Opinión
Última actualización 11/11/2009@12:28:24 GMT+1
Germán Temprano
Sólo el barniz del tiempo será capaz de lustrar como se debe la capacidad de sacrificio de algunos que fueron gestores de lo público y hoy son verdaderos mitos vivientes. Únicamente desde esa altura de miras, ahora que están de moda los tacones de Esperanza, se puede entender la decisión de Aznar, Zaplana y Mayor Oreja, entre otros, de aceptar, sin que les entre la risa, ser ponentes de una cátedra de Ética en una universidad murciana. En vez de formar un trío al estilo de Los Panchos, pasar la gorra en las bodas, a ser posible la de don Jaime por aquello del perímetro craneal, y ganarse de este modo la fama y la vida con holgura, su abnegación les ha llevado hasta ese púlpito en el que clamar contra vividores y trincones de todo pelaje.
Más mérito atesora aún el ex presidente del Gobierno ya que, con lo fácil que lo tuvo en el banquete de su hija para reprender a muchos de estos caraduras mientras le cortaban la corbata a Agag, ha esperado hasta ahora para dar lecciones. Acaso, digo yo, en estos tiempos de manifiesta hostilidad económica más le valdría enseñarnos cómo es posible ganar miles de dólares por conferencia con un currículo diplomático en el que figura como mayor contribución a las relaciones internacionales aquel ‘estamos trabajando en ello’ expuesto, eso sí, con un graciosísimo acento ‘cantinflero’.
O bien podría don Eduardo Zaplana, para ayudarnos a pagar la hipoteca aunque nos quedemos sin conocer qué opinaría Platón de las comisiones del Bigotes, explicarnos cómo se gana un pastizal en Telefónica con el único bagaje conocido en la materia de saber cambiar el politono del móvil mientras se toman unos rayos UVA. Por no hablar del magisterio de don Manuel Pizarro, que también anda en el ajo, sobre lo ético que resulta llevarse una pensión multimillonaria de una compañía eléctrica mientras luego se quiere recortar la de mi señora madre que no llega ni para cambiar los fluorescentes.
Para no privarse de ningún galáctico también estará Acebes que, al parecer, disertará sobre la verdad de los gobiernos como eje fundamental de la ética política. Si no puede hablar por experiencia propia alguien le pasará los apuntes. Qué menos. Sin duda, desde la siembra del primer pimiento en la huerta no creo que en Murcia se haya concebido una idea mejor que esta. Nunca una cátedra pudo estar en mejores manos. Claro que en este caso, entre la Ética y la Religión, por una vez, y sin que sirva de precedente, me voy a quedar con la segunda asignatura. Más que nada porque esto no hay Dios que lo entienda.