Para quienes sólo miran en el periódico del día siguiente lo que hizo la Bolsa el día anterior en el cierre, la de hoy puede parecer una sesión de «ya llueve menos», pero la realidad es bien distinta. A las diez de la mañana el Ibex y buena parte de los índices europeos se encontraban llamando a las puertas del infierno. Ya veían el cartel premonitorio del que advirtió Dante: «abandonad toda esperanza», pero el demonio no abrió la puerta, vaya usted a saber por qué. Seguramente porque nos quiere ver sufrir un poco más.
Tras llamar al timbre y aporrear la puerta sin obtener respuesta, se encaminaron de nuevo hacia una relativa normalidad, aliviados por los rumores de que el Banco Central Europeo estaba comprando deuda periférica a mansalva para moderar las disparadas primas de riesgo española e italiana. La situación mejoró un poco cuando el Tesoro italiano logró colocar los bonos previsto, aunque a tipos muy superiores a la última ocasión, y sobre todo cuando el tesoro griego hizo lo propio a tipos incluso inferiores a los de la última subasta.
Pero lo que ha quedado muy claro es que la UE ha estado completamente inoperante desde el pasado viernes. Todavía hoy ha habido que soportar al ministro holandés de economía, Jan Kees de Jager, echando leña al fuego al decir que «no es descartable un default selectivo de la deuda griega». En el colmo del desastre, están preparando otra reunión urgente para el viernes en la UE. Esperemos que sirva para algo más que para cobrar dietas a costa del bolsillo de todos los ciudadanos europeos.
Señores mandamases de la UE y de los países que los componen: son ustedes una vergüenza. Van siempre por detrás de los sucesos, siempre con la lengua fuera y demuestran una capacidad de reacción cercana a la nulidad. Hace más de un año que estamos en danza con la crisis de deuda y no han dado ustedes una a derechas. No soy un conspiranoico, pero empiezo a tener graves sospechas de que aquí hay gato encerrado
Han conseguido ustedes un difícil récord. Enarbolando la idea de una Europa unida han demostrado ustedes por la vía de los hechos que en Europa sólo existen tres realidades. El sacrosanto Euríbor, cuyos bajos niveles en el pasado financiaron la reunificación alemana a bajo coste provocando una burbuja en media Europa pero les importó un carajo. El euro, cuya paridad con el dólar ahoga ahora mismo a Grecia o a España y, encima, no favorece a la industria alemana ni a la francesa. Y los sueldos de eurodiputados y eurofuncionarios, que constituyen un auténtico chorreo a cambio de una inoperancia absoluta.
Bueno, el caso es que amenazan con volver a reunirse el viernes. Virgencita, virgencita… pero volvamos a los mercados que a este paso voy a decir algo de lo más inconveniente. Les contaba que las bolsas reaccionaron como por arte de magia cuando más desesperada era la situación y que todo parece indicar a que el BCE puso encima de la mesa lo que los políticos no parecen estar dispuestos a poner (ya me estoy yendo otra vez…)
La reacción se consolidó por una apertura de Wall Street bastante razonable, ahora un poco a la baja, ahora un poco al alza, apoyada en unos datos macro ni buenos ni malos, que ya es algo en los tiempos que corren y en la «normalización» de las cotizaciones en los mercados francés, holandés, portugués y belga que, ya es casualidad, estuvieron paralizados media mañana por incidentes técnicos en la plataforma Euronext.
Todo esto para que, al final, quien solo esté atento al resultado final pueda leer que el Ibex moderó las pérdidas al 0,69%, el Dax un 0,78%, el CAC un 0,85% y el FTSE un 1.02%. En el colmo del disparate, la bolsa italiana subió un 1,18%. Ver para creer.
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