Quien pisa por primera vez las calles de Nueva York queda prendado por ese magnetismo especial y quizás un tanto incomprensible, y lo único que pensará a partir de esa primera visita, es en regresar. Una y otra vez. Pero no vamos a hablar de asfalto ni de calles, ni tan siquiera de pavimentos. Este artículo va dedicado a las alturas de la gran Manzana y a esas atalayas privilegiadas desde las que se pueden contemplar, en todo su esplendor, las dimensiones de esta megaurbe.
Es tiempo de Nueva York, sus terrazas y roof gardens. Una de las mejores direcciones es, sin duda, la del 230 Fifht, en la Quinta Avenida. Desde esta terraza de más de 1.200 metros cuadrados, la más grande de Manhattan, se disfrutan de las mejores puestas de sol y vistas de la metrópoli. El local, que abrió hace cinco años, es uno de los más famosos y ofrece una decoración de palmeras y animales salvajes realizados en setos, con vistas a los edificios más emblemáticos (Empire State Building, Meatlife Building, Chrysler…).
Recorra cada metro de esta terraza sin prisa, para descubrir rincones inusuales de Manhattan. El establecimiento ofrece almuerzos, cenas y brunch los fines de semana, con precios de lo más competitivos. Abren todos los días del año, desde las cuatro de la tarde hasta las cuatro de la mañana. Pero no sólo los locales nocturnos ofrecen impresionantes vistas, también los museos: es el caso del roof garden del Metropolitan (1000 Fifth Avenue con la 82). La pinacoteca es famosa por su extensa colección de obras de arte aunque dispone de otra joya, tal vez menos conocida por los visitantes: unas vistas a Central Park desde su azotea a la que sólo llegan los sonidos de los niños en el parque, un lujo en el corazón de la urbe. Otro museo con terraza panorámica es el New Museum, en Lower East Side (235 Bowery Str). Desde allí se ve Chinatown, una parte de Downtown, los puentes de Brooklyn y el de Manhattan… Ojo, la azotea abre todos los días salvo que las condiciones climatológicas lo impidan. Otro bonito espectáculo (aparte de copas y buen ambiente todos los días de la semana) lo ofrece la azotea del hotel The Strand desde donde se diría que casi se puede tocar el Empire State con los dedos…
Para seguir disfrutando de las alturas pasee por Highline, una antigua vía férrea elevada por la que transitaban los trenes de la fábrica de galletas Nabisco que, desde junio de 2009, ha sido recuperada como un vergel urbano. Hay bancos, plantas, huertos urbanos e incluso, cómodas hamacas desde las que tomar el sol cara al Hudson. Las alturas no son allí nada vertiginosas pero tendrá un enfoque de la ciudad de lo más curioso.
Y para emoción nada como subir al Top of the Rock. Cierto, un clásico, pero una visita ineludible.
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