Un turista de la belleza, como reza una de sus canciones, que empezó el concierto repasando temas de su último disco como ‘Las Consecuencias’, ‘Frente a Frente’ o ‘Ella dijo no’, ataviado con chaqueta azul y su inseparable sombrero.
«Es un gusto estar en Madrid», gritó el cantante, respaldado por un público que coreaba su nombre, indiferente a la crisis y ocupando unos asientos, cuyas primeras filas rodaban el precio de 60 euros.
Con el vuelo del sombrero del artista, empezaron a sonar los éxitos de una carrera que se inició hace más de veinte años con ‘Heroes del silencio’. Durante el concierto celebró la efemérides de ‘Senderos de traición’ y obsequió a sus seguidores con un tema de la banda, ‘La senda’, que levantó al público de sus asientos.
Le siguieron ‘El extranjero’, ‘Enganchado a tí’, ‘De todo el mundo’, ‘Infinito’ y letras coreadas por la mayor parte del público, que llenó el Palacio de Deportes y supo apreciar cada guiño de su líder, en los movimientos, los gestos y en los silencios en los que Bunbury cedía el turno al público para que completase las canciones.
Terminó el concierto con una versión electrizante de ‘Lady Blue’, que no dejó indiferente a nadie y empezó la carrera de los bises, de nuevo con un tema de su último álbum, titulado ‘El boxeador,’ una bonita metáfora de la vida y de los golpes recibidos.
Golpes que seguro ha compartido con su gran amigo Nacho Vegas con quien publicó ‘El tiempo de las cerezas’, y del que tocó ‘Puta desagradecida’, para terminar con ‘El viento a favor’, un tanto descafeinada, porque como dice Enrique Bunbury: ‘El gran teatro del mundo debe continuar’.
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