El fantasma del derrumbe

11/07/2011

M. L.. 11-07-2011

El fantasma del derrumbe más estrepitoso recorre Wall Street y no sólo por la deuda europea, aunque también por eso. Que el problema de la deuda europea llegue a Italia (por fin parecen haberlo visto) es algo mucho más serio que cualquiera de los escenarios estudiados hasta ahora, pero si la conjunción es Italia y un posible default americano, es para echar a correr ya. Y eso es lo que están haciendo los más prudentes.

Porque sí, en Europa las cosas están mal y no tienen visos de mejorar a muy corto plazo dada la inoperancia absoluta de las instituciones comunitarias, pero en Estados Unidos las cosas no están mejor que en Europa. Obama se ha enrocado y los republicanos también. El presidente no acepta recortes sustanciales en sus «planes estrella» de protección social y los republicanos se niegan a una subida de impuestos que pueda contribuir a financiarlos.

Además. Obama se niega a un acuerdo «provisional» que permita salvar los muebles y que Estados Unidos pueda emitir deuda durante lo que queda de año de forma transitoria. Quiere un acuerdo de futuro. El presidente dice que «esto es Estados Unidos y nuestros compatriotas no nos han elegido para poner parches sino para resolver problemas». Y lleva razón, absolutamente. Otra cosa es que al final consiga el acuerdo que él quiere.

De momento, ha hecho una concesión que a los republicanos les parece tramposa. No subir los impuestos antes de 2013. Es decir, que una vez reelegido subiría los impuestos o dejaría este asunto en manos de un hipotético presidente republicano si es que Obama pierde la reelección. Es una bonita manera de no perjudicar su campaña electoral y, en último caso, «pasar el marrón». Los líderes republicanos se han partido de risa y mucho me temo que esto no contribuye en exceso a un diálogo rápido y eficaz como el que se necesita. El 2 de agosto está a la vuelta de la esquina.

Así que no miren el asunto de Wall Street en clave europea exclusivamente. Ellos también tienen su propia procesión, de esas que van por dentro y que se publicitan poco, pero que poco a poco va carcomiendo todo lo que encuentra a su paso. Y, para colmo, hoy comienza la temporada de resultados. Los primeros, los de Alcoa, no parecen malos pero tampoco llegan a lo previsto por los expertos. Si en los próximos días no hay algo muy bueno y sustancial, podemos tener bajadas para rato.

¿Algo positivo? Sólo una cosa, pero puede ser el clavo ardiendo. El Dow Jones se ha agarrado, parece que con decisión, a la barrera de los 12.500 puntos. Puede ser algo, pero también puede ser absolutamente nada porque lo cierto es que el Nasdaq ha perdido por completo la pujanza demostrada en la semana anterior.

En cualquier caso, es todo tan exagerado que me parece demasiado ficticio para ser tomado muy en serio. Creo que aún quedan conejos que sacar de la chistera y que si llega el momento de tener que sacarlos, los sacarán. ¿Quién? Increíblemente, Ben Bernanke. Dénle tiempo y motivos a este hombre y nos volverá a inundar de liquidez en menos de lo que canta un gallo, por mucho que haya dicho que verdes las han segado y que después de la QE2 no habría QE3. Recuerden: es tercer año del ciclo presidencial y eso son palabras mayores.

De todas formas, al menos a corto plazo, se recomienda la abstinencia total. Dejen a los que quieren pelearse que se peleen y dediquen su tiempo al merecido descanso veraniego. Sólo si los índices volvieran a zonas de máximos empezaríamos a plantear cosas distintas y eso no va a ocurrir mañana, ni pasado mañana. Por cierto, que el Dow de industriales ha fallado en el cumplimiento de las teorías de Charles Dow y no ha hecho máximos coincidiendo con el de transportes, que sí los hizo. Mal augurio, sin duda.

En lo que se refiere estrictamente a la sesión, destacar su perfil negativo de principio a fin y, en todo caso, el tímido intento de remontar posiciones a media hora del final que devolvió al Dow por encima de los 12.500 puntos. Y mañana, déficit comercial y peticiones iniciales de desempleo. Mucho por ver y mucho por pasar.

Al cierre, el Dow Jones cedió un 1,20%, el S&P 500 un 1,81% y el Nasdaq Composite un 2%. Ahora bien, por un día debo hacer una salvedad. El Composite se mostró bastante peor que el Nasdaq 100, que bajó un 1,82%, lo que supone que los grandes valores tecnológicos se defendieron mejor que el conjunto del Nasdaq.

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