Rajoy insiste en pedir elecciones anticipadas como salida de la crisis

28/06/2011

Salvador Arancibia. Una vez más el debate del estado de la nación se ha animado en las réplicas entre el presidente Zapatero y Mariano Rajoy porque las intervenciones iniciales de los dos primeros fueron bastante predecibles e incluso aburridas.

Rajoy centró su atención en los datos peores de la economía para reclamar la disolución de las Cortes y Zapatero le reprochó que el PP no haya apoyado ninguna de las reformas puestas en marcha.

El líder del PP inició su discurso señalando que, una vez más, el presidente del Gobierno se refugiaba en la crisis internacional para justificar la acción del Gobierno y sin embargo el presidente Zapatero había dejado claro por la mañana que no recurría a esa justificación al asumir que la crisis española estaba definida por parámetros internos: el papel de la construcción y el endeudamiento privado.

Mariano Rajoy dedicó parte de su intervención a señalar los puntos flacos de la situación española centrándose sobre todo en el gravísimo aumento del desempleo y en el deterioro de las finanzas públicas medido en términos de déficit público y aumento del endeudamiento para acabar señalando que todo ello lleva a una situación en la que la economía no reacciona y que la única forma de superarla sería convocando nuevas elecciones.

El líder del PP empezó su intervención señalando que el Gobierno había conseguido algo excepcional: hacer que el debate del estado de la nación, que se celebra una vez al año, se haya convertido en algo permanente porque cada vez que se habla en la calle se está discutiendo de la situación global. Rajoy afirmó, en contra de lo dicho por Zapatero por la mañana, que “estamos peor que hace un año”, dado que hay algo más de 200.000 desempleados más que en junio de 2010.

Y posteriormente pasó a comparar la economía española con la comunitaria para destacar el empeoramiento no solo del desempleo, sino también del déficit, la deuda pública y la evolución de la renta per capita española que, en su opinión, ha perdido puestos en relación con la Unión Europea.

Después de estas consideraciones Rajoy pasó a criticar de nuevo el proceso de reformas llevadas a cabo por el Gobierno por considerarlas cortas y poco efectivas para devolver la confianza sobre la economía española para terminar señalando que la única salida a la situación actual sería una convocatoria urgente de elecciones generales.

Y el presidente del Gobierno rebatió las cifras, aceptando que las referentes al paro son reales e indiscutibles, pero que las demás que el presidente del PP usaba no se ajustaban a la realidad por entender que España sigue siendo uno de los países con menos deuda pública de la Unión Europea y que, en el conjunto de la legislatura, la renta per capita ha mejorado respecto a los países comunitarios.

Pero en cualquier caso se trataba de un nuevo diálogo de sordos entre dos personas que políticamente están en las antípodas y que es imposible que lleguen a entenderse entre otras cosas porque se conocen ya tanto que es imposible que uno sorprenda al otro.

Rajoy insistió en las elecciones anticipadas y Zapatero le respondió varias veces que llegarán cuando sea sin comprometerse en absoluto. La única licencia que se concedió fue, medio en broma, cuando respondió a Rajoy que si realmente el PP presentaba los proyectos de ley que anunciaba, no habría más remedio que agotar la legislatura “para poder estudiarlas”.

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