Los Manolos es nombre de bar de toreros retirados

10/02/2016

Carmen Duerto.

manolos2El zapatero canario Manolo Blahnik ha presentado su libro; “Fleeting Gestures and Obsessions” como broche final al 080 BCN Fashion, la semana de la moda de Barcelona. Con siete décadas a sus espaldas y un reconocimiento internacional se puede permitir decir lo que piensa y lo que quiere “las cosas de política no me interesan nada, sobre todo cuando veo gente sucia y que no está bien de aspecto, no me interesan” y ese otro gran momento de la conversación, cuando reconoce que tiene cerebro femenino “pero no me interesa nada cambiar de sexo por los hospitales” o cuando sale el tema de los inversores, crecimiento o ropa low cost “Yo quiero una compañía pequeña. A mí la prostitución de venta no me interesa y ya estoy cansado de comprar cosas que tengo que tirar, quiero una chaqueta que me dure 15 años”. Manolo Blahnik, vestido con un traje de chaqueta lila hecho a medida por su sastre de Saville Row y una pajarita escocesa, lleva 45 años viviendo fuera de su isla de La Palma, pero mantiene allí la plantación de plátanos de sus abuelos y la memoria de los primeros zapatos que hizo, concretamente a los lagartos “les hacía botitas y sandalias con el papel de las chocolatinas, porque eran el único ser vivo que tenía a mi alrededor y también a mi fox terrier. Haría zapatos para perros pero para niños nunca. Mis colecciones de 200 zapatos, son vomitos de ideas”. Unos zapatos artesanales con telas que compra en el Lago Como. Y cada vez que alguien le pregunta por “Sexo en Nueva York” suelta un “ah”,”uff” tipo “ya estamos con lo de siempre”. Agradece los cumplidos pero no se reconoce en los halagos “la fama es estúpida, además, los zapatos se tiran a la calle”. Sin embargo, que sus zapatos tengan nombre propio, le produce un gran honor aunque lo tome con ironía “me parece que es un nombre de bar de toreros retirados o de compañía de transportes”. Dice que aún le falta por crear el zapato perfecto y que las mujeres “nunca tenían que haberse subido a las plataformas, es algo antiguo y destrozan la proporción. Me recuerdan tiempos horribles. Las mujeres sufren porque llevan zapatos mal hechos, los míos tienen unas hormas perfectas. Llevo 45 años calzando extremidades y pueden perdurar en el tiempo”. Al hilo de las alzas en los zapatos, le preguntamos por los Manolos de la reina Letizia “Le hice los de su boda y es guapísima. Está aprendiendo una forma de vivir que no era la suya y lo hace muy bien, pero no sé qué zapatos lleva”. No le preocupa la moda porque no la sigue y los desfiles los encuentra “demodé y espectáculos monótonos, todos igual para entretener a la gente simple sin ilusión”. Como Blahnik, que es un gran irónico, dice que no sigue una línea recta sino tangencial es normal que volemos por temas diversos; desde su pasión por el cine mudo y por Lola Flores y la copla, a los dos sitios que actúan como musas; El Escorial y El Prado “voy a esos lugares a hurgar, son fuentes inagotables de inspiración”, también reconoce que Granada le vuelve loco y que España es una “sorpresa inacabable” y cuando dice que es antiguo se refiere a una época que conoció “Había formas, comportamiento y un cierto decoro. Creíamos en un Presidente fantástico y teníamos una Iglesia con fieles fervorosos, eso ha cambiado. El mundo ha cambiado totalmente y estamos viviendo un momento peligrosísimo para nuestro bienestar ”. Es un apasionado del cine mudo y siente “una curiosidad malsana por el cine español”. Adora a Maribel Verdú y Ángela Molina, su debilidad, pero “el amor de mi vida es el príncipe de Lampedusa. Mi madre me leía cuentitos escupidos porque yo tenía pesadillas, ella estaba poseída por Lorca y Machado y cuando descubrí el Gatopardo maduré, esas páginas hablan conmigo. He visto 50 veces la película”. Como epitafio al encuentro decir que, aunque Blahnik no haga balance de su vida, ni sea nostálgico porque vive el mañana y aunque se reconozca antiguo, no piensa retirarse aunque a mucha gente le aburran sus creaciones y que no le interesa ningún museo con sus zapatos, aunque tenga clasificados unos 30.000 pares de Manolos, eso sí, quiere que se le recuerde como la persona que hizo “lo que le daba la gana y estaba contento”.

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