Opinión
Última actualización 17/02/2010@21:28:31 GMT+1
Germán Temprano
Esto es como lo del chiste. Señor Zapatero. Tengo dos noticias. Una mala y otra peor. Empezaré por la primera. Convoque elecciones. Y ahora la segunda. El candidato seré yo. No fue tal cual, pero casi. Las recetas de Rajoy para salir de la crisis nada tienen que ver con los impuestos ni con la productividad ni con el mercado de trabajo ni con la competitividad ni con ninguna maniobra de despiste de ese tipo. Sólo pasan porque él sea presidente del Gobierno a ser posible antes de ya. Una teoría científica que, al parecer, se gestó en la sala de máquinas de la FAES y respaldan varios premios Nobel de Economía además de Soraya y el primo que le asesoraba sobre el cambio climático.
Como en lo único que hasta ahora ha habido consenso es en que España no es Grecia, algo que, no por desmerecer, cualquier jugador de Trivial ya sabía, el aspirante a La Moncloa lo ha leído con énfasis en el Congreso a través de sus propias gafas y no con las de Nana Mouskouri. Por lo demás todo han sido rencillas. Que si le ofrecí un pacto y no quiso, que si estaba viendo el Tour y no pude, que si usted no tiene coraje para presentar una moción, que lo que no tengo son votos, que si lo que tienen que hacer sus compañeros socialistas es rebelarse, que si a ver si se cree que los míos son como Gallardón y Esperanza, que si Rosa Díez también quiere elecciones anticipadas, que no me diga usted que cosa más rara y así hasta que Bono se ha despertado.
Quizás por la enjundia del debate hay cosas que caen en el saco de la letra pequeña y que, por su importancia, requieren mayor atención. Es el caso, o así lo entiendo, de ese momento histórico en el que el líder de la oposición le ha espetado al jefe del Ejecutivo eso de “si yo tuviera los votos y de mi dependiera tenga la certeza de que usted no estaría sentado ahí”. Algo que viene a ser la versión institucional del ‘si yo en vez de brazos tuviera un manillar y en vez de piernas unas ruedas sería una bicicleta’. Yo me atrevería incluso a más al asegurar que si el PP tuviera mayoría absoluta igual hasta gobernaba.
En estos momentos de tensión es, sin duda, cuando más se agradece la sorda labor de los científicos. Puede que no tenga mucho que ver, pero ante esta crispación reconforta saber que, tal y como se ha publicado a toda página como merece, Tutankamón murió de paludismo; algo que, a quien más quien menos, alguna hora de sueño le quitó por no saberlo a ciencia cierta. La autopsia muy rápida no ha sido, para qué engañarnos, pero sólo por la tranquilidad que da haber desvelado ese misterio la espera se da por buena. Ahora sólo falta que Mariano desvele cómo va a arreglar la economía. Igual tarda algún año menos.