¿Cómo protegernos del riesgo de crédito?

22/07/2011

diarioabierto.es.

Últimamente la renta fija no tiene nada que envidiar a la renta variable; al menos desde el punto de vista del riesgo de mercado. En las últimas semanas hemos visto movimientos hacia arriba y hacia abajo de más de 100 puntos básicos en el diferencial de crédito (“spread”) del bono del tesoro español a 10 años frente a su homólogo alemán. ¡Y estos movimientos se han producido en periodos de sólo dos o tres días!

Un movimiento del “spread” de 100 puntos básicos significa que la rentabilidad del bono cae o sube más de un 1%: del 5% al 6% aproximadamente. A la rentabilidad implícita de un bono la llamamos “tasa interna de rentabilidad” (cuyo acrónimo es TIR).

Estos movimientos tan violentos en los bonos se parecen más a los que podríamos esperar de la bolsa que a los de la renta fija. Además son movimientos que no están relacionados con la curva de tipos de interés si no con la opinión del mercado sobre la capacidad de pago del emisor (riesgo crediticio). Pero ¿cómo se traduce esta volatilidad de la TIR a la valoración de los fondos y carteras de inversión?

Una regla sencilla para traducir su impacto es multiplicar la variación de TIR por el vencimiento medio –en años- de los flujos del bono (que llamamos “duración”). La duración no coincidirá con el vencimiento del bono salvo que no existan cupones intermedios. La duración del bono del tesoro español a 10 años es aproximadamente de 7 años. Si multiplicamos 7 (la duración) por 1% (la TIR) obtenemos un 7% de pérdida o de ganancia. Pérdida si pasamos del 5% al 6% y beneficio si pasamos del 6% al 5%.

Es decir, una cartera que estuviese invertida al 100% en estos bonos ganaría o perdería un 7% en dos o tres días, lo cual supone una volatilidad hasta ahora reservada para la bolsa emergente o los “hedge funds”.

¿Qué está pasando? ¿Tanto han cambiado las cosas? No. Tan sólo estamos tomando conciencia de un riesgo de mercado que hasta hace poco infravalorábamos. Se trata del riesgo de crédito que, además, se intensifica cuanto más a largo plazo sean las inversiones.

¿Cómo puede protegerse el ahorrador de esta volatilidad? La mejor protección del riesgo se consigue comprando bonos con vencimientos cortos y diversificando emisores, sectores económicos y países. Comprar bonos con vencimientos cortos no es incoherente con plantear objetivos estratégicos a largo plazo –que es lo recomendable para el ahorrador-. Es habitual establecer un horizonte de inversión a 10 años invirtiendo en depósitos a seis meses.

Evitar la concentración sectorial, por países y por emisores es siempre una receta de éxito. Un dato: los fondos invertidos en una combinación de bonos corporativos y del tesoro han sufrido menos que otros fondos no diversificados. Otro dato: los fondos de inversión sobreexpuestos al sector financiero lo están pasando peor. Un último dato: la volatilidad de los índices de renta fija de bonos del tesoro de países euro –donde cada país pondera en función de su deuda emitida- se ha mantenido a niveles razonables y no han entrado en pérdidas en los últimos tres años. En el equilibrio está la virtud.

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