La verdadera soledad

15/08/2011

Myriam Fontaneda.

Me da pena haber encontrado casi mi verdadera realidad. Qué bonito haber vivido soñando lo que me ha pasado de verdad, actuando, moviéndome, trabajando, viajando, arriesgando, sufriendo, disfrutando, todo con un punto de imaginación al instante. Lo malo, que me ha ocurrido durante años, y me seguirá ocurriendo sin duda, me enseñó mucho, entre otras cosas a soñar más. Mi realidad la convertía siempre en un mundo para valorar y aprender; por lo tanto, un mundo que podía mejorar y me refiero a mi mundo. Mi realidad la convertía siempre en un sueño de felicidad, quitar importancia a lo que no puedes resolver y olvidarlo, mientras luchaba actuando a toda “velocidad” cuando veía que algo sí se podía solucionar. Pero, para mí, todo iba más allá, la imaginación podía más en mi mente que la realidad. Así todo lo hacía mejor.

En mi vida, atípica 100%, por responder y dejar de responder a los cánones sociales, un estatus social. Desaparecer de repente para meterme en un mundo que nada tenía que ver con el mundo donde estaba hacía tan sólo quizá una hora, no más. Ahora sé la explicación de mi ser: para poder olvidar y volver a experimentar hay que cambiar de ambiente. Así me doy cuenta de una manía que tengo sin saber por qué lo hago: cada vez que termino un cuadro tengo que limpiar todo, incluido el estudio y la bata, no dejo rastro del cuadro anterior. Aunque para algo está el subconsciente.

Hay un mundo feliz, pero hay un mundo donde manda el cerebro consciente. Claramente la pura realidad no deja paso a la imaginación y sin ella la vida no es nada, la mitad de nuestra vida nos la pasamos imaginando. La vida consciente me la muestra gente que me rodea, ¡no pueden preguntarse más dudas durante un día!, es imposible, no hay tiempo. Aunque quizá la duda sea siempre la misma, escondida en distintos argumentos, y estoy segura de que siempre está relacionada con lo mismo, “el miedo”. No se puede remediar estar rodeados de dudosos, que al final acaban por hacerme dudar a mí sobre ellos. Se apoyan en mí, me roban energía, me transmiten sus confusiones o incluso sus mentiras, ¡me vampirizan! Soy yo la que aguanto, soy yo la que espero, soy yo la que me preocupo por ellos. ¿Por qué hay gente que no puede darme más, racionalizándome su tiempo sin libertad, y yo sí puedo dar a los demás?… «Dudo».

La vida es sencilla, es básica. Se trata de asimilarla y luchar, no sentarse a cavilar. En esos segundos de duda, una vida se va. Miedo tiene mucha gente a cambiar sus costumbres, creen que su vida se descolocaría y perderían quizás algo, a lo mejor lo están perdiendo ahora sin el cambio, y todo en su sitio, colocado y ordenado. ¿Eres de los que dejas todo ordenado-desordenado en tu mente y dejas pasar la vida por enfrente? O, sin embargo, eres de los que te agarras a ella mientras pasa, cogiéndola con tanta fuerza que en cuanto sueltas un poco te relajas a la felicidad. Triunfar en el cambio es fácil, cambia tu entorno y triunfarás. Si no, nunca cambiarás.

Algo curioso me lleva pasando algún tiempo. Yo sí soy de las que cambian su vida cuando la felicidad se va, no me engaño, e incluso cambio una forma de vida por la felicidad de los demás, por personas que quiero con locura. Esto, a veces duro, llena de energía mi mente y aquí es donde viene lo curioso, me siento como el personaje de Picara en X MEN.  Ella en cuanto tocaba a alguien perdía su energía. Después se quedaba tirada, sin fuerza y casi sin vida. ¡Tanto ladrón anda suelto!, que me hicieron una persona a la que no le importa la soledad querida, pero cuando me la imponen ya no me duele, me destroza. Pero, así y todo, no me entró el miedo y sigo dando, hablando, investigando, intuyendo que otra persona más va a desaparecer en cuanto me deje robar energía. No hay cariño ni culpabilidad, suele sentir el ladrón, ya que con la frase «somos amigos» se soluciona todo. Las palabras, las promesas se evaporan en cuanto sienten calor, ¡frialdad! Para ellos. Estoy en la parrilla de espera, soy un sustituto con ganas de vivir.

Una persona sola no va a ninguna parte por mucho tiempo. Así que, si quieres algo, ponte en movimiento ¡YA!, porque el aire, aparte de las palabras, se lleva mucho más, la oportunidad, y sin imagen es difícil que algo se asiente en la memoria.

Concentrémonos para que la actividad sea óptima, porque estar bien cuesta mucho menos de lo que te imaginas, pero hay que proponérselo. El amor no se consigue sin esfuerzo.

EL PENSAMIENTO DE LAS COSAS CORTA LA CAPACIDAD DE MOVIMIENTO.

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