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	<title>diarioabierto &#187; Lecturas dispersas</title>
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	<description>Información Económica desde una perspectiva plural</description>
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		<title>Geografía del barrio</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 10:18:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas dispersas]]></category>

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		<description><![CDATA[  ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Paisaje de extrarradio y tarde de pipas sentados en un banco de madera con vistas al descampado, truena un silencio de moles de hormigón y flamean sábanas blancas en los balcones, pasa un coche de policía y miramos al suelo. Se juega al guá y las paredes conservan residuos arqueológicos en diferentes estratos, vociferando amnistías que ya fueron y vivas a la lucha de la clase obrera. Los albañiles salen a pasear los domingos con un orgulloso brillo de betún en los zapatos y cruza el cielo un hilo de cometas y los pandilleros beben cerveza en una esquina convenientemente meada. Cantan los canarios en sus jaulas y percute muy cerca el paso de un tren. Las vías conforman la frontera de una periferia honda en ferocidades, irreductible, diestra en toda pelea perdida.  Es el barrio de nuestra infancia, geografía de días lejanos que Javier Pérez Andújar recupera en este imprescindible manual para desmemoriados.</p>
<p><em>Paseos con mi madre </em>luce una deslumbrante prosa que se sustancia en hallazgos de extraordinaria belleza.</p>
<p>Por ejemplo:</p>
<p><em>“Nada existe más parecido al fracaso que un domingo por la tarde”</em>.</p>
<p>O bien:</p>
<p><em>“El rock and roll es una ciudad sin sueño”</em>.</p>
<p>He aquí, camaradas, un escritor de fuste.</p>
<p>Javier Pérez Andújar hace sociología literaturizada y descubre al observador no suficientemente atento conceptos como el del <em>trasbarrio</em>, esa sobra de cemento, farolas apagadas y perros con sarna que se esconde en la frontera de la periferia, esas últimas calles donde viven los más pobres, cruce de caminos entre el polígono, el humo de alguna fábrica y el erial donde inesperadamente la amapola refulge de rojo bajo pies que se arrastran.</p>
<p>Ah, qué libro tan fabuloso. Sucesión de miniaturas ejecutadas con emocionante precisión: <em>“Mientras los trenes arrastraban hacia la lejanía de Barcelona su luz y su ruido, esperaba yo con mi abuela, siempre callada como si se hubiera dejado las palabras en Granada, sentada siempre en la silla verde de anea. (…) La noche es esperar. El barrio era esperar”</em>.</p>
<p>Pérez Andújar no es el único. Están también Francisco Casavella, Kiko Amat, Vicenç Pagés Jordá. Todos ellos se ocupan de contar la historia de aquel proletariado que soñó alguna vez con acceder al paraíso y, al final, tuvo que conformarse con una hipoteca y unas vacaciones en Benidorm. Esta literatura con orgullo de clase se da en Cataluña y no se da, curiosamente, en Madrid. No hay en Madrid un solo escritor que haya construido el relato mítico de Entrevías, Palomeras, El Pozo, San Blas. Pérez Andújar regresa a su hogar de infancia y juventud, San Adrián del Besós, y levanta acta notarial del presente y el pasado y aquí y allá deja dictados de militancia resistente: <em>“Porque la democracia es eso, es llegar a los sitios andando. Ir a pie es la democracia directa. Es más democrático ir a pie al trabajo que ir al helicóptero al Parlamento”</em>. Y todavía más: <em>“La dignidad que exige el viejo burgués que no ha soportado aparecer esposado en las fotografías cuando le llevan a juicio por robar durante generaciones se sustenta sobre la falta de dignidad del adolescente que sale en la foto tirado sobre una acera de la Diagonal con la bota de un madero pisándole la cabeza. Es la dignidad de un Millet con las manos libres como las ha tenido siempre, o de un MaciáAlavedra cristianamente esposado, frente a la humillación del Vaquilla, un chaval de barrio detenido cerca de la plaza Macià (…) alcanzado por los zetas cuando se daba a la fuga en un Simca 1200”</em>.</p>
<p><em>Paseos con mi madre </em>traza con enorme belleza el mapa de una geografía que en cualquier ciudad se repite. Confiesa Pérez Andújar que, cuando era chaval, el Carabanchel de Leño le resultaba más cercano que la Barcelona  de las Ramblas donde los hippies de buena familia se atusaban las greñas tras las gafas de alambre muy redondas. Cuenta Pérez Andújar el desdén con forma de bostezo que le aquejaba al Pepe Ribas que dirigía Ajoblanco cuando el autor (entonces jovencísimo redactor de la revista) le relataba épicas batallas de huelguistas haciendo la ronda nocturna para asaltar los cielos siquiera por un rato. La Barcelona de la <em>gauchedivine</em>y la contracultura jamás se interesó demasiado por los charnegos del extrarradio y sólo La Banda Trapera del Río logró sintetizar el ruido y la mugre de aquellas latitudes a años luz de Bocaccio.</p>
<p>De todo eso y de ahora mismo nos habla Javier Pérez Andújar, recorriendo las avenidas de la Barcelona que mira de lejos a Barcelona, hoy habitada por chinos, pakistaníes o subsaharianos cuyos niños son los únicos que todavía juegan en la calle. Nosotros jugábamos a la pelota en la calle y la pelota rebotaba en los automóviles y las horas se dejaban ir hasta que las madres reclamaban a gritos desde las ventanas nuestra vuelta al hogar.</p>
