Se veía venir para desastre de todos, pero la oposición griega no se quiere cuadrar ante la canciller alemana Angela Merkel, quien por tierras helenas va extendiendo sus tentáculos sobre los recortes que contiene el plan de ajuste. Mal momento para plantarle cara a la canciller, pero alguien lo tenía que hacer. A día de hoy nadie puede demostrar que reduciendo pensiones (en Grecia no son igual de elevadas que en Alemania) o despidiendo funcionarios, después de todos los recortes que ya se llevaron a cabo en 2010, y demás recortes sociales y subidas de impuestos, Grecia vaya a solucionar sus problemas de déficit público o de recuperación económica.
La gran pregunta es si Grecia acaba en bancarrota, como Merkel les amenaza. Lo increible es que la canciller alemana no se haya dado cuenta todavía que son sus bancos los primeros perjudicados junto con franceses o austriacos, los principales tenedores de la deuda griega. Y aunque no hay precedentes, si Grecia termina saliéndose del euro, su aislamiento económico vendría a añadirse a todos sus actuales problemas. Vamos que quién podría quedarse a vivir en las viejas tierras de Sócrates y Platón, sin liquidez, con deudas para varias décadas, con los derechos sociales resquebrajados, una población indignada y desesperada y, para colmo de males, con una Angela Merkel muy enfadada con ellos… Más vale poner el cartel de cerrado por quiebra e irse a trabajar a Alemania.
Pero de ese varapalo saldrá toda Europa herida. El euro sigue siendo el objetivo de los mercados, y los bancos germanos están tan tocados como el resto, por mucho que la economía germana vaya como una locomotora, es imposible que su ritmo pueda continuar (ya se lo ha dicho el Bundesbank a Merkel) si el resto de los vagones la van frenando. Mientras los mercados insaciables apuntarán a los vagones de cola. ¿Esta libre Irlanda de un segundo rescate? ¿Necesitarán dinero europeo y del FMI países como Bélgica, Italia o España? De momento este jueves de Corpus Christi ya ha lanzado sus amenazas, y las primas de riesgo de esos países se dispararon de nuevo. España superó los 280 puntos básicos.
Hemos llegado al caos. Tal vez el martes, la opisción griega de la puntilla final a su país, aunque esta crisis ha puesto en evidencia muchísimas cosas. La primera, que Europa no tiene un líder que sepa mirar más allá de sus propios intereses, que cada país ha ido en un «sálvase quien pueda», sin políticas comunes reales, tan solo recomendaciones para unos y exigencias para los más pocos y, curiosamente, todas las peticiones dirigidas en la misma dirección: los derechos sociales. La Unión Europea se ha convertido en «Desunión» donde, fuera de demagogias, no se ha solucionado el problema de quienes causaron la crisis, la ambición desmedida sin tener en cuenta los riesgos. Tal vez en el Reino Unido se haya empezado a dar un primer ejemplo, que los ciudadanos sean ahora los propietarios de los bancos intervenidos.
Tal vez todos los europeos hayamos vivido por encima de nuestra posibilidades, pero ahora que todos somos más pobres, se confirma que la clase media y los excluidos de la sociedad que ya había antes de la crisis (ahora hay muchísmos más) han sido los que han pagado los platos rotos, porque les animaron a consumir, comprar y aspirar a una calidad de vida restringida solo a los más privilegiados, y con los derechos básicos (educación, sanidad…) garantizados por papá Estado. La realidad lo ha demostrado. Ni hemos tenido los gobiernos que se necesitaban ni las autoridades comunitarias e instituciones mundiales han estado a la altura de la crisis. Ha habido muchos expertos agoreros que han visto confirmadas sus visiones catastrofistas, pero ninguno que haya visto la salida. Merkel presiona a los más débiles desde su locomotora, pero no sabe todavía en la dirección en que se debe ir, porque también en su país hay trapos sucios. Gane quien gane este pulso, todos perdemos.
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