La sesión europea, aunque decididamente alcista, no ha dejado un buen sabor de boca. Apuntaba mucho más alto y no supo mantenerse cuando en Wall Street comenzaron las dudas. Quizá pueda salvarse de la quema un sorprendente CAC francés que, tras varios días de «melancolía» parecía hoy querer demostrar al mundo que sus señales de debilidad de los últimos tiempos han remitido.
En realidad no es nada nuevo que los mercados europeos dependan absolutamente de lo que haga Wall Street en el periodo en el que hay actividad bursátil a ambos lados del Atlántico, pero lo de hoy ha sido demasiado evidente. Los índices europeos subían y subían y quedaron el mitad de la subida por obra y gracia de una apertura dubitativa en Wall Street.
Sin embargo, no deja de ser cierto que esta dependencia sería menor si tuvièrmos más convicción, más ganas, más dinero y más valor a este lado del Continente. Ocurre dos o tres veces al año y hoy, por lo que se ve, no tocaba.
Y como siempre, mi particular opinión sobre el Ibex. Sigue de pena, los comentarios y diretes sobre la deuda griega no le hacen ningún favor y, para colmo, la repercusión internacional de la acampada de Sol no está siendo demasiado acertada. Washington Post dedicó la foto de portada a Sol y las explicaciones no fueron demasiado acertadas, así que supongo que si algún yankee quedaba en el mercado español habrá salido despavorido.
Total, que todo se junta, como casi siempre que las cosas pueden ir mal. Estamos en una fase de inicio de impulso y siempre se puede frustrar, así que mucho ojo porque no va a ser sencillo.
Al cierre, el CAC había avanzado un 1,25%, el Dax un 0,75% y el Footsie un 0,55%. El Ibex bastante tuvo con un avance del 0,32%.
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