Podrán decir luego que son matices o distintas interpretaciones, las declaraciones de ayer de varios miembros del Gobierno fueron contradictorias a pocos días de la proclamación de Rubalcaba como candidato socialista a la presidencia del Gobierno.
Mientras Elena Salgado insistía en el mensaje más económicamente ortodoxo de que no es el momento de subir los impuestos a los que más ganana, el de Trabajo arremetía contra los salarios de los altos directivos.
Pero no fue el único. El ministro de la presidencia, Fernando Jaúregui, se situó en posiciones más cercanas a las del titular de Trabajo. En declaraciones a la Cope Jáuregui apostó este miércoles por gravar más los ingresos de los banqueros o, también, porque se trasladen los beneficios de la entidad al «conjunto de los empleados» como se hace en Francia.
Aunque reconoció que estas decisiones son una «intromisión» del legislador en una actividad privada, Jáuregui recordo que los ciudadanos se «escandalizan» al ver el abanico salarial de las entidades financieras porque no entienden que el motivo por el cual el que dirige la compañía gana «mil veces más» que el que «menos gana» de la empresa. La misma expresión que su compañero de gabinete, Valeriano Gómez.
¿Y el candidato Rubalcaba? No habló como ellos pero si lo había hecho en los días anteriores y sus mensajes estaban más en la línea de Gómez o Jaúregui. Rubalcaba defendió el aumento del límite de sueldo inembargable aprobado por el Gobierno y arremetió contra quien, desde la banca, fomentó que se concedieran las hipotecas que ahora no se pueden pagar. «¿No tienen nada que decir?» , se preguntó Rubalcaba.
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