Linde sobre las pensiones y otros brochazos

15/02/2017

Luis Díez.

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, satisfizo con cuatro brochazos el manifiesto interés de sus señorías del Pacto de Toledo en conocer sus planteamientos ante el déficit de la Seguridad Social y el consiguiente riesgo de las pensiones. Linde no se complicó la vida. Primer brochado: reducir las pensiones por la vía de bajar el porcentaje del último salario que se recibe como pensión, también conocido como “tasa de sustitución”; segundo: fomentar las “pensiones complementarias” o fondos privados de pensiones; tercero: que el Estado financie el importe de las pensiones de viudas y huérfanos, y cuarto brochazo: puesto que vivimos más años y la sociedad envejece a una velocidad endiablada, habría que prolongar más todavía la vida laboral y retrasar la edad de jubilación.

Esa última aportación fue la más creíble en boca de quien nació en 1945, tiene 72 años y debería estar jubilado hace siete o, cuando menos, haber dejado el cargo hace dos años, al cumplir los 70, como disponía la ley del Banco de España y ya no dispone porque la han cambiado para que Linde pueda cumplir el mandato íntegro de un lustro y retirarse en 2018.

La comparecencia del gobernador vino precedida, el miércoles, del uso de la brocha gorda por parte del jefe del Gobierno en el pleno del Congreso. En respuesta a la conversación de quince minutos con el estadounidense Trump, por la que se interesó el socialista Antonio Hernando, manifestó que le había trasladado su visión de la economías española, el brexit, el futuro de la UE y la relación bilateral, que “es buena y debería seguir siéndolo”, dijo. “Le hablé de inversiones y relaciones comerciales y le expuse la necesidad de seguir cooperando en materia de seguridad y defensa y de lucha contra el terrorismo”.

Se quejó el del PSOE que no mencionara la especial situación de los trabajadores de Rota y Morón (sometidos a sucesivos EREs) ni le expresara su desacuerdo con la desregulación bancaria y la falta de aprecio a los derechos humanos, así como su preocupación por el rechazo a los hispanos, los mexicanos y a América Latina en su conjunto. “Ha renunciado a defender a la comunidad iberoamericana de naciones para ponerse al servicio del señor Trump”, resumió Hernando antes de asestarle: “Ni nos identificamos ni estamos orgullosos de su representación de España, más bien nos avergüenza su actuación”. A lo que Rajoy respondió con otro brochazo: “No me preocupa su opinión porque ustedes hubieran hecho lo mismo; somos socios y amigos y yo incido más en lo que estamos de acuerdo”.

Rajoy dispensó brochazos a Aitor Esteban, del PNV, sobre la continuidad de la central nuclear de Garoña. “Estamos en trámite de audiencia y ya decidiremos”, dijo. Y brocha gorda también al portavoz de ERC, Gabriel Rufian, sobre “la judicialización del proceso catalán”. El jefe del Gobierno le invitó a distinguir entre el debate político y el cumplimiento de la ley. “No seamos exóticos: si alguien, político o no, se sitúa fuera de la ley, la justicia interviene”. Se quedó Rufian protestando contra “el imperio de la ley” española y una sarta de flagrantes inhibiciones de la justicia, y entonces Rajoy rubricó el mural con pincel fino: “En política no hay absurdo imposible”.

De la igualdad ante la leyes fiscales se ufanó el ministro de Hacienda y Función Pública, Cristóbal Montoro, al responder al socialista Antonio Hurtado y al liberal de Ciudadanos Juan Carlos Girauta,  sobre la investigación de la Agencia Tributaria al exvicepresidente y expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, al que se imputa un fraude a Hacienda de más de seis millones de euros. “Es lamentable, sí, pero no existe impunidad para nadie”. Girauta esbozó algunas maniobras para frenar la investigación de los más de 14 millones de euros que Rato no declaró y supuestamente evadió, pero Montoro se atribuyó el mérito de haber anunciado que quienes se acogieron a la amnistía fiscal serían investigados. Y entre ellos, con “gran pesar personal” estaba Rato, un hombre, sin duda, muy preocupado por su jubilación. Lógico.

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