Un círculo de sillas que poco a poco se van llenando de los escritores convocados por Paco Taibo y que conforman una de las más auténticas mesas redondas, incuso a pesar de que no hay mesa como tal. Rodeando de un público que se va haciendo más numeroso a medida que avanza la hora que tienen asignada para que hablen de fantasmas, vampiros, zombies (aunque de estos poco esta vez) y cualquier monstruo capaz de despertarnos uno de los sentimientos más primarios que existen. Rafael Marín, Juan Miguel Aguilera, Susana Vallejo, Elia Barceló, Susana Evee, Rafa Marín, Rodolfo Martínez, José Luis Zárate, Javier Márquez, José Antonio Cotrina, López Aroca, con la moderación de Jorge Iván Argiz son los encargados de recordarnos que a veces cosas tan cotidianas como no encontrar el pasaporte en el aeropuerto son capaces de provocarnos el terror más absoluto. O como Lovecraft era capaz de conseguir mucho con nada, en referencia a esas descripciones que omitían detalles concretos, o incluso descripciones propiamente dichas.
Y después de una mañana con sólo los actos de la AsturCon (Jornadas de Fantasía y Ciencia Ficción), muy relajada y asequible, y de una sobremesa multitudinaria y responsable de evitar que los participantes entraran en el sopor del que ha comido bien, la tarde empezaba su actividad frenética. La Carpa del Encuentro, la más grande en la Semana Negra, se quedó pequeña ante la avalancha de gente que acudió a ver y escuchar a la escritora valenciana Laura Gallego. Habló durante una hora de su escritura, de sus trucos, su evolución, de lo que ha significado para ella, y luego, siempre sonriente, se enfrentó a la cola de gente que quería que les firmaran un ejemplar, o varios, de su obra. Una sesión que duró más de una hora, pero en la que nunca perdió la sonrisa. Ni sus lectores, que esperaban felices la oportunidad de compartir unos minutos con ella.
Y mientras los jóvenes se convertían en los reyes de la Semana Negra durante un tiempo, Naïri Nahapétian presentaba su novela Quién mató al ayatola Kanuni. Un título arriesgado, contundente, que te mete de lleno en el mundo de contrastes que Nahapètian describe magistralmente en su novela. Un libro que enseña la corrupción de un gobierno islámico no real de nombre, pero demasiado real en cuanto a concepción y funcionamiento. Sorpresa en la audiencia cuando habla de cómo Gijón le recuerda en cierta medida a Teherán y risas y aplausos cuando explica que ambas comparten un adjetivo, y es que son sincréticas. Como la misma Semana Negra, capaz de tener en un mismo lugar comida, atracciones, mercadillo y libros, y hacer que funcione y, como Nahapétian describía, fuera “fantástico”.
Y , en la carpa de al lado, Elia Barceló y Steve Redwood hablaban sobre su último libro, Los pingüinos también se ahogan, una antología que, en palabras de su autor, pretendía mostrar que “en lo trágico puede haber algo divertido y en lo divertido, algo trágico”. Feli Ibáñez, Andreu Martin y Toni Hill iban recogiendo el relevo hasta cerrrar la jornada de la carpa A quemarropa con Emilio Bueso y su diástole. Una novela que se saltan géneros y fronteras para mostrarnos dos personajes capaces de aferrarse a su humanidad a cualquier precio. Una novela de terror muy poco al uso que se lee con una rapidez y una avidez poco habituales. Y en la Carpa del Encuentro, Fernando Marías y Carmen Posadas, con su novela Invitación a un asesinato, congregaban a un buen número de personas que también disfrutaron de la charla a tres bandas entre Hiber Conteris, Germán Menéndez y Paco Ignacio Taibo II que puso broche final a los actos oficiales de la jornada. Pero la Semana Negra seguía en todos lados, incluso en un llagar de las afueras donde prensa, escritores, traductores, editores y visitantes charlaban al sol de una banda sonora que retrotraía a veinte años atrás mientras compartían lacón, empanada y otras delicias que hacían pasar con sidra. Una comunión de arte y comida, un rito de iniciación para algunos, una tradición en cualquier caso que cuando acaba, deseas que empiece de nuevo. Pero el domingo se presenta cargado de nombres como Ramsey Campbell, Montse de Paz, María Zaragoza, Diego Ameixeiras y Andreu Martin. Porque esto es la Semana Negra, y sigue.
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