Para Elio Berhanyer lo más cerca de la inmortalidad era estar en un museo

24/01/2019

Carmen Duerto .

Elio Berhanyer se ha muerto sin haber recibido el premio Princesa de Asturias, después de que toda su profesión lo pidiese insistentemente, posiblemente estaba por encima de esa distinción. Sin embargo se ha ido con el reconocimiento de haber sido uno de los grandes maestros de la Costura española, cuando había Costura y España tenía voz y voto en el mundo con modistos como Pertegaz, Balenciaga o el mismo Elio. El hombre que decía que no era nadie, sólo lo que los demás quisieran que fuera o que lo más cerca de la inmortalidad era estar en un museo y que se paseaba en su descapotable con un jaguar como copiloto. Ha muerto, a un mes de cumplir los 90 años, en su piso de Madrid con el sonido de las campanas de la iglesia de los Jerónimos y el murmuro de los turistas haciendo cola para entrar en el museo del Prado. Su capilla ardiente se abrirá al público, hoy jueves 24 de enero a las 17 horas, en el Museo del Traje de Madrid

Elio no tenía ni calle, ni plaza en su ciudad natal, Córdoba, pero sí la medalla de las Bellas Artes, el Premio Nacional de Diseño y la Medalla de oro de Andalucía. Sus compañeros de profesión pidieron para él el Princesa de Asturias porque después de haber premiado a 17 músicos, 4 escultores, 4 pintores, 6 directores de cine, 7 arquitectos, 2 actores, 1 bailarina y 1 fotógrafo, ya iba siendo hora de que honrasen a un modisto.  Ha muerto sin ese premio pero con todos los honores por su excelente trayectoria. Los casi 90 años que llevaba a sus espaldas, Elio Berenguer Úbeda, Berhanyer para la Humanidad, fue humilde hasta soñando “Uno es lo que la gente quiere que uno sea. Uno no es nada, a uno lo hacen los demás y las opiniones de los demás. Uno existe por boca de los demás. Yo no soy nadie.  Soy lo que los demás deciden que soy. Si me dieran ese premio, no sería por los reyes, ni por la infanta, sería porque el público lo ha pedido”. El público lo pidió pero no le fue concedido. De eso estuvimos hablando una tarde en su casa y aquí está una de las últimas entrevistas que me concedió a finales de 2017.

¿Le emociona que sean sus compañeros los que piden el Princesa de Asturias de las Artes para usted?

Me parece maravilloso que haya personas hermosas que quieren que se premie a alguien, pero más que emocionarme, me preocupa. Si me lo dieran seguro que habrá gente allí que hace un bien a la humanidad, como curar el cáncer, pero lo mío ha sido un bien relativo, he puesto hermosas a las mujeres. Es verdad que se ha premiado a un señor que maneja muy bien la raqueta y a otro de las carreras de coches que tampoco han hecho un bien a la humanidad. Hay una mezcla en esos premios.

¿Por qué se lo merecería?

Dios mío, pero eso no lo puedo decir yo. Igual me proponen porque he sido famoso en mi trabajo. Yo no puedo decir que me merezco un premio. Siempre que me los dan lo agradezco muchísimo pero eso lo deciden los demás, no yo. Uno no puede reconocer su valer, eso tienen que ser los demás. En definitiva lo que yo he hecho han sido cosas para los demás y me ha gustado que las mujeres se hayan sentido hermosas. No sé si me lo darán o no, pero lo que tiene mérito es ese movimiento de mis compañeros pidiendo ese premio para mí. Siempre digo que los premios hay que dárselos a la gente que empieza, pero no es así. Cuando los recibes lo agradeces mucho pero no cambian tu vida.

¿Hay mejor reconocimiento que un premio princesa de Asturias?

Lo más cerca de la inmortalidad es estar en un museo. El princesa de Asturias es como otro premio, que tiene un momento caliente, que es cuando te lo dan pero que luego pasa un poco a la historia, pero un museo permanece. Los premios se agradecen pero lo más importante de mi vida es estar en el Museo del Traje de Madrid, que es uno de los mejores del mundo. Estar allí sirve para que las generaciones futuras sepan lo que otros hicieron antes que ellos. Dentro de 100 años el museo seguirá abierto y se verá mi obra. Y el mejor premio es que la gente me quiera, prefiero que me quieran a que me admiren y no siento que nadie me haya odiado.

¿Quién le gustaría que le diese el premio?

La princesa de Asturias porque yo soy el pasado y me gustaría, que si me lo dan, lo hiciera el futuro. Además, estoy seguro que este año la niña estará allí, estará presente en sus premios.

¿Le asusta?

Nunca he trabajado para que me den un premio, siempre he dado mi trabajo a los demás. Nadie trabaja para sí mismo. Luego, tienes que cobrar para seguir avanzando, no hay más remedio.

¿Usted no ha dado ningún pelotazo?

Yo creo que los que se enriquecen son los que roban.

Por cierto, ¿era fácil vestir a la reina Sofía?

Ha sido una reina extraordinaria y muy sencilla. Lo único que le costaba más eran los sombreros, que no le gustan. Ella elegía cosas muy sencillas, siempre venía con su hijo, nunca con las infantas. El niño, que tendría unos cinco años cuando venía la reina a casa a probarse, era muy tranquilo, hablaba poco, se sentaba y ahí se quedaba quieto mientras su madre se probaba. Es el gran amor de su madre, yo creo que era su favorito. Ese ha sido uno de mis honores, haber vestido a la reina Sofía.

¿Usted es un diseñador emérito?

Yo no he abdicado. Elio Berhanyer volverá a abrir el próximo año pero con un diseñador nuevo y joven, bajo mi supervisión. Ahora hay un chico de un pueblo de Córdoba que ha desfilado en Nueva York que me gusta, se llama Palomo Spain, pero aún no he decidido quién diseñara mi marca pero me gustaría que fuera cordobés

¿Prepara ya una colección inspirada en princesas?

No para princesas, pero diseñar es un vicio que tengo al acostarme y me pongo a diseñar trajes mentalmente. Y desde luego, cuando vuelva a la moda con un diseñador joven introduciré el sombrero.

¿Qué le parece el estilo Podemos?

Pero si eso no tiene moda, si van a ver al rey en mangas de camisa y a los premios Goya con esmoquin, ya me contarás qué moda es esa. Se visten horribles, el de la coleta se viste fatal.

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