<p>Javier Pérez Andújar (y disculpen lo tardío de este descubrimiento) ha escrito un magnífico libro y les aseguro que voy a seguir su pista y les aconsejo (cómo no) que hagan ustedes lo mismo. Aquí está otra Barcelona, <em>“la Barcelona de los perros callejeros con gorra de pana, de los gatos, de las ratas, de las torres eléctricas, de los charcos, del tirón a la vieja que espera el autobús, del trompo con el coche, del chico con la cazadora vaquera que espera el autobús”</em>. Pero no sólo. Es el barrio. El lugar donde quisimos quedarnos para siempre y de donde, inevitablemente, había que huir.</p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>¿A desglobalizar?</title>
		<link>http://www.diarioabierto.es/76935/%c2%bfa-desglobalizar</link>
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		<pubDate>Fri, 04 May 2012 12:05:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas dispersas]]></category>
		<category><![CDATA[desglobalización]]></category>
		<category><![CDATA[globalización]]></category>
		<category><![CDATA[lecturas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[  ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Libelos, panfletos, ensayos de urgencia y toda clase de literatura política se amontona en los estantes de novedades de las librerías. Abrió fuego el abuelito Hessel y a partir de ahí hasta yo escribí alguna cosa, o sea que se pueden imaginar. Pero la verdad es que, pese a tanta sospechosa profusión de títulos, el fenómeno merece interés. Véase este <em>¡Votad la desglobalización!</em>, vibrante ejercicio de heterodoxia que no viene nada mal cuando tantos y tantos tópicos gastados componen la insoportable cháchara de economistas y políticos domesticados a los que tenemos que escuchar a diario.</p>
<p>Arnaud Montebourg lidera una facción de izquierda en el Partido Socialista Francés y no tiene ningún reparo en colocarse al margen de lo políticamente correcto y proponer un brusco viraje ciudadano que reinvente de verdad el concepto de socialdemocracia.</p>
<p>Desglobalizar es la solución, clama Montebourg. ¿Discutible? Y mucho. Pero lo que resulta de enorme valor es que en el interior de un partido de gobierno como es el PSF haya quien abra un debate desde una perspectiva así de radical. Montebourg afirma: <em>“La austeridad es el remedio que mata al paciente”</em>. Y también: <em>“La globalización liberal que dirige el planeta erosiona la soberanía de los pueblos, ataca el trabajo y los recursos naturales y pone en situación de competencia desleal a millones de hombres y mujeres”</em>.</p>
<p>Montebourg, a contracorriente y a riesgo de escandalizar, reivindica las fronteras. Pero no (como pretende la ultraderecha) para detener a las legiones del hambre que acuden a Europa a ganarse el pan sino para limitar los excesos de un capitalismo ajeno a cualquier regla moral. Y para que esa mencionada soberanía de los pueblos vuelva a ser real porque, según sostieneMontebourg, ahora mismo existe una <em>“nueva nobleza francesa que, como los aristócratas de antes de la Revolución, no paga impuestos, cuando los demás (…) trabajan para pagar los suyos”</em>. Frase esta última que a algo nos sonará en un país donde se sube el IRPF y el IVA a las clases asalariadas y se decreta una suerte de amnistía fiscal para mendigar alguna migaja que el defraudador tenga a bien pagar.</p>
<p>Para Montebourg es suicida dar vía libre a países como China donde no se respetan los derechos laborales, no existen límites para la destrucción del medio ambiente y la democracia es una ficción lejanísima. Porque, al final, el único modo de competir es convertirnos nosotros mismos en chinos y renunciar al Estado del Bienestar edificado con el esfuerzo de varias generaciones.</p>
<p>Se trata, en el fondo, no sólo de un debate económico sino acerca de la mera supervivencia de un modelo de democracia. Cita Montebourg certeramente a Habermas: <em>“La globalización es el desplome del poder adquisitivo de los votos”</em>. En esas estamos.</p>
<p>Y tampoco sobra una cierta defensa del patriotismo bien entendido. Se habla en este <em>¡Votad la desglobalización! </em>de la<em>“nobleza antipatriótica” </em>que se alía <em>“con el extranjero contra Francia”</em>. En España, lástima, los patriotas lo son sólo para arremeter contra el Estado de las Autonomías y los presuntos privilegios de Cataluña y País Vasco. El que Alemania nos imponga su ley no mueve un músculo de la cara a estos patriotas tan raros. En fin.</p>
<p><em>“El libre comercio es la guerra de todos contra todos”</em> concluye Montebourg. Queda la duda de si ese libre comercio mundial no tiene (tal y como se sostiene en estas páginas) su lado bueno y si no resulta excesivo negar que el proceso globalizador no ha cambiado a mejor la vida de muchos habitantes del planeta (la emergente clase media china, la América Latina que despunta en el tablero de juego internacional, India y sus bolsas de desarrollo…). En cualquier caso, sí es verdad que en China, India o Sri Lanka siguen siendo muchos más los pobres que malviven en la miseria que las clases acomodadas. Pero.</p>
