Rectifica, pero paga

03/06/2011

Maite Vázquez del Río.

La canciller alemana nos tiene ojeriza. Nos ve como un país tercermundista, y la prensa alemana aplaude y agrega más leña al fuego. Mejor mirarse al ombligo, no sea que les vaya a salir una alerta sanitaria que nos ponga en cuarentena a toda la Unión Europea y vecinos. Para el Gobierno español la “crisis de los pepinos” debería haber sido la gota que ha colmado el vaso, y dejarse de pamplinas, dando un puñetazo en la mesa de las más altas instancias europeas.

Angela Merkel lleva un añito fino con España, mientras hasta el Financial Times hasta nos defiende. Vino en febrero a leernos la cartilla y redactarnos letra por letra lo que debíamos hacer. O eso o la bancarrota. Después decían que Margaret Thatcher era la “dama de hierro”, aunque ahora con los recientes sucesos la podemos llamar la “dama del pepinazo”, más que nada porque Alemania ha lanzado un pepinazo contra la agricultura española. Hace poco hasta nos dijo que teníamos más vacaciones que nadie, una clara muestra de su desconocimiento y ojeriza, porque en España se trabajan más horas que en Alemania. Y la tercera en la frente: los pepinos. Y aupada por sus críticas todos los medios de comunicación la han emprendido contra España y las condiciones laborales y salariales del campo. Vamos que somos unos negreros intoxicadores, vagos e indisciplinados.

No vale decir luego, que no, que los pepinos españoles no son, mientras nadie les pone la cara colarada  porque el “problemón” que tiene nos evoca al que en su día vivimos en España con el caso de la colza. Y ya entonces no se señaló con el dedo a nadie sin tener las pruebas suficientes. Pero Merkel, tan preocupada como está para mantenerse en la cancillería, tiene una amenaza alimentaria de aúpa y no sabe de dónde le viene. Y lo peor es que está contagiando a todos. Y nos miraban por encima del hombro a griegos, irlandeses, portugueses y españoles por ser periféricos y responsables de contagiar los mercados y poner en peligro al euro. Debe ser que el dinero importa más que las vidas a la canciller.

Pero si se trata de dinero, poco le importa el daño irreparable que ha causado al agro español. ¿De qué les vale a los agricultores que Merkel llame a Zapatero y se comprometa a “estudiar” compensaciones económicas? Y lo gracioso, ya que la economía alemana va de sobrada, espera que la Unión Europea nos ayude, como si los franceses o el resto de los miembros de la UE nos hubieran señalado con el dedo. Sólo ha sido ella. ¿Por qué deben pagar los otros por sus errores?

Que no se piense que con un puñado de euros va a solucionar el problema, porque las dudas que ha dirigido sobre la salubridad de los alimentos españoles han causado un daño irreparable a nuestra imagen. ¿Cómo va a arreglarlo? ¿Comiéndose un pepino ante las televisiones de todo el mundo? Esta bien que rectifique, pero que pague, primero las cosechas perdidas y, después, todo el inmenso daño que ha causado a nuestra imagen. Menos mal que no tiene tantas vacaciones y tiene tiempo para hacer las cuentas.

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