La tragedia griega no tenía por qué ser trágica, aunque a menudo lo era. Era solo una representación. Pues bien, a lo que hoy se ha representado en Grecia le pasa exactamente lo mismo pero a la inversa. El final, aparentemente feliz, no tiene por qué serlo tanto.
Es un final feliz para los mercados, que lo han celebrado por todo lo alto (llevaban ya dos días de celebraciones y aún no se había aprobado). Los mercados quería el sí al programa de recortes para que Grecia no cayera en el «default», por el riesgo de contagio, por no poner en entredicho al euro…
Pero está por ver que el final sea tan feliz. Me atrevo a aventurar que los mercados, a no mucho tardar, se darán cuenta de que solo por la vía de los recortes es complicado sacar a Grecia de la crisis. A Grecia y a cualquier economía. Cierto es que hay que sanear las finanzas públicas y embridar el déficit del país, pero no es menos cierto que las condiciones que se han impuesto pueden resultar muy dañinas.
El riesgo que se corre es el de estrangular por completo la economía griega, lo que no es deseable. Esperemos que en la aplicación de las reformas y los recortes cunda el sentido común y no se repitan errores ya cometidos anteriormente por el FMI, y recuerdo directamente a Argentina.
Pues bien, se aprobó el plan y desde bien temprano los mercados las había aprobado por su cuenta. Corría la especie de que solo un diputado del PASOK se opondría, lo que no ponía en peligro la mayoría necesaria. Y luego que algún diputado de la oposición apoyaría a Papandreu.
Se cumplieron al 100% ambos pronósticos y el mercado decidió que tocaba hacer cierta la máxima bursátil por excelencia y ya que había subido como la espuma con el rumor, aprovechó la noticia para empezar a hacer caja.
De ahí que la mayor parte de los índices (el FTSE británico fue la excepción y terminó en máximos, pero ya saben que allí son tan raros que conducen por la izquierda) recortaran ligeramente en el último tramo de la sesión. eso sí, consiguieron pingües ganancias.
Al cierre, el Dax subía un 1,73%, el CAC parisino un 1,88% y el FTSE británico un 1,55%. El Ibex estuvo mejor y llegó al 2,08%. Lógico, era el que más se jugaba en Grecia y el que menos celebración previa se había permitido.
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