Las elecciones del pasado 6 de mayo han vuelto a desatar los temores en el mercado sobre la posibilidad de que Grecia termine saliendo del euro. Después de varios días de negociaciones infructuosas entre los principales líderes políticos del país, éste se ha visto obligado a convocar nuevas elecciones para el 17 de junio. Las últimas encuestas realizadas apuntan a que Syriza (izquierda radical, contraria a las medidas de austeridad interpuestas por la UE) sigue siendo el grupo mayoritario (aunque ha perdido cuatro puntos desde el 24% hasta el 20%). Por todo ello, la probabilidad de que el país acabe saliendo de la zona euro se ha incrementado en las últimas semanas.
Sin embargo, éste no es nuestro escenario central puesto que perjudicaría a Grecia y también al resto de la UE. En el caso de que Grecia saliese del euro, se vería obligada a adoptar una divisa propia (llamémosle dragma) que se vería fuertemente depreciada (podría rondar el 50% si atendemos a la experiencia histórica de países como Argentina). De esta manera, Grecia seguiría manteniendo su deuda denominada en euros mientras que ahora el valor del PIB se contraería un 50% de forma que el ratio de deuda sobre PIB se duplicaría. Con lo cual, empeoraría la solvencia del país y para reducir el nivel de endeudamiento no quedaría más opción que los acreedores tuvieran que hacer frente a mayores pérdidas. A esto habría que añadir las pérdidas asociadas a la posición neta acreedora de Grecia a través del sistema de transferencias de la zona Euro (Target 2). Si Grecia saliese del euro, probablemente sería incapaz de hacer frente a esta deuda (alrededor de 104.000 Mn€). El BCE, fuertemente expuesto a la deuda griega y muchos bancos centrales nacionales también se verían forzados a asumir pérdidas, con lo que, muchos de ellos, necesitarían ser recapitalizados. Pero quizás serían los efectos indirectos los más importantes y los más difíciles de cuantificar. El pánico que la salida de Grecia del euro generaría entre los ciudadanos de países periféricos como Portugal, España o Irlanda probablemente les llevaría a retirar de forma masiva sus depósitos de los bancos, lo que intensificaría los problemas de estos países.
Nuestro escenario principal es que Grecia siga en el euro pero teniendo que hacer frente a una nueva de reestructuración de su deuda que no solo tendría que ser aceptada por el sector privado sino también por el público. Esto supondría también costes para la Eurozona, pero serían mucho menores que el escenario anterior.
Por lo tanto, creemos que la volatilidad y los elevados niveles de las primas de riesgo periféricas continuarán durante las próximas semanas. La intervención del BCE en el mercado nuevamente a través de la compra de deuda soberana es lo único que vemos que podría poner freno a la locura vivida en los últimos días. Mientras tanto, seguimos muy defensivos con nuestras carteras.







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