<p>¿Hay alternativa? ¿Desglobalizar es una opción? Como mínimo discutámoslo. Y desarrollemos ese debate dentro del sistema. Porque, en caso contrario, habrá quien, desde fuera, exigirá soluciones. Y tal vez se perderá la oportunidad de ofrecer una respuesta socialdemócrata a la crisis, dando alas a los Le Pen y demás promotores del Armagedón.</p>
<p><strong></strong></p>
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		<title>El mismo Vila-Matas de siempre</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Apr 2012 12:43:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas dispersas]]></category>

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		<description><![CDATA[  ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para bien y para mal. Es decir, para solaz de sus incondicionales e indigestión metaliteraria de quienes buscan a Tolstoi o María Dueñas. Lo digo por esa idiotez que se ha repetido en gran número de reseñas acerca de esta última novela de Vila-Matas y que a buen seguro iba en letras muy gordas en la hoja de promoción distribuida por la editorial. <em>“Este es un giro en la narrativa de Vila Matas</em>”, <em>“aquí hay relato, no solamente juego literario”</em>, <em>“la más argumental de sus obras, la más novelística de sus novelas”</em>. ¿Perdonen? <em>Aire de Dylan</em>es Vila Matas en estado puro. Como siempre. Y al que le guste bien y al que no, ahí tiene la puerta. La novela tiene argumento (como más o menos casi todas las obras de Vila Matas, obviamente) y la novela contiene todo tipo de juegos y digresiones con la literatura como centro y el cine, la música y la cultura pop danzando en torno. Vila-Matas, amigos.</p>
<p>Hay, por ejemplo, una bonita intriga detectivesca en la cual se embarca el personaje principal: la búsqueda de un autoría o¿quién escribió la frase: <em>“cuando oscurece siempre necesitamos a alguien”</em>? Pudo ser Scott Fitzgerald o cuaquiera de los otros ocho (o nueve) guionistas que tuvo la película <em>Tres camaradas</em> donde (presuntamente) se pronuncia tal sentencia.</p>
<p>Hay, por ejemplo, una bonita variación de esa frase ya de por sí bellísima (<em>“cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien”</em>): <em>“se está bien en la penumbra, siempre y cuando uno esté enamorado”</em>.</p>
<p>Hay, por ejemplo, una indagación puramente vilamatiana sobre ciertos seres entregados voluntariamente al fracaso, empeñados en fracasar y, a veces, incapaces de fracasar.</p>
<p>Hay, por ejemplo, citas impagables, préstamos del ingenio ajeno diseminados a lo largo y ancho del texto:</p>
<p><em>“He luchado toda mi vida para ser mejor que Shakespeare, y lo soy. ¿Y ahora?”</em>.</p>
<p><em>“No hago nada, pero soy indispensable”.</em></p>
<p><em> </em>Hay, por ejemplo, la pugna interminable entre padres e hijos, el amor y el odio entremezclados, esa manera de repudiar lo que fue el progenitor y concluir siendo él mismo.</p>
<p>Hay, por ejemplo, consejos dylanianos (o tal vez suena más a Cohen) sobre el eterno femenino: <em>“No hay como gustar a una mujer como para que haya otra a la que también le gustes; lo difícil es gustar a la primera”</em>.</p>
<p>Tanto Vila-Matas en este <em>Aire de Dylan</em>. No es mal texto paran aliviarnos de la hecatombe cotidiana que nos toca sufrir. En Vila-Matas el mundo es una interminable sucesión de librerías, congresos de escritores, habitaciones de hotel en Zurich, caudalosos ríos de Centroeuropa, paseos por Barcelona. Los personajes de Vila-Matas deambulan por un universo de ensueño donde la vida son los libros. Ese universo que a cualquier letraherido le gustaría habitar para olvidarse de la crudeza de este invierno que se extiende más allá de la primavera.</p>
<p>Vila-Matas, amigos, y no hay vuelta de hoja. El gran Vila-Matas que, además, con cada uno de sus libros nos descubre otros muchos. Yo estoy buscando ya una edición del <em>Oblómov</em> de Goncharov, vida y obra de un gandul pluscuamperfecto cuya máxima aspiración es no levantarse de la cama en todo el día. Uno de los muchos títulos que se citan en <em>Aire de Dylan</em>y que convierten esta novela en una perfecta incitación a la búsqueda de otros textos.</p>
<p>Queda dicho. Para la legión vilamatiana y los que quieran adscribirse a tal culto, <em>Aire de Dylan</em>.</p>
<p><strong></strong></p>
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		<title>Yo también hablaré de Mongolia</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Apr 2012 12:05:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas dispersas]]></category>

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		<description><![CDATA[  ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Promocionar tan soberbio libelo contra la imbecilidad imperante se convierte en una obligación en tiempos tan tragicómicos como los que vivimos. Escribo estas líneas en pleno temporal hispanoargentino y resulta que me entero de que TVE esta noche no emitirá el capítulo de Españoles por el mundo dedicado a la Patagonia en represalia por habernos quitado una empresa esos boludos. La frontera entre el chiste y la realidad cada vez es más difusa con lo que el humor se convierte en tarea ardua donde las haya. Ahí está Mongolia para hacernos reír sin cortapisa alguna, libérrimos ellos y entre sus urdidores, por cierto, más de un argentino, uhmmm, ¿no les parece sospechoso?</p>
<p>¿Y qué es Mongolia? A estas alturas tendrían que saberlo pero, por si acaso, les cuento: una revista sarcástica y de higiénica incorrección que podría definirse como un cruce entreLe Canard Echainé, la bonaerenseBarcelona y aquel Papusde nuestra infancia. Con decirles que hasta hay una fotonovela de risa.</p>
