Está visto que el BCE no es autónomo ni independiente y que los dictados son de otros, sin ir más lejos, de doña Angela Merkel, que puso a su actual presidente, Mario Draghi, a dedo a cambio de que aceptara lo que a Alemania le interesara en todo momento. No se entiende la política monetaria desarrolada por el BCE ni que tras cinco años de crisis siga manteniendo un papel de simple comparsa. Parece mentira que Mario Draghi sea italiano y, sobre todo, como aseguraban un tecnócrata. Un simple guiño no era suficiente y después de recortar el famoso «cuartillo», descontado ya por los mercados, poco más ha hecho. Y pese a ello se arropa en el dato histórico que supone el mínimo tipo del 0,75%, jamás conocido en la corta existencia del euro.
Los países necesitan de más arrestos y cierta osadía. Por ejemplo bajar medio punto los tipos de interés. Qué menos, si los tipos de interés en Estados Unidos están entre el 0 y el 0,25% desde hace más de dos años y así se mantendrán hasta por lo menos 2014. La Reserva Federal apostó fuerte y sabe utilizar otras herramientas, la política monetaria puede colaborar a mejorar exportaciones, elevar el ahorro o la renta de los ciudadanos, pero de nada sirviría si además no hubiera tomado medidas arriesgadas como una inyección de liquidez sin precedentes y manifestarse dispuesta a todo si es necesario. En Europa, en cambio, el BCE mira para otro lado.
Los mercados esperában más, algo nuevo, algo más que necesario como un anuncio de que la institución monetaria europea iba a comprar deuda y realizar subastas a largo plazo. Dar liquidez para que todos empiecen a tener oxígeno. Pero no lo ha hecho, y las bolsas vuelven a bajar, las prima de riesgo vuelven a subir… y todo vuelve a estar como estaba, pese a que esta vez los jefes de Estado y de Gobierno habían aceptado hace una semana la integración fiscal y un avance significativo para que las instituciones europeas tengan el protagonismo y el poder de decisión que hace tiempo debían haber tenido.
Draghi y el BCE siguen sin entender, porque a Merkel no le interesa otra cosa que lo que se está haciendo. Lo peor, que la insitución monetaria del euro, navega contracorriente, perjudicando al euro, que sigue perdiendo peso frente al dólar.
Lo único positivo esos 788 euros de media anual que se ahorrarán las familias que estén pagando una hipoteca media y que así, desde luego, tampoco subirá la inflación. Claro que los precios no suben porque muchas economías están en recesión, no por la decepcionante política monetaria que practica Draghi.