Para que luego hablen de la autonomía e independencia de los agentes sociales. La que se gastan en la patronal es para volver loco al más pintado e imposibilitar que empresarios y trabajadores se solucionen sus castañas sin la mano alargada de los partidos políticos. Como se suele decir, las casualidades no existen y ¡qué casualidad! que cuando todo estaba listo para ser firmado, a «15 minutos» de cerrarse todo, como acaba de explicar el líder de CCOO, Juan Rosell diera marcha atrás para volver a empezar.
¿Es casualidad que este cambio repentino se haya producido cuando el PP ha arrasado en comunidades y ayuntamientos de toda España? Total quedan diez meses, que descontado verano y navidades, práctiamente se quedan en ocho, para que como dicen las encuestas el PP llegue a La Moncloa. Y de ser así, y si los sindicatos se ponen farrucos, el presidente Rajoy podría «ejercer su responsabilidad» para reformar la negociación colectiva. Y por lo que han dicho los populares, sus tesis se aproximan más a lo que dicen los empresarios…
Para qué se ensalza la autonomía de las partes cuando por todos es sabido que no es real, si bien es cierto que ni los sindicatos están contentos con el Gobierno socialista ante la lista de recortes sociales que les ha llevado a convocar una huelga general. Y aún así, en la CEOE querían más, y después de abaratarse el despido -su lucha permanente, por lo que ya no es descartable que su aspiración sea de que además de libre, el despido sea gratuito-, consideraron la reforma laboral «insuficiente».
Con la negociación colectiva, la máxima norma regulatoria de las relaciones laborales en las empresas, vamos camino de eternizarnos. Un simple repaso a los hechos así lo demuestra, porque estas negociaciones comenzaron en la primavera de 2010; las negociaciones de la reforma laboral la paralizaron, y la imposición por parte del Gobierno dieron al traste con el diálogo social que sólo fue posible recomponer en febrero de este año con la firma del Acuerdo Social y Económico (ASE, para los amigos de las siglas). De este último acuerdo surgió el compromiso en firme de avanzar en la reforma de la negociación colectiva, poniéndose como fecha para tenerla terminada el 18 de marzo. Pero no fue posible. En defensa de la autonomía de las partes, y ante las «prisas» del Ejecutivo, se dijo que no querían límites, y así llegó Semana Santa en abril y, luego, las elecciones del 22-M, que según nos explicaron no era época conveniente para que lo político no interfiriera en la firma y que ningún partido se «colgara una medallita».
Y cuando todo parecía que se encauzaba y las plumas para la firma estaban llenas de tinta, la CEOE vuelve a marear la perdiz. Los sindicatos explican que han dado marcha atrás. ¿Por qué? En la patronal nadie da una explicación. También es cierto que cuando el acuerdo estaba cerca tampoco lo aseguraron… Y mientras tanto, la negociación de los nuevos convenios está prácticamente paralizada a la espera de las «buenas nuevas». ¡Menos mal que las empresas españolas no son como Telefónica que puede permitirse el lujo de despedir al 24% de su plantilla y correr con todos los gastos! Ahora mismo, la crisis ha puesto el mango de la sartén en manos de los empresarios. No ser despedido es la moneda de cambio para congelar salarios o incluso reducirlos. En las grandes empresas, todo hay que recordarlo, no se emplea la misma vara de medir los sueldos entre los «bonus» y la mejora salarial de los trabajadores. Terminaremos creando una brecha salarial insalvable.
Así las cosas, y ante la marcha atrás de la CEOE mientras los dirigentes sindicales se lamentan ante la impotencia del último giro empresarial, el Gobierno ya les ha advertido que el día 10 de junio, segundo consejo de ministros del mes, sacará adelante la reforma, apelando al ejercicio de su responsabilidad y pese a la «autonomía» de las partes. Claro está que entre unas cosas y otras, los plazos del trámite parlamentario podría dejar en papel mojado esta reforma, aunque es necesaria… ¿Se mareará también la perdiz en el Parlamento?
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