Definitivamente, dimito de pensar eso de que estamos en el primer mundo. Europa, la Unión Europea, apenas si puede competir con una república bananera donde el que manda hace su santa voluntad. Y con un problema añadido. En una república bananera manda uno y aquí mandan sopotocientos, lo que supone que no manda ninguno pero todos tocan las narices. En esta tesitura, convendremos que no hay quien pueda con tanto incapaz, ni aunque lo intenten hacer mal lo harían peor.
Viene esto a cuento de lo primero que ha hecho el nuevo incapaz que ha llegado al Elíseo. Mientras toda la UE está exigiendo a Grecia que cumpla los compromisos que ha firmado, el tal Hollande suelta, a través de un propio que ejerce de ministro de finanzas y responde al nombre de Pierre Moscovici, que Francia no suscribirá el pacto fiscal tal y como fue apoyado en su momento por el legítimo representante de Francia en la negociación. Total, que de un plumazo el papel en el que se sustenta la única posibilidad de futuro de la UE se ha convertido en papel mojado. Francia, como Grecia, amenaza con no cumplir sus compromisos y, por supuesto, el dinero sale por patas porque aquí no hay quien se fíe de nadie.
Señor Hollande, que sí, que es muy conveniente renegociar el pacto fiscal. Que sí, que ya nos hemos enterado (muchos por obra y gracia de un rayo) de que es usted el nuevo presidente de la Francia de los enfants de la patrie. Pero no, las cosas no se hacen así, ni porque quiera dar un puñetazo encima de la mesa y que se note que ha llegado, ni porque lleve razón. Fue usted a ver a la señora Merkel y supongo que ya le dijo eso, así que lo demás sobraba. Con haber usado la diplomacia, que en eso Francia siempre fue la más hábil de las naciones, hubiera sido suficiente, porque no le iban a faltar apoyos. En cambio, ahora muchos le negarán el saludo para no contrariar a doña Ángela. Con lo bonito que hubiera sido reconducir la situación sin estridencias y presentar finalmente un acuerdo «unánime», de esos tan al estilo de la UE en los que casi todos los firmantes echan las muelas, con el que introducir «crecimiento» en el pacto fiscal y así tratar de nivelar el inevitable recorte…
En fin, que incluso cuando el Tesoro logra sacar adelante una de las subastas más difíciles de la historia (eso sí subiendo los tipos a lo bestia), las cosas pintas bastos. Si la confianza en Europa estaba bajo mínimos, la metedura de pata de Hollande la deja al borde de la criogénesis. Los inversores han deshecho sus posiciones al grito de maricón el último y no volverán mientras no se aclare un poco el panorama, que lo único que faltaba era un pulso entre Alemania y Francia que añadir al tradicional entre Gran Bretaña y todos los demás.
¿Les extraña que baje la Bolsa? La verdad, a mí no. Lo más extraño es que haya subido antes, porque las cosas que pasan ahora no son nuevas. Llevan años pasando, solo que ahora parecen pesar más.
Al cierre, el Dax bajó un 1,18%, el FTSE un 1,24%, el CAC un 1,20% y el Ibex un 1,11%. Queda claro que no hay quien pueda con tanto incapaz. La mejor prueba es que el Ibex ha sido el «menos malo». Ya me dirán si no es para echar a correr.