure cuatro años.

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