<p>Pero lo sustancial de este irreverente Mongolia está en que dice lo que nadie osa decir en un momento en el que el espacio para la discrepancia se ha jibarizado en los medios de masas y se ha desplazado hacia esa periferia de comentarios en redes sociales y blogs con un pie en la marginalidad. Y han llegado estos mongoles y han decidido editar en papel sus exabruptos geniales y la España más enterada y coolanda detrás de algún ejemplar de kiosco en kiosco. Tal vez Dios exista.</p>
<p>Se habrán dado cuenta de que me encanta Mongolia y me encanta, además, que, en medio de una apatía que algunos disfrazan hiperventilando en twitter, haya un puñado de gamberros que lance a una aventura tan demencial que sólo puede salir bien.</p>
<p>En la contraportada, un retrato de Francisco Camps para enmarcar; en primera, un llamamiento a los desempleados españoles para que contribuyan a solucionar la hecatombe nacional largándose cuanto antes (“Haga patria, deje este país”); en el interior, abundancia de humor corrosivo (“Bob Esponja despedido con 20 días de indemnización: Debido al cierre de Canal Clan; Sánchez Dragó manda fabricar un muñeco de sí mismo y se casa con él; Derriban viviendas para reactivar el mercado: media España volverá a ser un secarral sin urbanizar”…).</p>
<p>Y, además, viñetas e ilustraciones firmadas por Darío Adanti, Mauro Entrialgo, Langer. Y, además, en las últimas páginas, un espacio para la realidad (“a partir de aquí, si se ríe es cosa suya” advierten), con certeros informes en los que salen a la luz esas “cosillas” a las que la prensa convencional no suele prestar demasiada atención (los indultos de la democracia, whoiswhoen la defenestración del juez Garzón,…).</p>
<p>Mongolia devuelve el golpe. Mongolia es el antídoto contra la idiocia, el cinismo y la saña  de las TDT’s y los tabloides cañís al servicio del gobierno. Mongolia promueve la risa revolucionaria, sin Dios ni amo, como el Makinavaja que ideará el llorado Ivá. Mongolia es un instrumento para la supervivencia absolutamente imprescindible. ¿Qué más quieren que les diga? ¡Acudan a comprar Mongolia de inmediato!</p>
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		<title>El cura de Ars. El mensajero del perdón</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Apr 2012 10:48:21 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Lecturas dispersas]]></category>
		<category><![CDATA[el cura de ars]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Primera novela escrita por nuestro compañero Ángel García Moreno y dirigida a un público juvenil. Se trata de la biografía novelada de Juan Bautista María Vianney conocido como el Santo Cura de Ars.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Editada por Casals en su colección “Biografía Joven” la novela narra con un estilo sencillo, claro y directo, apropiado al público al que se dirige, la vida de este sacerdote que con su gran humanidad y caridad cambió la vida de muchas personas desde una aldea desconocida de Francia.</p>
<p>La novela relata, con muchos diálogos y pequeñas historias, una vida que no fue fácil. La infancia de <strong>Juan Bautista María Vianney</strong> se desarrolló en plena  persecución religiosa de la Revolución Francesa y no pudo ir a la escuela de pequeño.</p>
<p>Pastor primero, campesino después, cuando decidió ir al seminario esa rémora en su educación provocó que afrontara los estudios para ser sacerdote con muchas dificultades y humillaciones pero su afán de superación  y piedad le hizo seguir adelante.</p>
<p>Movilizado por el <strong>Ejército de Napoleón </strong>para  combatir en España fue declarado prófugo al no lograr incorporarse a su unidad y perseguido hasta que una amnistía le permitió regresar a su casa.</p>
<p>El estilo novelado describe su tesón, esfuerzo y piedad con los que consiguió que finalmente las autoridades religiosas permitieran su ordenación. Destinado a la ignorada <strong>aldea de Ars</strong>, se enfrentó a la calumnia y la incomprensión mientras desarrollaba un intenso trabajo pastoral con el que renovó la vida religiosa de sus habitantes.</p>
<p>A la vez ejerció una gran actividad caritativa con los más desfavorecidos en una Francia sumida en ese momento en grandes desigualdades sociales. Especial atención recibieron los niños, para los que promovió una escuela, y niñas, muchas de estas huérfanas o abandonadas a su suerte en medio de la miseria, para las que fundó la escuela-residencia “La Providencia” en la que eran acogidas para que tuvieran un hogar y recibieran formación e instrucción.</p>
<p>Su fama de hombre santo, su integridad y amor a los demás se extendió al resto del país y a su confesionario, -de donde no salía prácticamente en los últimos años de su vida y al que dedicó heroicamente su vida-  acudían anualmente miles de personas de toda Franca para recibir el sacramento de la penitencia y su consejo sacerdotal.</p>
<p>Consumido por la penitencia, el trabajo y el confesionario, falleció en 1859 en medio del cariño de sus vecinos y peregrinos.  En 1928 el Papa Pío XI le proclamó patrón de los curas párrocos.</p>
<p><em><strong>El cura de Ars. El mensajero del perdón.<br />
Editorial Casals. Colección Biografía joven.<br />
240 paginas. Abril de 2012</strong></em></p>
