Les dije que no me gustó lo que vi en Wall Street el pasado viernes y ya ven lo que ha ocurrido. Muchas veces el perfil de una sesión dice más de lo que parece y, sobre todo, anuncia cuando faltan las fuerzas. Y el viernes faltaban, anunciando el mal fario que podría traer el inicio de semana . Dicho y hecho. Wall Street se ha orientado rumbo al Sur y todo indica que no va a cambiar de orientación en los días venideros a no ser que las claves que están propiciando las caídas cambien de forma dramática, lo que no es esperable.
Le echan la culpa a Grecia. Es el país heleno el que acapara titulares, pero ya saben que mi impresión es algo distinta. A los mercados, Grecia les trae al pairo y los que les preocupa es la falta de respuestas de la UE durante toda la crisis de deuda. Primero fue con Grecia, cuyo rescate llegó mal y tarde y ahora se está gestionando mal todo lo demás. Imaginen cómo alucinan al otro lado del charco cuando gente acostumbrada a que las cosas se resuelvan con cierta celeridad ven que el Ecofin de ayer ni siquiera trató sobre Grecia. Vale que no estaba en el orden de día, pero con la que está cayendo, no hubiera venido mal que el Ecofin dijera algo, ¿no?
Ni eso se puede esperar de nuestros europoliticastros. Ayer tocaba hablar de España y a España, lo que está muy bien, pero eso no es óbice para que el Ecofin hubiera lanzado, ya un guiño, ya una amenaza, a Grecia. Una palabra, una frase, algo. Pues no, nada. Desesperante.
Desde Wall Street no se entiende muy bien el asunto del euro y su crisis, pero lo cierto es que poco a poco van ocurriendo lo que los analistas americanos más agoreros anunciaron hace ya tiempo: que el euro antes o después terminaría por explotar. El problema es que el asunto de que Grecia salga o no del euro es realmente una idiotez. Lo que lo ha hecho grande es la contumacia en los errores, que ha terminado por convertir un asunto manejable en una crisis mundial.
Desde tiempos de Alejandro el Magno (y no era estrictamente un griego), el mundo no había temido tanto a Grecia y desde los tiempos del regreso del olimpismo, con el Barón de Coubertin allá por 1896, el mundo no había estado tan pendiente de Grecia. Tristemente, las noticias no son positivas y siguen sin ponerse de acuerdo para formar un Gobierno por lo que unas nuevas elecciones parecen cada vez más factibles, con la incertidumbre que eso añade.
Dije hace ya mucho tiempo que Europa debería haber expulsado a Grecia de la UE por falsificar las cuentas, aunque ningún tratado previera esta contingencia de la expulsión de un país. No se hizo. Ni eso, ni nada. Y ahora faltan un par de semanas o tres para que Grecia quiebre, porque en las actuales condiciones no recibirá el siguiente pago del plan de rescate del que, no nos olvidemos, depende absolutamente el pago de la deuda.
¿Cómo queremos que las Bolsas se encaminen hacia el norte cuando la mayor potencia mundial, que eso es la UE tomada en su conjunto, está al borde de una explosión de imprevisibles consecuencias, mal gestionada y peor resuelta? Evidentemente, vamos rumbo al Sur y no hay otra posibilidad salvo un imprevisto acuerdo para formar un Gobierno que sea capaz de seguir adelante con las reformas y que respete los acuerdos que posibilitaron el segundo rescate. E incluso en esta tesitura, ya casi nadie duda de que será necesario un tercer rescate.
Lamentable, señora Merkel. Su «extraordinaria visión de la jugada» y el miedo de los demás a plantar cara a la todopoderosa Alemania nos han conducido al peor de los escenarios posibles. Enhorabuena por todo, europoliticastros.
Prepárense porque vienen curvas de las fuertes si los acontecimientos sigue su curso normal. De entrada, la mano fuerte ha comenzado a huir despavorida, el volumen con el que se intentó plantar cara en jornadas anteriores sigue presente solo en el Dow Jones y la corrección amenaza con cosas más serias.
Al cierre, el Dow Jones se dejó un 0,98%, el S&P 500 un 1,11 % y el Nasdaq Composite un 1,06%. Sin fisuras en esta orientación hacia el Sur. Los tres índices están ya en mínimos de tres meses.