Luis Cañas
A contrapié
Última actualización 09/02/2010@17:43:59 GMT+1
Luis Cañas
Los controladores aéreos parecen derrotados tras los tres meses de conflicto que llevan y la decisión del Consejo de Ministros del pasado viernes de aprobar un decreto ley por el que el ente de navegación aérea asume en la práctica todo el poder de organización de los aeropuertos y establece una serie de posibles aperturas de expedientes disciplinarios si no se trabaja en las condiciones decididas por él.
La campaña previa llevada a cabo por el ministerio de Fomento para desacreditar al colectivo de controladores, mediante la difusión generalizada de los elevados sueldos que perciben todos ellos y la acusación de que no quieren que se amplíe el número de controladores porque eso significaría la pérdida de poder, ha ayudado bastante a esta situación de derrota que viven quienes, hasta ahora, eran poco menos que intocables.
El portavoz de los controladores ha tenido una comparecencia ante la prensa y la realidad es que no ha aclarado apenas ninguna de las dudas suscitadas sobre su capacidad de respuesta ante el decreto ley y sobre su posición ante la nueva etapa negociadora del convenio que se abre ahora.
Parecería que no la tienen. Lo que ha dejado claro, y en esta ocasión es más creíble que en otras, es que el colectivo va a cumplir lo estipulado en el decreto ley, aunque no esté de acuerdo con el mismo, y que queda desechada cualquier posibilidad de que se lleve a cabo una huelga de celo en las próximas semanas coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa.
Se ha tratado de cubrir, afirmando que nunca se hace este tipo de acción (aunque no ha hablado de cómo se trabajaba en el pasado mes de diciembre), pero al mismo tiempo negando que pueda hacerse en el futuro. No parecen tener las fuerzas suficientes como para ponerse en marcha. Reconoce que existe un cierto temor entre los controladores a las posibles represalias o iniciación de expedientes si no se trabaja al cien por cien en el futuro próximo.
Esta puede ser la única victoria del gobierno socialista en las últimas semanas. Después del tremendo desgaste sufrido por los ataques sobre la viabilidad de la economía española para salir de la crisis, al ejecutivo de Rodríguez Zapatero le vendría bien que ganara alguna batalla, aunque sea pequeña. Quizás por eso se ha puesto tanto empeño en que se note que es una derrota en toda línea.