Gobierno en la trastienda

30/11/2011

Maite Vázquez del Río.

A falta de que se cumplan los plazos democráticos, el presidente electo del Gobierno, Mariano Rajoy, quiere llegar a su toma de investidura con un tramo del camino recorrido. Ya se ha reunido con responsables de la UE, con diferentes líderes políticos de distinta ideología y, ahora le ha tocado el turno con los agentes sociales. Cuatro serán sus ejes prioritarios de actuación del futuro Gobierno, que comenzará a funcionar a pleno rendimiento antes de Navidades: Europa, déficit público, sistema financiero y reforma laboral.

Pese a los primeros contactos, Rajoy si ha querido dejar la fotografía clara, aunque sea en el escenario de la propia sede del PP y aún con los últimos vestigios electorales del slogan «súmate al cambio» y leyéndose por todas partes «populares». Y es que al presidente electo le corre prisa granjearse la concordia social, con la que le será más llevadero acometer todas las reformas que aún figuran en su cabeza y pocos conocen. Y como sus antecesores apuesta por el diálogo social y el consenso para lograr la paz social.

Tiene claro que España necesita una reforma laboral. La realizada por José Luis Rodríguez Zapatero se quedó corta, a decir de instituciones internaciones y nacionales y todo tipo de expertos. Pero sabe que debe andarse con ojo, porque no le conviene empezar a gobernar con el anuncio de una huelga general, pero tampoco con el empresariado español en pie de guerra. Aún a sabiendas de todo ello ya les ha advertido -es lo que parece necesitar España- que si no hay acuerdo, cuando gobierne ejercerá su responsabilidad de hacer lo que necesita España. Si hay acuerdo, genial; si no lo hay, gobernará.

Nuevamente la reforma laboral parece el «bálsamo de Fierabrás» de todos los males de la economía. Es verdad que hay más de cinco millones de parados, pero con una reforma detrás de otra del mercado laboral no se va a solucionar el problema ni se va a crear empleo, a no ser que realmente se adopten medidas que, primero, calmen los mercados y les den confianza de que la economía española pueda despegar, y al mismo tiempo, que reactiven la economía, el consumo y todo lo que crea riqueza.

Por lo conocido en sus encuentros con los líderes empresariales y sindicales, Rajoy parace llegar con los papeles que le fueron rechazados durante el último año en el Congreso. En sus propuestas se descarta un contrato único, como piden los empresarios y los economistas más liberales del país, a fin de evitar que el diálogo se encone a la primera de cambio con el rechazo frontal de los sindicatos. Además, el presidente electo juega con la ventaja de conocer lo que piensan empresarios y sindicatos sobre todas las cuestiones que quiere cambiar cuanto antes, como la negociación colectiva -cuya reforma se interrumpió por el adelanto de las elecciones-, la contratación, el absentismo, la solución extrajudicial de conflictos, las empresas de trabajo temporal o la reforma de la formación. Temas todos ellos que ya “suenan” y que por quince minutos no salieron por consenso, tras la marcha atrás de la CEOE, coincidiendo con las elecciones autonómicas del 22-M.

De esta forma, Rajoy podría contar para poco después de Reyes con su “reforma laboral”, en paz social y dando la imagen al exterior de que ha cogido el “toro por los cuernos” y que está decidido a hacer reformas, las que le pidan en Europa, y las que además necesite España. Y si no logra el consenso, dará la imagen de firmeza y convicción de que tiene muy claro lo que quiere hacer. La mayoría absoluta de la que gozará en el Parlamento es su principal aval para reformar todo cuanto quiera y como quiera. De momento, ya está gobernando en la trastienda en la sede del PP.

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