Grecia vive la peor semana de su historia reciente. El país se ha llenado de manifestaciones, disturbios y protestas interminables amparadas en la cuarta jornada de huelga general que vive el país, sin que nada haya cambiado un ápice sobre la decisión del Gobierno, tal y como le exige Bruselas, de aprobar uno de los planes de ajuste más duros conocidos del siglo XXI. La tensión de la calle, que este martes acabó con decenas de heridos y detenidos, se ha trasladado al Parlamento, donde junto con los votos en contra de los partidos de la oposición, el no al plan de ajuste también parece empezar extenderse entre algunos de los diputados socialistas del Pasok, el partido que sostiene el Gobierno. Yorgos Papandreu, el primer ministro, se encuentra entre la espada y la pared.
«Les pido que escuchen su alma, la conciencia patriótica, ya que vuestro voto es esencial para que Grecia se ponga de pie», apeló Papandreu al iniciar su primera intervención en defensa de un plan de ajuste en el que ni él mismo cree. Las disidencias entre los diputados socialistas han ido en aumento a lo largo del día, con la misma intensidad que la tensión que se iba produciendo en las calles. La jornada pacífica con la que se iniciabael segundo día consecutivo de huelga general fue convirtiéndose por momentos en una batalla campal entre manifestantes y antidisturbios que se desató cuando varios centenares de encapuchados empezaron a lanzar piedras en la plaza Syntagma, que se ha convertido en el fortín de los «indignados», a los que se les han ido sumando manifestantes y trabajadores. Los policías antidisturbios tuvieron que emplearse con contundencia para frenar a los violentos. El enfrentamiento de los antisistema con las fuerzas públicas acabó con decenas de heridos y detenidos.
El resto de la segunda jornada de huelga supuso la paralización total del país, con la mayoría de los transportes secundando el paro, junto a toda la Administración, hospitales, entidades financieras… A través de dos manifestaciones los ciudadanos griegos mostraron su rechazo total a las medidas de ajuste, con sus críticas más feroces contra dirigentes comunitarios como Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, sin olvidar al Gobierno heleno.
Mientras tanto, la seguridad de Papandreu de que va a sacar adelante el plan de ajuste se fue diluyendo a lo largo de la sesión parlamentaria. Al primer ministro griego le salían las cuentas en Bruselas. Los 155 escaños socialistas eran suficientes para sacar adelante las medidas, pese al voto contrario confirmado del principal partido de la oposición. Hasta que este miércoles se realice la votación no se despejarán todas las dudas, ante el aumento de diputados desertores, que dudan sobre la necesidad de privatizar todas las empresas públicas o interpretan que el plan supone una pérdida de soberanía nacional.
¿Se conseguirá con ese plan ahorrar 50.000 millones como asegura Papandreu? Esa es la gran incógnita que se une a si el esfuerzo que ello supone merece el sacrificio que se pide a la población. Dos o tres diputados socialistas podrían hacer saltar las cuentas de Papandreu, quien aún mantiene su esperanza de poder compensar esas pérdidas con los cinco diputados de una escisión del principal partido de la oposición, cuyo voto final aún sigue siendo una incógnita.
En las calles no importa si el país podrá hacer frente a los vencimientos de deuda que se producen en julio, solo se tiene en cuenta el recorte de las pensiones, el despido de 150.000 funcionarios, la subida de impuestos, la venta de todas las empresas públicas (un plan de privatización que reportaría casi la mitad de lo que se espera obtener en este plan de ajuste), la creación de una tasa solidaria que gravará las rentas del trabajo entre el 1 y el 5%, según los ingresos y una reducción del mínimo exento de 12.000 a 8.000 euros, o nuevos impuestos a empresas y autónomos.
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