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		<title>Lo que cuentan las librerías de Buenos Aires</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Apr 2012 18:42:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Buenos Aires]]></category>
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		<category><![CDATA[Ocio]]></category>

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		<description><![CDATA[ ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recién alunizado en este raro satélite llamado España donde un obispo sale en la tele hablando de tenebrosos “clubes de hombres nocturnos” y hay niños que se disparan en el pie y el ministro del Interior quiere meter en la cárcel a los sediciosos infiltrados en twitter y en un pueblo de Almería proscriben el nombre de un poeta del 27 por comunista, la añoranza por un Buenos Aires de polucionado caos y tormentas huracanadas se agranda. Buenos Aires son sus fastuosas librerías: Clásica y Moderna, Ateneo, Eterna Cadencia. Y sus libros, signo de esa voracidad lectora que distingue a los porteños, exhibición bellísima de tanto papel impreso en cada esquina de la ciudad.</p>
<p>Por allá he descubierto a un excéntrico (ya fallecido) capaz de escribir locuras tan certeras como esta: “no leía jamás pero sus subrayados eran perfectos”. Poeta y prosista de alto voltaje, Osvaldo Lamborghini es autor a disfrutar, se lo aseguro. Novelas y cuentos editados por César Aira son dos volúmenes que ocupan espacio en esas librerías de Dios junto al Río de la Plata.</p>
<p>Por allá se habla de la inminente salida al mercado de la última obra del incombustible Eduardo Galeano, Los hijos de los días, nuevo capítulo de un discrepante perpetuo, conciencia lúcida de América Latina y del mundo entero. Lúcido y original como para acordarse de la única invasión sufrida por Estados Unidos: la de Pancho Villa en 1916, cuando incursionó en la población de Columbus para robar algunos caballos.</p>
<p>Por allá César Aira concita la adoración de los libreros y publica incesantemente. Lo último (o lo penúltimo), El mármol.</p>
<p>Por allá la política es un veneno que fascina y se amontonan novedades sobre esa fábula que no perece y que tiene diferentes formas y colores: el peronismo. La Cámpora de Laura Di Marco se coloca en el pedestal de los más vendidos tratando de descifrar qué es ese movimiento juvenil en el que se apoya Cristina Fernández de Kirchner y que a tantos ha atraído al activismo. Aunque si usted desconoce qué es y cómo se maneja el legado de Perón mejor acuda al fascinante fanzine Viernes peronistas, editado en España y toda una magistral revisión pop de una época que (así es) regresa siempre, como en un eterno retorno escrito en humo por Tomas Eloy Martínez.</p>
<p>Por allá brilla la primera e inquietante frase de un relato: “Me salió un diente de más”. La firma Julián Troksberg en su volumen de cuentos La ruta hacia acá.</p>
<p>Por allá abunda cierta literatura suburbial que retrata el paisaje de las villas, donde se baila la cumbia de la desesperanza y suenan las balas en un chachachá sin fin. La Virgen Cabeza de Gabriela Cabezón Cámara es buena muestra de ello: el amor entre un travesti y una cronista de sucesos, realismo sucio de nuevo cuño.</p>
<p>Por allá me he agenciado una colección de estampas bonaerenses: Buenos Aires. La ciudad como un plano. Callejero literario dibujado por Marcelo Cohen, Alan Pauls, Gabriela Speranza y otros autores de ahora mismo. Déjenme que les ceda otra iluminadora sentencia hallada en este libro: “Quien ha cometido el error de irse no puede cometer el error de volver”.</p>
<p>Pero yo he vuelto. Qué se le va a hacer. También regresaré a Buenos Aires. Y volveré a sus librerías, paisaje interior de una ciudad eléctrica que amo tanto (o casi) como Madrid.</p>
<p><strong>Novelas y cuentos. Osvaldo Lamborghini. Mondadori.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>El mármol. César Aira. La Bestia Equilátera.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>La cámpora. Laura Di Marco. Editorial Sudamericana.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>La Virgen Cabeza. Gabriela Cabezón Cámara. Eterna Cadencia.</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Buenos Aires. La ciudad como un plano. Varios autores. La Bestia Equilátera.</strong></p>
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		<title>Notas al pie de la vejez</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Mar 2012 18:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[critica literaria]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy ha muerto Tabucchi. Ha muerto en Lisboa como un París con aguacero, las calles del Chiado guardan un silencio de incendio. Vila Matas menciona una taberna donde los marinos esperan los cachalotes que nunca volvieron a las islas Azores. Ha muerto Tabucchi y en este Buenos Aires palermitano desde donde escribo sacude con violencia de huracán un vendaval que anticipa la tormenta de otoño que corresponde. Ha muerto Tabucchi y me dispongo a escribir sobre las notas al pie de la vejez que Paul Auster ha obsequiado a sus lectores pero he de hablar de Tabucchi, me pregunto si Auster tendría noticia de Tabucchi, de Pereira, su personaje inmortal.</p>
