El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, se encargó a última hora de hoy de recordar al mercado que la euforia desenfrenada no tiene demasiado sentido. En una comparecencia en el Senado lamentó que los políticos «estén haciendo política con el techo de deuda». Bernanke reconoció que es «absolutamente necesario» que las Cámaras y la Casa Blanca lleguen a un acuerdo para recortar el presupuesto federal en los próximos años, pero indicó severamente que «no se debe tomar como moneda de cambio el techo de deuda porque es peligroso».
Les cuento esto antes que lo que hacía el mercado porque las palabras de Bernanke lograron frenar la euforia desatada por el presunto arreglo del segundo episodio de la crisis griega y unos datos de ventas minoristas no tan malos como los esperados. Iba Wall Street camino de una sesión histórica y la lógica aplastante (por una vez) del jefe de la Fed puso los puntos sobre las íes. Trapichear con el techo de deuda para conseguir recortes en el presupuesto es jugar con fuego.
No es mucho mérito, pero en el comentario de hoy mismo sobre los mercados europeos, escrito unas horas antes de que hablara Bernanke, recordé que el verdadero peligro para el mercado y para la economía mundial sigue sin resolverse. Seguró que el jefe de la Fed no me leyó ni nadie le contó lo que yo contaba, pero habló y bien claro. Ya empieza a preocuparme el estado de mis neuronas si comienzo a coincidir con las opiniones del personaje que cree que imprimiendo dólares se arregla cualquier crisis.
Total, que la última hora fue aprovechada por Wall Street para pararse un poco y palparse los bolsillos. No fue un frenazo en seco, pero sí un respiro en la orgía alcista que se había montado. Eso sí, al final, las alzas fueron considerables. El Dow Jones avanzó un 1,03%, el S&P 500 un 1,26% y el Nasdaq Composite un 1,48%.
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