La visita del Papa y las retransmisiones televisivas han servido para que muchos barceloneses hayan descubierto las maravillas del templo de la Sagrada Familia. Muchos confesaban ayer su ignorancia sobre la obra de Gaudí y reconocían que sólo conocían el templo desde el exterior.
Si hasta ahora el monumento era casi patrimonio de los turistas japoneses, desde el pasado domingo las colas habituales que se forman en la entrada del templo se han visto poblada de nativos, presencia que seguramente se incrementará en los próximos fines de semana. “Hemos visitado construcciones de medio mundo y no hemos entrado nunca el que está al lado de casa”, explicaba un barcelonés al comentar que la televisión le descubrió esta obra de arte.
El pasado año visitaron el templo más de tres millones de personas y la entrada cuesta 14 euros, cantidad que se eleva a 16 si se trata de una visita guiada. Ello financia buena parte de las obras del templo, hasta el punto que desde hace años los responsables de la obra han dejado de hacer la cuestación para financiar el ahora basílica menor. Sus últimas campañas tenían como eslogan “los que dicen que nunca la acabaremos, no conocen nuestro pueblo”.
La construcción, que se inició en 1882 estuvo muchos años paralizada con la única presencia de cuatro torres de las dieciocho previstas. Concretamente las de la fachada del Nacimiento. El arquitecto murió en 1926 atropellado por un tranvía y buena parte de los bocetos de Gaudí se perdieron en la guerra civil- A finales de los años ochenta del siglo pasado la construcción del templo recibió un nuevo impulso al mismo tiempo que los turistas visitaban masivamente la construcción.
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