Bruselas prepara una respuesta al posible «no» al ajuste griego

27/06/2011

Maite Vázquez del Río. Los Veintisiete (menos uno) diseñan una estrategia a contrarreloj para evitar el contagio al resto de los países y la quiebra de Grecia

Pese a que al primer ministro griego, Giorgios Papandreu, le salían las cuentas, y el pasado viernes aseguraba a sus homólogos de la zona euro que este martes el plan de ajuste saldrá adelante con los votos socialistas (Pasok), los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete (menos Grecia) no las tienen todas consigo. La razón es que al voto en contra que ha asegurado el líder del partido conservador heleno, Antonis Samarás, se podría sumar también el voto negativo a algunos diputados socialistas que no creen en el plan de ajuste como solución a la crisis del país.

Por si acaso, en Bruselas tienen que preparar una solución, que al mismo tiempo sirva de señal a los mercados para que se reduzca la presión sobre el resto de la zona euro y, en especial, las economías más débiles no sufran sus embestidas.

No obstante, no se trataría solo de evitar el contagio, sino de dar una salida a Grecia que evite su quiebra, es decir, hacerla llegar la liquidez que necesita para afrontar sus primeros vencimientos del mes de julio. Como se recordará tanto el FMI como la UE aseguraron a las autoridades griegas que tendrán los 12.000 millones de euros (el quinto pago previsto del primer plan de ayuda de 110.000 euros de 2010) en cuanto el Parlamento griego apruebe el plan nuevo plan de ajuste.

Como ha explicado a este diario el profesor del IESE, Antonio Argandoña, no se puede dejar que Grecia quiebre porque el primer perjudicado sería el euro, que se depreciaría, y todos los países cuya moneda es el euro, empezando por los más débiles (Irlanda, Portugal, Italia, Bélgica y España) hasta llegar a aquellos cuyas economías ahora están más fuertes, como la propia Alemania, cuyo banco central, el Bundesbank, ya le ha advertido que habrá menos crecimiento económico en los próximos trimestres.

La razón no es otra que una gran parte del sistema financiero europeo se resentiría de la suspensión de pagos helena, sobre todo los bancos alemanes, franceses y austriacos, que son los grandes tenedores de la deuda soberana griega. No es de extrañar que desde Angela Merkel hasta Nicolas Sarkozy estén negociando con sus entidades financieras una reinversión del dinero que les llegue de los vencimientos de la deuda, alargando su nuevo vencimiento hasta diez años, eso sí de forma voluntaria. No obstante, en Austria o Finlandia no ven clara esta solución, por lo que para colmo de males ni tan siquiera hay acuerdo entre los Veintisiete sobre lo que se debe hacer.

Un plan diferente

Así las cosas, la alternativa en la que se encuentra trabajando Bruselas busca una estrategia diferente, pese a que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso asegura que no se trata de un «plan B», aunque los altos cargos europeos están trabajando en la posibilidad de no contar con el sector privado como solución, ya que ésta es voluntaria, y pese a la presión que pueda ejercer su gobierno correspondiente no se sabe cuál podría ser el resultado, dada la situación de muchos bancos. Una situación, por otro lado, que tal vez podrá llegar a conocerse a mediados de este mes si responden con toda la verdad a las pruebas de estrés.

De momento, algunos líderes políticos, como el primer ministro británico, David Cameron, ya han dejado claro que lo primero que tienen que hacer los bancos europeos es sanear sus balances y prepararse para ver cómo solucionar que no les llegue el dinero de los vencimientos de la deuda soberana griega. No habría mejor señal para los mercados que todos demostraran su fortaleza y que pueden sortear cualquier problema que se les presente.

En los pasillos de la Comisión Europea se prefiere hablar de «plan de contingencia», cuya duración abarcaría varias semanas, según reconocen algunos funcionarios que están diseñando el segundo plan de rescate griego; otros, en su lugar, les llaman «planes activos» de intervención, ya que si el Parlamento griego, finalmente, no aprueba el plan de ajuste que exige Bruselas, las autoridades comunitarias no se pueden quedar cruzadas de brazos. El problema, ahora, es conocer qué exposición tiene cada entidad europea a la deuda griega.

Curiosamente, según explican algunos funcionarios que participan en estos trabajos, aún no hay una solución concreta, y lo único que se conoce es lo que «no se hará», como realizar un préstamo puente, una propuesta que fue descartada por los responsables de Finanzas europeos, y que nuevamente no ha encontrado sitio en la lista de posibilidades.

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