<p>Yo descubrí a Tabucchi en <em>Réquiem</em>, declaración de amor a la ciudad de Lisboa que utilicé como guía en un lejanísimo viaje. Pero resulta que en el Museu de Arte Antiga no pude probar los tragos que fabuló el italolisboeta, su barman jamás había agitado un solo cóctel, maldita literatura, tan llena de bellas mentiras.</p>
<p>Hoy ha muerto Tabucchi pero yo pretendía elaborar un comentario acerca de Auster y de su <em>Diario de invierno. </em>¿Y qué decir?, preguntará el retador que nunca falta. Sí, es cierto. Qué decir que no haya sido dicho y, además, con Auster no hay manera de ejercer el derecho al matiz, sus seguidores son <em>hooligans</em> que defienden los colores de su equipo contra viento y marea.</p>
<p>A mí jamás me cautivó en exceso el Paul Auster de la Trilogía de Nueva York. Sí me fascinó, y me apasionó, sin embargo, el Auster de <em>La música del azar </em>o <em>El cuaderno rojo</em> y de algunas otras obras supuestamente menores. Ciertos críticos han echado en cara a Auster su egolatría, su tendencia a creer que todo lo que escribe es sublime y, por tanto, susceptible de ser publicado. Publica mucho, sugieren. Bueno. Allá él. Sus lectores, que son legión, se lo agradecen. Y yo, que no soy fanático, que no me entrego sin reserva, sí agradezco estas notas sobre la vejez que están en  primera línea de las librerías ahora mismo.</p>
<p><em>“Se ha cerrado una puerta. Otra se ha abierto.</em></p>
<p><em> Has entrado en el invierno de tu vida”</em>.</p>
<p>Escribe estas líneas Paul Auster y así de fácil explica qué es este libro. Una reflexión en torno a la vejez y la muerte y a los recuerdos de toda una vida, los partidos de béisbol de la infancia, mamá, papá, aquellos que no están, el cuerpo gastado que habitamos.</p>
<p>Un diario disperso en el que, por ejemplo, se incluye una pormenorizada lista de las casas que Paul Auster ha sufrido o gozado. De New Jersey a Brooklyn, idas y vueltas, y también alguna buhardilla parisina, como corresponde a todo escritor estadounidense que se precie (a todo escritor de la generación de Auster, por supuesto).</p>
<p>Ameno, conmovedor, sincero, este diario nos acerca a nuestros propios miedos, aunque esa estación de la que nos habla Auster nos quede aún lejos (o no tanto).</p>
<p>Y qué decir. Tenía razón el retador que nunca falta. Auster es Auster y poco hay que añadir. Tal vez citar algún hallazgo especialmente certero de los que abundan en este diario. Una frase de amor:</p>
<p><em>“Algunos de los sitios más hermosos del mundo están en el cuerpo de tu mujer”.</em></p>
<p><em> </em>Una anécdota cercana a lo humorístico:</p>
<p><em>“Jamás olvidarás las palabras que le dirigió a un amigo tuyo su padre moribundo: ‘No lo olvides, Charlie’, le dijo, ‘nunca dejes pasar la oportunidad de mear’”.</em></p>
<p><em> </em>Una bella paradoja:</p>
<p><em>“Qué hombre tan maravilloso sería tu padre… con que sólo fuese de otra manera”</em>.</p>
<p>Hoy ha muerto Tabucchi y debería estar hablando de Paul Auster y su <em>Diario de invierno</em>, lectura que recomiendo vivamente, pero no puedo dejar de rendir homenaje al autor que tanto amé, al italolisboeta que inventó a uno de los héroes más entrañables de la literatura reciente: ese Pereira que tiene la cara de Marcelo Mastroianni y almuerza tortilla en los tabernones de la ciudad.</p>
<p>Hoy ha muerto Tabucchi. Se adivina el invierno en una Lisboa como París con aguacero, las calles del Chiado guardan un silencio de incendio.</p>
<p><strong><em>Diario de invierno. </em>Paul Auster. 243 páginas. Anagrama.</strong></p>
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		<title>Primer amor</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Mar 2012 17:32:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[critica]]></category>
		<category><![CDATA[Erri de Luca]]></category>
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		<category><![CDATA[Los peces no cierran los ojos]]></category>
		<category><![CDATA[reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[ ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A 12.000 metros sobre el océano, cruzando la oscuridad, hallo a Erri de Luca. La página es un fulgor de bombilla que rompe la penumbra de sueño que abatió al pasaje. En el libro que tengo en mis manos, se habla de un verano remoto en algún lugar del sur de Italia. Erri de Luca dibuja con trazo suave de lapicero su niñez, antes de que la edad adulta le condujese a la militancia armada de los años de plomo, al duro trabajo en fábricas y andamios, al activismo humanitario que le puso al volante de ambulancias durante la guerra de Yugoslavia.</p>
<p>Los grandes temas de la literatura siempre son iguales y siempre diferentes, siempre sencillos y complejos a un tiempo: la pérdida, el viaje, el reencuentro, la iniciación. El primer amor. De ese descubrimiento trata <em>Los peces no cierran los ojos</em>. De un verano frente al mar y de las propiedades curativas de la sal y los besos y de un niño a punto de dejar de serlo que aborda ese hallazgo que nos complica la vida y, a la vez, nos convierte en seres plenos. <em>El bello verano</em>. Como aquel de Pavese. Pero mucho antes de que perdiéramos la inocencia.</p>
<p>Erri de Luca posee la difícil virtud de la sencillez. Frases cortas, sin alambicamiento ni exceso de adjetivación alguno. Certeras. Elementos de precisión para una prosa evocadora de la que emerge, repentinamente, la poesía.<em></em></p>
