Federalismo y centralidad del PSOE

04/01/2017

Luis Díez.

El año que acabamos de estrenar se anuncia lleno de acontecimientos políticos y parlamentarios, comenzando por la Conferencia de Presidentes que tendrá lugar el próximo 17 de enero en el Senado.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se ahorró este debate en la legislatura pasada. Entonces iba sobrado de votos y escaños y podía hacer (y deshacer) cuando le viniera en gana. Ahora el escenario ha cambiado y el reparto y los recortes del gasto público requiere diálogo y concierto.

La educación, la sanidad, la ayuda a las personas dependientes y otros asuntos que afectan a nuestra vida diaria serán materia de debate de los gobernantes autonómicos entre sí y con el Gobierno central.

La Conferencia de Presidentes tendrá por eso, porque ahí se va a decidir la financiación autonómica, la participación de las administraciones territoriales en los impuestos y los “hechos diferenciales” que merecen especial consideración en euros contantes y sonantes, una importancia muy alta.

El jefe del Ejecutivo desea –ya lo dijo en la rueda de prensa de fin de año– que “esas personas” (en referencia al lehendakari Iñigo Urqullu y al president catalán Carles Pigdemon) asistan al cónclave. Si no lo hacen será, según Rajoy, porque habrán “abdicado de su responsabilidad”. Pide Rajoy que al menos “no dejen la silla vacía”.

Lo contrario, además de ser negativo en sí, lo es per accidens, pues habrá que ver si el rey Felipe VI está dispuesto a posar en la foto de familia sin los representantes de una parte tan importante del Reino de España como son Cataluña y Euskadi. Puro simbolismo.

En la mencionada Conferencia, la presidenta andaluza, Susana Díaz, avalada por el Comité Federal del PSOE, que se reúne el sábado 14 de enero, representará el proyecto socialista, progresista y federal, frente al conservador del PP, con pulsiones centrípetas y controladoras. Pura física.

Lo importante no son ya las competencias, el cuánto y en qué mandan, sino cómo mandan: con honradez y eficacia o sin ellas, es decir, con corrupción subjetiva y objetiva. Si la honradez hay que darla por supuesta mientras no se demuestre lo contrario, la “corrupción objetiva” es un concepto más amplio que, por maldición o desgracia, practican cada día los cuantiosos titulares del poder cuando no se ocupan de lo que deben ocuparse, sino de crear problemas a la gente.

Eso sin contar la profusión de tonterías y diatribas por minuto en las que se enredan para salir en la tele y los demás medios de comunicación social. Esa “corrupción objetiva”, la del sistema, debería merecer tanta o más atención y mayor sanción que la subjetiva. Pura razón.

Ya en referencia a los acontecimientos políticos vale reseñar la segunda semana de febrero por ser la prevista para que el PP y Podemos se miren el ombligo en su congreso y su asamblea, respectivamente.

En el PP se disputan el relevo en la secretaría general, es decir, la silla de María Dolores de Cospedal, varios candidatos como son el alavés Alfonso Alonso y el zamorano y actual vicesecretario Fernando Martínez Maillo. Ambos son valiosos y capaces. Al final ganará el que diga Rajoy, que para eso manda.

En Podemos se vive con pasión estudiantil el enfrentamiento entre Pablo Manuel Iglesias e Iñigo Errejón. Y se observa con sorpresa y pasmo que algunos dirigentes de la organización que alardea de la democracia directa ni siquiera admita la proporcionalidad para formar su dirección. Cosas veredes, amigo Sancho, que dijo don Quijote.

La coyuntura es inmejorable para que el PSOE supere la crisis de liderazgo e incida en las decisiones de gobierno, que son las importantes, para que la mejoría económica alcance a la clase media trabajadora. Los socialistas ocupan la centralidad política y saben que el gobierno no puede tomar ninguna decisión sin contar con ellos, es decir, con sus 85 diputados, de modo que menos prédica y más trigo. Ellos sí que pueden.

 

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