Aun a riesgo de restar magia hay que desvelar el truco. Que Rita Barberá tenga un coche particular de veintiún años no debería extrañar. Es más, si lleva más de dieciocho a lomos del oficial lo tendrá impoluto. Casi un kilómetro cero. Diría más. De seguir en el poder podría, al fin de su mandato, venderlo como carruaje histórico y ver incrementado de manera notable su patrimonio. Lo del señor Camps tiene más complicada explicación. Que tenga unos ahorrillos de fuste menor con lo que ha escatimado en ternos tiene más delito. Un manirroto total. Con todo no me ha dejado de sorprender esas libretas tan exangües.
Todo será que ahora con la congelación salarial tenga que complementar el sueldo con la venta de kleenex en la playa de la Malvarrosa. Y eso debe ser duro para alguien que, junto a la propia Rita, cual Thelma y Louise, se paseaba no hace mucho sonriente en un flamante Ferrari. Sobrios, eso sí. No como otros que yo me sé. Ahora que se ha puesto de moda el alcoholímetro debería inventarse un medidor de hipocresías. Que un joven beba y conduzca es tan peligroso como habitual aunque no nos guste. Que sea político no obliga a que sea abstemio. Por fortuna tampoco si eres periodista.
Que el infractor en cuestión fuese vocal de un comité de seguridad vial ya invade el terreno de la irresponsabilidad manifiesta que don Ignacio Uriarte ya ha pagado con su dimisión. Lo peor no es que se agarre una cogorza, lo es más que maneje un volante en ese estado, pero también que, con esos comportamientos, se permitan aconsejar luego a los ciudadanos hacer con sus vidas lo que ellos no hacen con las suyas.
Hace ya años en los servicios del Parlamento alemán se hallaron restos abundantes de cocaína. No es descabellado que en esa misma institución de redactaran leyes y leyes contra su consumo. Como se hizo muchos años atrás en España con una Ley de Divorcio denostada por aquellos que luego la estrujaron como pocos. Que le pregunten a Cascos. O una Ley del Aborto, ya aprobada, que no cambiará la derecha por pragmatismo como no laminará de la legislación el matrimonio entre homosexuales porque, como todo el mundo sabe incluido el PP, una cosa es predicar y otra bien distinta dar trigo.