Fantasía contra la crisis

14/07/2013

María Martín. A estas alturas nadie duda del valor de la literatura negra como forma de denuncia social, pero ¿qué ocurre con el resto de géneros? ¿Es la fantasía capaz de hablarnos no sólo de mundos imaginarios, sino de diseccionar el nuestro con precisión? ¿Ayudan los cómics a formar una conciencia social?

portada2La última edición de la Semana Negra, que acaba de terminar, ha sido el lugar ideal para hacerse estas preguntas. Y, sobre todo, para obtener respuestas de algunos de los autores con más talento de cada género.

Petros Márkaris (escritor griego autor de La trilogía de la crisis, que protagoniza su ya famoso inspector Kostas Jaritos) lo tiene claro. A la hora de enfrentarse a los problemas de la sociedad, y a esta crisis que asola Europa, el problema no son los géneros: “Es necesaria la colaboración entre artistas. Los géneros no son tan importantes como el mensaje que quieren transmitir los autores. Ellos son los que tienen que dar las soluciones para abrir el camino”.

elia-barcelo-by-graul-2009Elia Barceló es una de las “Damas” de la ciencia ficción en castellano, pero no es el único género al que se ha dedicado. Acaba de publicar Hijos del Clan Rojo, primera parte de una trilogía fantástica para jóvenes adultos, y es una de las grandes defensoras del valor de este tipo de literatura a la hora de enfrentarse a problemas como la crisis económica actual. “Yo estoy convencida de que la literatura fantástica es la que más ayuda a los seres humanos, porque es la que toca la dimensión creativa y es ésta la que nos ayuda a superar los problemas. Cuando alguien vive una crisis tiene que inventarse una solución”.

Sin embargo, Howard Chaykin, uno de los “niños rebeldes” del cómic, no es tan optimista. La prominencia de las historias de superhéroes americanos en las editoriales especializadas impide tratar realmente temas sociales, enfrentarse a ellos de forma honesta: “Para mí siempre ha sido importante dar un punto de vista, que fuera personal y real, en oposición a esas máscaras de fantasía romántica que Batman crea. No hay nada adulto en esta temática, pero hay que tratar temas adultos. No se puede pedir a Batman que lo haga”. Franck Thilliez es uno de los superventas de novela negra en Francia. Y eso se debe, en gran medida, a eso que las hace especiales, el peso específico que tiene la ciencia en ellas. Para él este tipo de literatura ha tratado desde siempre problemas sociales, y lo hace desde muchos puntos de vista: “La novela negra trata muchos tipos de problemas. Es, en definitiva, un género que habla de problemas, sean de un tipo o de otro, aunque, lógicamente, siempre hay un problema social en ellas. Y aunque se acabe la crisis actual no se acabará la novela negra”.

51gmtRjxgSL._SY346_Pero no es la novela negra la única que ha tratado estos temas, la que ha intentado dar un punto de vista único sobre las crisis a las que nos enfrentamos. La ciencia ficción se ha caracterizado siempre por presentar distopías, o mundos fantásticos en un futuro más o menos lejano, acorralados por los mismos problemas a los que nos enfrentamos en la realidad. Uno de los grandes nombres del género, también presente durante esta última edición de la Semana Negra, es Joe Haldeman, cuya serie La guerra interminable, es un alegato antimilitarista que bucea en sus vivencias en la guerra de Vietnam para ofrecer al los lectores una reflexión sobre la carrera armamentística y sobre los cambios ocurridos en una sociedad a través de la visión única que puede ofrecer un soldado que lucha por ella. Ray Bradbury es otro de esos reconocidos autores cuyas obras pueden leerse en clave social. Farenheit 451 habla de los peligros de la desaparición de la cultura, de gobiernos que quieren controlar los pensamientos de sus ciudadanos. Crónicas marcianas, una colección de relatos de distinta temática, pero ambientados todos en una misma época y lugar, habla del racismo, de las guerras y el impulso autodestructivo del hombre, de la soledad, la religión, de lo efímero de las civilizaciones y sus creencias.

“El boom de la fantasía no es sólo por evadirnos, es también por la necesidad muy humana de encontrar coherencia. Y como en el mundo en el que vivimos tenemos la sensación de que nada es coherente, de que todo es una locura, de que no hay justicia, de que el ser humano no cuenta, nos gusta leer una novela en la que las cosas se pueden arreglar, en que puede haber justicia”, afirma Elia Barceló. Y algo de eso hay en las sagas épicas de la literatura fantástica. El viaje de Frodo Bolsón en El señor de los anillos no es sino la eterna lucha entre el bien y el mal, de la historia donde el primero puede triunfar sobre la avaricia, el deseo de poder. En un mundo donde cientos de delincuentes de cuello blanco pasean impunes por las calles, no es de extrañar que muchos encuentren solaz en este tipo de literatura: “Tiene un punto de evasión, pero de evasión justa. Cuando estás en un campo de concentración lo correcto es que te quieras ir de allí. Y que lo intentes de todas las formas posibles. La evasión no es mala, es buena cuando estás viviendo en una cárcel. Y creo que este es el momento adecuado para intentar evadirse”, concluye Barceló.

Maus viñetaV de Vendetta (cuya máscara han adoptado los miembros de Anonymous como signo de rebeldía), The Unwritten, incluso la violencia desatada de The Boys, nos hablan de las pulsiones humanas, del enfrentamiento al poder establecido, de los riesgos que supone una raza de superhombres. Junto a ellos, Maus, una obra de arte sobre el dominio nazi en Europa; El paraíso de Zahra, una crítica despiadada a la corrupción en el Irán de Ahmanideyad; las obras completas de Joe Sacco; Pyongyang, de Guy Deslise; Paracuellos, de Carlos Giménez; el Carpanta de Escóbar; o, más recientemente, el dolor y la exclusión social de los enfermos de alzheimer en el emotivo Arrugas de Paco Roca. Para Howard Chaykin, que lleva cerca de 40 años en el negocio, cultivando todos los géneros, la aparición de estas preocupaciones en el mundo de la novela gráfica no tiene por qué ser necesariamente una buena noticia. “Tengo la terrible sensación de que la preocupación por los temas sociales en el cómic puede ser solo un asunto de fachada. Después de los ataques del 11-S hubo un cambio en las temáticas de los cómics en el mercado estadounidense, pero Frank Miller acuñó una frase, que me pareció fabulosa, que era que los cómics habían pasado a ser sobre bomberos llorando. Y lo cierto es que ese movimiento me pareció periodismo amarillo en todo su esplendor. Creo que la gente que se preocupa de temas sociales en los cómics están ahí para hacer que estos se comporten de forma altruista, mientras ellos no lo hacen. La preocupación social son hechos, no palabras. Es cómo uno vive, no como uno escribe”, reflexiona el autor de American Flag y Black Kiss (una revolución cuando se publicó, entre 1988 y 1989).

Y es posible que sea así. No hay que descartar que todos estos géneros sólo sirvan de fachada, de evasión que oculta la inactividad. Pero, sin duda, es mucho mejor aferrarse al análisis de Elia Barceló: “Me encantaría pensar que la literatura de verdad sirviera para la revolución en el buen sentido. Me gustaría que la gente pensara que leyendo se te ocurren cosas, y que a lo mejor esa solución que has encontrado, si se comunica a todo el mundo, de verdad pueden ayudarnos a cambiar la sociedad”. Y actuar en consecuencia.

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