<p><em>“Volvió a cogerme la mano, me vino de ahí, y de todo el cuerpo después, un impulso de júbilo, de caloría, de gracias. Se lo dije:</em></p>
<p><em>-Tus manos curan.</em></p>
<p><em>-Esta es tu segunda frase de amor”.</em></p>
<p>Erri de Luca coloca al niño que fue a punto de adentrarse en el camino de la edad adulta, y siempre nos hacemos adultos en una playa (siquiera imaginaria), al final del verano, septiembre es un buen mes para emprender nuevas rutas, todavía un viento cálido guarda el estío pero la luz anticipa los colores ocres del otoño.</p>
<p>A 12.000 metros sobre el océano, cruzando la oscuridad, leo a Erri de Luca. Escribe sobre el papel civilizador de la humilde cabra. El Mediterráneo, sostiene, se fundó sobre el rumiar tranquilo de una cabra.</p>
<p><em>“El </em>(herbívoro) <em>más perfecto es la cabra, que desnuda incluso los matorrales espinosos. La cabra, por sí sola, ha dado vida a los pueblos del Mediterráneo. Y pensar que hay ciudadanos que usan ‘cabra’ como insulto. La cabra ha hecho posible nuestra civilización”</em>.</p>
<p>Cuanta razón. Qué ciegos estamos, a veces, como para no reconocer los méritos de aquellas bestias hermanas que nos han hecho llegar hasta aquí. Erri de Luca hace justicia a las cabras o más bien es su enamorada de aquel verano quien lo hace, pues es ella la que edifica el alegato antes citado. Pero Erri de Luca no recuerda su nombre, el nombre de ella, aunque sí sus besos, sucede tantas veces.</p>
<p>Y ella pregunta:</p>
<p><em> “-¿Te gusta el amor?”</em></p>
<p><em> </em>Y responde él:</p>
<p><em>“-Es peligroso. Provoca heridas y después, a causa de la justicia, más heridas”.</em></p>
<p><em> </em>Ah, el primer apasionamiento, un trueno repentino.</p>
<p>A 12.000 metros sobre el océano, cruzando la oscuridad, leo a Erri de Luca y me reconforta su mirada limpia, esa completa falta de malicia. En un mundo de sentimientos viciados, a veces, resulta purificador encontrar a tipos como de Luca. En Italia le consideran todo un maestro. Un clásico contemporáneo. Me apunto a esa opinión.</p>
<p><em>Los peces no cierran los ojos </em>es un bellísimo relato. Una hermosa historia de amor que me ha llevado a 12.000 metros sobre el océano, cruzando la oscuridad, hasta las lluvias que clausuran el verano en Buenos Aires. De un verano a otro.</p>
<p>Leo a Erri de Luca en la quietud crispada de un avión que duerme, rumbo al sur. Cierro los ojos, al volver la última página, e imagino una playa en la noche y otro septiembre.</p>
<p><strong><em>Los peces no cierran los ojos. </em>Erri de Luca. 124 páginas. Seix Barral.</strong></p>
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		<title>De un libro viejo hallado a la salida del museo</title>
		<link>http://www.diarioabierto.es/73516/de-un-libro-viejo-hallado-a-la-salida-del-museo</link>
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		<pubDate>Tue, 13 Mar 2012 12:22:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas dispersas]]></category>

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		<description><![CDATA[  ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dejadme que descanse de las novedades editoriales, de los signos de humo, de la inanidad creciente, de los cenáculos clandestinos donde se diserta sobre el futuro improbable de la literatura. Dejadme, déjenme ustedes, abrir un paréntesis y recogerme en un pasado a redescubrir, la fotografía en sepia de quienes aún somos.</p>
<p>A la salida del Museo Reina Sofía de Madrid me recreo en los repletos estantes de la librería La Central, tras subir y bajar decenas de veces los caprichosos ascensores de un centro de arte contemporáneo cuya mejor obra son los muros de piedra que lo sostienen y ese claustro donde toman el sol los espectros de viejos inquilinos de este hospital transmutado, como una tos que se escucha al fondo de las galerías. Cruje en mis dedos el papel de los libros y hallo un viejo título reeditado por Alianza Editorial: <em>Paseos por Madrid</em>. El autor, Corpus Barga, uno de esos republicanos ilustrados a los que la barbarie lanzó al exilio.</p>
<p>Corpus Barga escribe sobre Madrid.</p>
<p>Madrid es una ciudad que no tiene conciencia de sí misma, que no se da importancia, que sobrevive a todas las catástrofes sin mayores aspavientos. Madrid es una ciudad a la que sus habitantes aman sin decirlo nunca. Más bien lo contrario. Es la única ciudad del mundo donde el forastero puede permitirse elaborar públicamente una diatriba contra la urbe que visita y hallarse con que el nativo se suma a su descalificación añadiendo agravios. El madrileño ama a su ciudad en secreto.</p>
<p>Madrid es un pueblo y nunca dejará de serlo, hay algo inmutable en su fisonomía que ningún cosmopolitismo variará. Madrid desde el cielo es una constelación de tejas manchegas.</p>
<p>Es todo eso hoy y lo fue ayer y así lo cuenta Corpus Barga. Lo más sorprendente de estos textos (o no tanto) es lo actuales que parecen habiendo sido escritos entre 1915 y 1930. Para bien y para mal. Escribe Corpus Barga que frente al Monte de Piedad <em>“los mendigos están tomando el sol, tumbados”</em>. Como hoy mismo. También: <em>“Cierta aridez soleada en el paisaje madrileño llega a darme la impresión de otro planeta muerto y radioso, como la cabeza de una cerilla encendida”.</em> La devastación de Madrid sacudido por el siroco de cualquier verano.</p>
