Para que luego digan, que si libertad de capitales, de trabajadores, que todos la misma moneda, las mismas instituciones… pero en la Europa del euro solo son dos los que mandan y los demás vamos al rebufo. Nos reprenden, presionan y dictan los deberes, y el que se salga del carril mal va. Angela Merkel lleva la voz cantante, al fin y al cabo, es la que dirige a la principal economía europea, la locomotora, y todos tenemos que seguir sus órdenes para que esa locomotora no pierda velocidad. Y Nicolas Sarkozy es su lugarteniente.
La férrea disciplina alemana no perdona. Sus dudas sobre el dinero para rescatar a Grecia –mucho teatro ha parecido, después de todo- han vuelto a traer a los mercados a las andadas, presionando a los débiles. Eso sí, ha servido para que Grecia se ponga las pilas, arregle las diferencias políticas y se ponga a reformar como un poseso, pese a que la prima de riesgo española haya alcanzado niveles históricos (290 puntos básicos casi) y la rentabilidad de la deuda soberana portuguesa supere el 11%.
Y después de tanto descalabro, la disciplinada Merkel vuelve a comprobar –y no es la primera vez- que lo que realmente se pone en peligro es el euro y hasta su propio crecimiento económico, y como si traicionara a su férrea voluntad cede y reconoce a los cuatro vientos que “habrá una participación voluntaria de los tenedores de deuda”. Mensaje de confianza a los confines de los mercados, especuladores y demás inversores que juegan a ganar siempre.
Merkel ha dado pocas explicaciones de cómo se hará (¡faltaría más!), pero al menos ha dejado abierta, por fin, la puerta al segundo rescate griego, país a cuyo gobierno le está haciendo sudar sangre por sus mentiras sobre las cuentas públicas antes de la crisis, y porque sigue sin cumplir sus compromisos y fallando en todos los objetivos. Ni poniendo a todo el país en venta saldrá del atolladero sin ayuda.
Y es que el tiempo en estas cuestiones de pagar primeros vencimientos es fundamental, y tras la amenaza de Merkel de tomar la decisión en septiembre, ya todo se daba por perdido. Y lo que antes era tomarse tiempo ahora se ha tornado por abordar el problema griego “lo más rápido posible”. La canciller manda y todos los estados se han puesto a ver cómo hacerlo “cuanto antes”… y en ese pack se incluye al FMI y también, la novedad de este segundo rescate, a la banca privada.
El informe definitivo –que deberán elaborar BCE, FMI y UE- deberá presentarse lo antes posible. Y si no se ponen de acuerdo las tres instituciones, serán los gobiernos comunitarios los que tomen cartas en el asunto para que no se pierda ni un minuto. La consigna de Merkel es “no perder el tiempo” (pese a la semana que nos ha dado sus dudas).
De lo que sirve “tener la sartén por el mango” y sobre todo dirigir un país cuyo crecimiento económico es envidiado, porque también hay que reconocerlo, Alemania hace mucho que hizo los deberes en su mercado laboral, en la cualificación y formación de sus trabajadores, en la competitividad de sus multinacionales y pymes… Tal vez su oveja negra sea el sistema financiero, pero en este sector quién esté libre de pecado que tire la primera piedra.
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