<p>Explica, además, Corpus Barga lo peculiar de la capitalidad de Madrid: <em>“Madrid fue elegida capital lo mismo que suelen elegirse los presidentes de república y los papas, como término medio y conciliador entre personalidades adversas. Sevilla, Toledo, Valladolid, Barcelona, tenían demasiada personalidad para ser la capital de España, cualquiera de ella sin enojar a las otras”</em>.</p>
<p>Y no deja pasar la ocasión de ironizar sobre el raquítico río capitalino: <em>“Desde el naufragio de la monarquía lo más importante que ha sucedido en Madrid es que por primera vez en la Historia se ha ahogado una persona en el Manzanares”</em>.</p>
<p>Viejas estampas madrileñas tan contemporáneas, porque Madrid no se deja cambiar y resiste contra viento y marea, ciudad indisciplinada, caótica, absolutamente abierta a todo visitante porque todos somos visitantes en Madrid y no hay rastro de pureza de sangre en ningún habitante de esta urbe.</p>
<p>El placer de un viejo libro hallado a la salida del museo.</p>
<p>Igual que la derecha reivindica a Julio Camba (con razón) y a González Ruano (sin ella), la progresía de bien tendría que esforzarse en reivindicar a nuestro santoral literario republicano, por ejemplo Corpus Barga, que a su regreso (hacia 1963) encontró un Madrid idéntico pero no tanto porque la casa donde nació había sido derruida y así lo relata en la nota última que cierra el volumen.</p>
<p>Madrid es una ciudad terrible, hermosa, imposible de sustituir para quienes hemos sido seducido por su bella fealdad. Madrid nos salió bastante bien. Será por lo que afirma Corpus Barga: <em>“Los españoles han tenido históricamente gran capacidad para crear ciudades y poca para crear naciones”</em>.</p>
<p>Y el cielo de Madrid, tan característico, <em>“tan alto” </em>dice Corpus Barga, obligado a añorarlo durante tantos años, soñando con una vuelta al hogar que, en realidad, nunca fue.</p>
<p><strong></strong></p>
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		<title>Crónicas neoyorquinas y más</title>
		<link>http://www.diarioabierto.es/73016/cronicas-neoyorquinas-y-mas</link>
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		<pubDate>Tue, 06 Mar 2012 10:33:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lecturas dispersas]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Nueva York]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Dónde está el periodismo? Quedan periodistas pero su espacio va reduciéndose y tal vez, dentro de poco, no haya lugar más allá de los 140 caracteres para relatar el mundo en que vivimos. Queda Enric González, Miguel Mora, Diego A. Manrique, Manuel Hidalgo, Pablo Ordaz, José Yoldi, Jacinto Antón (y algún otro, y algún otro); quedan, en la periferia del sistema, francotiradores como Íñigo Sáenz de Ugarte (http://www.guerraeterna.com/); quedan los apuntes pop de Kiko Amat, que también son otra forma de reporterismo cultural; quedan algunos colegas tratando de no ensuciarse de mierda hasta las orejas y peleando con el día a día y contando historias de hace un minuto. Pero, repito, ¿dónde está el periodismo? ¿Dónde esas crónicas dignas de un New Yorker que se editase en esta piel de toro de nuestros padeceres? Pues no está. No está y se le espera. Cada vez hay menos espacio para los buenos reportajes en la prensa y cuando hay espacio no hay buenos reportajes, sniff, qué penita. Y mientras aguardamos a que alguien haga sitio a los nuevos narradores de la actualidad, degustemos el excelente <em>bourbon </em>reporteril que incluye el volumen <em>Mata a tus ídolos. </em></p>
<p>El autor es Luc Sante, neoyorquino desde hace 50 años y prosista de trazo eléctrico y erudición posmoderna. Escribe Luc Sante de la Nueva York apocalíptica de los 70, del origen jazzístico del término <em>funky</em>, de cigarrillos, de algaradas callejeras. De Allen Gingsberg: <em>“¿Fue </em>Aullido <em>el último poema en golpear al mundo con el impacto de una noticia y agarrarse a él con la tenacidad de una canción pop?”</em>. Alguien capaz de escribir una frase así merece toda nuestra atención.</p>
<p><em>Mata a tus ídolos. </em>Crónicas de una Nueva York pretérita, allá por los 70, cuando la ciudad se hallaba al borde del colapso, convertida en antiutopía inspiradora de serie B para disfrute de pilluelos de barrio, Carpenter y su <em>Asalto a la comisaría del distrito 13 </em>o el héroe tuerto que escapaba de 1999, aquella era nuestra Nueva York infantil, ultraviolento campo de batalla pero también vertedero donde crecía toda flor punk, del hotel Chelsea al CBGB, Hey Ho Let’s Go.</p>
<p>Atentos a esa pieza maestra que es <em>Las ruinas de Nueva York. Frescos de Francesco Clemente en el Palladium, 1995</em>, ensoñación de una Pompeya con discotecas objeto de estudiosos del futuro o la Gran Manzana bajo la lava.</p>
<p>Atentos a esa fotografía de Nueva Jersey como decorado para la clase media y modelo de toda urbe sin alma en la que, a lo largo y ancho del planeta, abundan las bicicletas, las barbacoas y los matrimonios en chándal.</p>
<p>Qué bueno, amigos. <em>¡Mata a tus ídolos! </em>es periodismo del que vale la pena. Ese periodismo que tanto echamos de menos. Repleto de talento literario y certero en el análisis.</p>
<p>El periodismo, queridos lectores, está en los libros. Así que toca rastrear en su busca. Y Libros del KO es un buen lugar para hallarlo.</p>
<p><strong> </strong></p>
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